sábado, 26 de diciembre de 2015

Lectio: Sábado, 26 Diciembre, 2015


Tiempo de Navidad
1) Oración inicial
Dios nuestro, que concediste a san Esteban, protomártir, fortaleza para orar por sus verdugos, haz que, a imitación suya, sepamos perdonar de corazón a cuantos nos hayan ofendido o causado algún mal. Por nuestro Señor Jesucristo. Amen.
2) Lectura
Del santo Evangelio según Mateo 10,17-22
Guardaos de los hombres, porque os entregarán a los tribunales y os azotarán en sus sinagogas; y por mi causa seréis llevados ante gobernadores y reyes, para que deis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Mas cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué vais a hablar. Lo que tengáis que hablar se os comunicará en aquel momento. Porque no seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre el que hablará en vosotros.
«Entregará a la muerte hermano a hermano y padre a hijo; se levantarán hijos contra padres y los matarán. Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará.
3) Reflexión
• El contraste es grande. Ayer, día de Navidad, tuvimos el pesebre del recién nacido con el canto de los ángeles y la visita de los pastores. Hoy es la sangre derramada de Esteban, apedreado hasta la muerte, porque tuvo el valor de creer en la promesa expresada en la sencillez del pesebre. Esteban criticó la interpretación fundamentalista de la Ley de Dios y el monopolio del Templo. Por eso le mataron (Hechos 6,13-14).
• Hoy, en la fiesta de Esteban, primer mártir, la liturgia nos presenta un pasaje del evangelio de Mateo (Mt 10,17-22), sacado del así llamado Sermón de la Misión (Mt 10,5-42). En él Jesús advierte a sus discípulos diciendo que la fidelidad al evangelio conlleva dificultades y persecución: “a ustedes los arrastrarán ante las autoridades, y los azotarán en las sinagogas”. Más para Jesús lo que importa en la persecución no es el lado doloroso del sufrimiento, más bien el lado positivo del testimonio: “Por mi causa, ustedes serán llevados ante los gobernantes y los reyes, teniendo así la oportunidad de dar testimonio de mí ante ellos y los paganos”. La persecución es una oportunidad para dar testimonio de la Buena Nueva que Dios nos trae.
• Fue lo que aconteció con Esteban. El dio testimonio de su fe en Jesús hasta el último momento de su vida. En la hora de su muerte dijo: “Veo el cielo abierto; y al Hijo del Hombre de pie a la derecha de Dios” (Hechos 7,56). Y al caerse muerto bajo las piedras imitó a Jesús, gritando: “¡Señor, no les tengas en cuenta este pecado!” (Hechos 7,60; Lc 23,34).
• Jesús había dicho: “Cuando los juzguen, no se preocupen por lo que van a decir ni cómo tendrán que hacerlo; en esa misma hora se les dará lo que van a decir; Pues no van a ser ustedes los que hablarán, sino el Espíritu de su Padre, el que les hablará por ustedes”. Esta profecía se realizó también en Esteban. Sus adversarios “no podían resistir a la sabiduría y al Espíritu con que hablaba” (Hechos 6,10). “Los miembros del sanedrín tuvieron la impresión de ver en su rostro el rostro de un ángel” (Hechos 6,15). Esteban hablaba “repleto de Espíritu Santo” (Hechos 7,55). Por esto, la rabia de los demás era tan grande y lo lincharon.
• Hoy también sucede lo mismo. En muchos lugares mucha gente es arrastrada ante los tribunales y sabe dar respuestas que superan en sabiduría las de sabios y entendidos (Lc 10,21).
4) Para la reflexión personal
• Poniéndote en la posición de Esteban: ¿has sufrido alguna vez por causa de tu fidelidad al Evangelio?
• La sencillez del pesebre y la dureza del martirio van a la par en la vida de Santos y Santas y en la vida de tantas personas que hoy son perseguidas hasta la muerte por causa de su fidelidad al evangelio. ¿Tú conoces de cerca personas así?
5) Oración final
En ti, Yahvé, me cobijo,
¡nunca quede defraudado!
¡Líbrame conforme a tu justicia,
tiende a mí tu oído, date prisa! (Sal 31,2-3)

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (6,8-10;7,54-60):



En aquellos días, Esteban, lleno de gracia y poder, realizaba grandes prodigios y signos en medio del pueblo. Unos cuantos de la sinagoga llamada de los libertos, oriundos de Cirene, Alejandría, Cilicia y Asia, se pusieron a discutir con Esteban; pero no lograban hacer frente a la sabiduría y al espíritu con que hablaba. Oyendo estas palabras, se recomían por dentro y rechinaban los dientes de rabia. Esteban, lleno de Espíritu Santo, fijó la mirada en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la derecha de Dios, y dijo: «Veo el cielo abierto y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios.»
Dando un grito estentóreo, se taparon los oídos; y, como un solo hombre, se abalanzaron sobre él, lo empujaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los testigos, dejando sus capas a los pies de un joven llamado Saulo, se pusieron también a apedrear a Esteban, que repetía esta invocación: «Señor Jesús, recibe mi espíritu.»
Luego, cayendo de rodillas, lanzó un grito: «Señor, no les tengas en cuenta este pecado.»
Y, con estas palabras, expiró.

Palabra de Dios
 
 
 
Reflexionamos juntos
 
 Después de celebrar el nacimiento del Hijo de Dios como hermano nuestro, nos encontramos con el martirio del joven Esteban. Y es que ese Niño que ha nacido en Belén es el mismo que más tarde por fidelidad a su misión, entregará su vida en la Cruz para salvar a la humanidad. Jesús será el primer mártir, testigo del amor de Dios. Esteban será luego el primero entre sus seguidores que le imite en el martirio. Celebramos el martirio de Esteban. Pero para la Iglesia el día de la muerte de un santo es el «dies natalis», el día de su verdadero nacimiento. No andamos lejos de la fiesta de ayer. Ahora se trata del nacimiento de Esteban a su vida gloriosa, ya en comunión perfecta con Cristo Jesús. ¿Sabemos hacer nuestras sus últimas palabras de perdón? El ejemplo de Esteban que, a imitación del mismo Cristo, muere perdonando, es una lección para nosotros. A nosotros no nos están apedreando físicamente. Pero al cabo de la vida tenemos mil ocasiones para perdonar a nuestros hermanos.
 
 
P. Juan R. Celeiro 

Sal 30,3cd-4.6 y Sab 16bc-17


R/.
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu

Sé la roca de mi refugio,
un baluarte donde me salve,
tú que eres mi roca y mi baluarte;
por tu nombre dirigeme y guíame. R/.
 

A tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me librarás.
Tu misericordia sea mi gozo y mi alegría.
Te has fijado en mi aflicción. R/.
 

Líbrame de los enemigos que me persiguen;
haz brillar tu rostro sobre tu siervo,
sálvame por tu misericordia. R/.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 10, 17-22


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:
-«No os fiéis de la gente, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes, por mi causa; así daréis testimonio ante ellos y ante los gentiles.
Cuando os arresten, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis: en su momento se os sugerirá lo que tenéis que decir; no seréis vosotros los que habléis, el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros.
Los hermanos entregarán a sus hermanos para que los maten, los padres a los hijos; se rebelarán los hijos contra sus padres, y los matarán.
Todos os odiarán por mi nombre; el que persevere hasta el final se salvará.»




Palabra del Señor. 

¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida?

A. Cuando todavía estamos saboreando la ternura del niño Dios, celebramos la fiesta del primer mártir: San Esteban. Por eso, el evangelio nos habla de persecuciones, odios y sufrimientos. Parece que no tiene ninguna relación, pero, desgraciadamente, la ternura no sólo causa alegría, también provoca el odio de los violentos.
     "Gracias por las personas que manifiestan tu bondad hasta las últimas consecuencias"
     "Ayúdanos a manifestar ternura, cuando seamos perseguidos"

B. Nos duele ser incomprendidos por cualquier persona. Sin embargo, nos hiere de una forma especial el rechazo de los más cercanos: de los padres, de los hijos, de los amigos más cercanos, de los que tienen la misma fe o las mismas ideas...
     "Dame Señor fuerza para comprender y perdonar siempre"

C. El que persevere hasta el final se salvará. Es fácil amar cuando nos pagan con amor. Cuesta mucho más cuando recibimos indiferencia o críticas. Sólo con la ayuda de Dios podemos perseverar en la adversidad. ¿Qué te dice Dios?  ¿qué le dices?

Al leer hoy tu Palabra me pregunto:
¿Cómo doy testimonio de ti?
¿Qué hace de un creyente ser profeta?
¿Qué me pides como profeta de tu reino?
Y sé que quieres que más que profeta sea profecía,
anuncio comprometido, denuncia subversiva,
alegría desbordante, optimismo movilizador
y esperanza fundamentada.

Y sé que quieres que afronte con serenidad
el rechazo que vivo cuando te vivo,
el rechazo que experimento cuando te anuncio,
el rechazo que en mi propia “tierra” veo
que causa la radicalidad de tu mensaje y el escándalo de la cruz.

Al leer hoy tu Palabra me pregunto:
¿Qué tipo de profeta soy? ¿Qué genera en mí ser profeta?
¿Qué me exige ser profeta?

Y me doy cuenta que a veces me puede la cobardía
o la incoherencia o mi falta de autenticidad y valentía.

Y me doy cuenta de que confías siempre en mí.
¡Mucho más de lo que a veces creo!
¡Mucho más de lo que a veces aprovecho!
¡Mucho más de lo que a veces me merezco!

Señor, hazme profeta.
Hazme profecía.
Señor, que no tema tanto el rechazo
como la esterilidad que produce hacer lo de siempre,
lo que todos, lo que se lleva…
simplemente por evitar el conflicto
y la reacción que provoca escuchar tu Palabra
y ponerla en práctica,
ponerla en práctica y dar testimonio profético
de que lo de tu reino es verdad y vida verdaderas. Así sea



 

San Esteban Protomártir


Este santo se llama "protomártir", porque tuvo el honor de ser el primer mártir que derramó su sangre por proclamar su fe en Jesucristo.
Esteban era uno de los hombres de confianza de los apóstoles. La S. Biblia, en los Hechos de los Apóstoles narra que cuando en Jerusalén hubo una protesta de las viudas y pobres que no eran israelitas porque en la distribución de las ayudas se les daba más preferencia a los que eran de Israel que a los pobres que eran del extranjero, los 12 apóstoles dijeron: "A nosotros no nos queda bien dejar nuestra labor de predicar por dedicarnos a repartir ayudas materiales". Y pidieron a los creyentes que eligieran por voto popular a siete hombres de muy buena conducta y llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, para que se encargaran de la repartición de las ayudas a los pobres. Y entre los siete elegidos, resultó aclamado Esteban (junto con Nicanor, Felipe y otros). Fueron presentados a los apóstoles los cuales oraron por ellos y les impusieron las manos, quedando así ordenados de diáconos (palabra que significa "ayudante", "servidor". Diácono es el grado inmediatamente inferior al sacerdote).
Los judíos provenientes de otros países, al llegar a Jerusalén empezaron a discutir con Esteban que les hablaba muy bien de Jesucristo, y no podían resistir a su sabiduría y al Espíritu Santo que hablaba por medio de él. Siempre les ganaba las discusiones. Lo llevaron ante el Tribunal Supremo de la nación llamado Sanedrín, para acusarlo con falsos testigos, diciendo que él afirmaba que Jesús iba a destruir el templo y a acabar con las leyes de Moisés. Y los del tribunal al observarlo vieron que su rostro brillaba como el de un ángel.
San EstebanEsteban pronunció entre el Sanedrín un impresionante discurso en el cual fue recordando toda la historia del pueblo de Israel (Está en el Capítulo 7 de los Hechos de los Apóstoles) y les fue echando en cara a los judíos que ellos siempre se habían opuesto a los profetas y enviados de Dios, terminando por matar al más santo de todos, Jesucristo el Salvador. Al oír esto, ellos empezaron a rechinar de rabia. Pero Esteban lleno del Espíritu Santo miró fijamente al cielo y vio la gloria de Dios y a Jesús que estaba en pie a la derecha de Dios y exclamó: "Estoy viendo los cielos abiertos y al Hijo del hombre en pie a la derecha de Dios". Entonces ellos llenos de rabia se taparon los oídos y se lanzaron contra él.
Lo arrastraron fuera de la ciudad y lo apedrearon. Los que lo apedreaban dejaron sus vestidos junto a un joven llamado Saulo (el futuro San Pablo que se convertirá por las oraciones de este mártir) y que aprobaba aquel delito. Mientras lo apedreaban, Esteban decía: "Señor Jesús, recibe mi espíritu". Y de rodillas dijo con fuerte voz: "Señor, no les tengas en cuenta este pecado". Y diciendo esto, murió. Unos hombres piadosos sepultaron a Esteban y la comunidad hizo gran duelo por él.

viernes, 25 de diciembre de 2015

Has bajado, Señor



 
Has cumplido lo prometido desde antiguo.
Redoblan las campanas por tu nacimiento.
Se emocionan los creyentes ante tu pesebre.
Canta el músico lo mejor de sus villancicos.
Endulza la mesa la madre.
Se dan la mano los adversarios.
Cesan los cañones de guerra
y estalla un grito unánime:
 
¡Feliz  Navidad! ¡Has bajado, Señor!
Y, teniéndote tan cerca, sentimos que no llegamos
abrazarte lo suficientemente.
Que te escapas, porque eres Misterio.
Que te besamos, porque eres humano.
Que estás en el cielo, porque eres Dios
y que te vemos en la tierra, porque eres Hombre.
 
¡Has bajado, Señor!
Lo pregonan y lo celebran tus sacerdotes.
Lo agasajan todos aquellos que, como los pastores,
dejan los rebaños de sus obligaciones,
poniéndose en camino hacia Ti por diversos senderos.
Nos lo ilumina la estrella, fugaz y temblorosa,
indicando a un mundo, frío y apático,
el camino que conduce hacia la GLORIA celeste.
 
¡Has bajado, Señor!
Débilmente, cuando nosotros te esperábamos fuerte.
Llorando, ante un mundo que gime desconsolado.
Desnudo, frente a tanta riqueza.
En un rincón, acostumbrados a tanto rascacielos.
 
¡Has bajado, Señor!
Y lo haces por amor a tu pueblo,
por salvarnos y llevarnos a tu regazo.
Por abrirnos horizontes y no dejarnos perdidos.
Para poner tú tienda, en medio de nuestro desierto.
¡Has bajado, Señor! ¡Feliz Navidad, Señor!
 
P. Javier Leoz

Lectura del libro de Isaías 52, 7-10



¡Qué hermosos son sobre las montañas
los pasos del que trae la buena noticia,
del que proclama la paz,
del que anuncia la felicidad,
del que proclama la salvación
y dice a Sión: «¡Tu Dios reina!»
¡Escucha! Tus centinelas levantan la voz,
gritan todos juntos de alegría,
porque ellos ven con sus propios ojos
el regreso del Señor a Sión.
¡Prorrumpan en gritos de alegría,
ruinas de Jerusalén,
porque el Señor consuela a su Pueblo,
Él redime a Jerusalén!
El Señor desnuda su santo brazo
a la vista de todas las naciones,
y todos los confines de la tierra
verán la salvación de nuestro Dios.
Palabra de Dios.



Reflexionamos juntos

 El profeta nos invita a la esperanza porque Dios viene a Sión "consuela a su pueblo y redime a Jerusalén". La promesa se refiere a los tiempos del destierro en Babilonia y a su próximo final. Pero nosotros leemos el pasaje desde la perspectiva de la Encarnación del Hijo de Dios. Podemos leer con más alegría que los primeros oyentes de Isaías el anuncio de que "tu Dios reina", o que "verán los confines de la tierra la salvación de nuestro Dios". En verdad, "¡qué hermosos son sobre las montañas los pasos del que trae la buena noticia, del que proclama la paz!". Por muy preocupados que estemos por los problemas de la vida, y por negro que veamos el panorama social o eclesial, es bueno que nos dejemos contagiar de la alegría y la esperanza que anunciaba Isaías. Viene Dios en la humildad de un niño y nos trae el anuncio de que Dios reina en quienes le quieran recibir, y realizará con su vida la gran victoria de Dios sobre todos los enemigos de la humanidad: el odio, la guerra y los pecados que deshumanizan a los hijos de Dios.


P. Juan R. Celeiro

SALMO RESPONSORIAL 97, 1-6



R.    Los confines de la tierra han contemplado
el triunfo de nuestro Dios.
Canten al Señor un canto nuevo,
porque Él hizo maravillas:
su mano derecha y su santo brazo
le obtuvieron la victoria.  R.

El Señor manifestó su victoria,
reveló su justicia a los ojos de las naciones:
se acordó de su amor y su fidelidad
en favor del pueblo de Israel.  R.

Los confines de la tierra han contemplado
el triunfo de nuestro Dios.
Aclame al Señor toda la tierra,
prorrumpan en cantos jubilosos.  R.

Canten al Señor con el arpa
y al son de instrumentos musicales;
con clarines y sonidos de trompeta
aclamen al Señor, que es Rey.  R.
 

Lectura de la carta a los Hebreos 1, 1-6


 

Después de haber hablado antiguamente a nuestros padres por medio de los Profetas, en muchas ocasiones y de diversas maneras, ahora, en este tiempo final, Dios nos habló por medio de su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas y por quien hizo el mundo.
Él es el resplandor de su gloria
y la impronta de su ser.
Él sostiene el universo con su Palabra poderosa,
y después de realizar la purificación de los pecados,
se sentó a la derecha del trono de Dios
en lo más alto del cielo.
Así llegó a ser tan superior a los ángeles,
cuanto incomparablemente mayor que el de ellos
es el Nombre que recibió en herencia.
¿Acaso dijo Dios alguna vez a un ángel:
«Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy»?
¿Y de qué ángel dijo:
«Yo seré un padre para él
y él será para mí un hijo»?
y al introducir a su Primogénito en el mundo, Dios dice:
«Que todos los ángeles de Dios lo adoren».
Palabra de Dios.


¡SE ABRIERON LAS PUERTAS Y BAJÓ EL AMOR!
En este Año de la Misericordia, la Navidad, nos hace comprender perfectamente lo que es este Año Jubilar: el Encuentro con Dios en Belén (lo da todo) y el re-encuentro de nosotros con la humanidad doliente (hemos de darnos en todo). ¡FELIZ NAVIDAD A TODOS!
Que sea, el Señor, bienvenido a esta tierra preñada de muchos contrastes y tan necesitada de paz y de esperanza. Una paz que, por sí mismo, el mundo no puede lograr y una esperanza que, el mundo en sí mismo, es capaz de asegurar. ¡Cómo no dar gracias a DIOS que, en su gran misericordia, se mete en nuestra piel! ¡Cómo no mirar hacia el cielo y, comprender, que las puertas de ese cielo se abren para darnos, inyectarnos y venir hasta nosotros en forma de misericordia: Dios, en Cristo, cura nuestras heridas, calma nuestras tormentas, agranda nuestro optimismo, nos salva de nuestros infiernos!
1.- La Navidad es el descenso de la Divinidad hasta la humanidad. Dios toca, como nunca lo había hecho, el corazón del hombre: Dios se hace carne para que comprendamos que, el amor, es camino seguro para llegarse hasta El. Ha venido para quedarse entre nosotros, para ser como nosotros. Para elevar nuestra dignidad. ¡Cómo no vamos a celebrar este aterrizaje tan descomunal y vertiginoso de Dios en nuestra historia!
La Navidad, con Dios, es un camino que conduce hacia la verdad. Es una llamada a desterrar el odio y la violencia. No porque, en el corazón de los hombres renazca la bondad como flor de un día o presión sociológica o sensible del ambiente, sino porque cuando Dios nace, el hombre recupera lo mejor de sí mismo. El distanciamiento, por parte del hombre, hacia Dios, le convierte en insolidario, egoísta, egocéntrico o individualista. EL Nacimiento de Cristo nos hace comprobar muy de cerca, con nuestros propios ojos, el amor inmenso que Dios nos tiene. ¡Cómo no vamos a cantarlo todo ello!
La Navidad, el nacimiento de Cristo, es la apuesta más radical y arriesgada de Dios por el mundo. Se aventura a ser como uno de nosotros, a hacerse hombre como nosotros, a gemir como nosotros y a sufrir los mismos sinsabores que nosotros. Luego, más adelante, nos demostrará de nuevo que, desde la cruz, se puede redimir todo aquello que al hombre le humilla, especialmente la muerte. ¡Cómo no vamos a festejarlo todo ello!
2. Hoy es el día en el que, cielo y tierra, se unen. Es el instante en el cual, la gloria de Dios, regala a nuestro mundo aquello que tanto necesita: amor. ¿Sabremos ser sensibles a este acontecimiento? ¿Nos dejaremos embargar por la emoción de estas horas? ¿Iremos deprisa, como los pastores, dejando a un lado nuestros cómodos valles para brindar homenaje al Rey de Reyes? ¿O tal vez nos quedaremos en la orilla de la Navidad presos de otras luces y mensajes?
Hoy es un día para felicitarnos. ¡Dios ha cumplido lo prometido! Ha nacido del seno virginal de María, aquella que quedando para siempre virgen, se convierte en Madre de Dios y Madre nuestra. ¡Qué gran Misterio! ¡Qué gran Sacramento! ¡Dios en un pesebre, Dios humillado! ¡Cuánto! ¡Pero cuánto nos ama Dios para que nos entregue, así y de estas formas tan sorprendentes, a su único Hijo!
Que al contemplar al Dios Niño nuestras conciencias se vean interpeladas: el que es Todopoderoso, entra al mundo por la puerta de la humildad. El que lo tiene todo, aparece ante nosotros desnudo. El que, en el cielo habitaba entre ángeles y triunfo, nace en el mundo en medio de la soledad, la indiferencia o la frialdad. ¿Por qué nosotros –siendo menos que Dios optamos por escoger las puertas grandes, la opulencia o el afán de notoriedad?
¡Gracias, Señor, hoy es Navidad!
Javier Leoz
 

 

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 1, 1-18


 


Al principio existía la Palabra,
      y la Palabra estaba junto a Dios,
      y la Palabra era Dios.
Al principio estaba junto a Dios.
Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra
      y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe.
En ella estaba la vida,
      y la vida era la luz de los hombres.
La luz brilla en las tinieblas,
      y las tinieblas no la percibieron.
Apareció un hombre enviado por Dios,
que se llamaba Juan.
Vino como testigo,
      para dar testimonio de la luz,
      para que todos creyeran por medio de él.
Él no era la luz,
      sino el testigo de la luz.
La Palabra era la luz verdadera
      que, al venir a este mundo,
      ilumina a todo hombre.
Ella estaba en el mundo,
      y el mundo fue hecho por medio de ella,
      y el mundo no la conoció.
Vino a los suyos,
      y los suyos no la recibieron.
Pero a todos los que la recibieron,
      a los que creen en su Nombre,
      les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios.
Ellos no nacieron de la sangre,
      ni por obra de la carne,
      ni de la voluntad del hombre,
sino que fueron engendrados por Dios.
Y la Palabra se hizo carne
      y habitó entre nosotros.
Y nosotros hemos visto su gloria,
      la gloria que recibe del Padre como Hijo único,
      lleno de gracia y de verdad.
Juan da testimonio de Él, al declarar:
      «Éste es Aquél del que yo dije:
      El que viene después de mí
      me ha precedido,
      porque existía antes que yo».
De su plenitud, todos nosotros hemos participado
      y hemos recibido gracia sobre gracia:
porque la Ley fue dada por medio de Moisés,
pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo.
Nadie ha visto jamás a Dios;
      el que lo ha revelado es el Dios Hijo único,
      que está en el seno del Padre.
Palabra del Señor.
 

¡Feliz Navidad en esta noche santa!



 

Feliz Navidad a todos los que hemos escuchado
la buena noticia de Dios-con-nosotros.
¡Un niño se nos ha dado!. Un signo de lo alto…
En esta noche santa, un luz nos brilla en medio de la oscuridad.
¡Dios ha tomado partido por el hombre!
¡Dios ha estado grande con nosotros y nos no ha abandonado
a nuestra suerte!.
 
¡Feliz Navidad! ¡Feliz Navidad a todos los que hemos
visto salir su estrella en medio de tantas luces de colores
y hemos ido tras ella!
 
¡Feliz Navidad a los que no nos hemos dejado embaucar por el
consumismo salvaje y la felicidad envuelta en papel de celofán!
 
¡Feliz Navidad a los que apuestan por un futuro más pleno,
por un mañana mejor!
 
¡Feliz Navidad a cuantos anhelan un mundo nuevo
y se empeñan en hacerlo realidad!.
 
¡Feliz Navidad a todos los que creen en el hombre con mayúsculas
y hacen de su vida un canto de entrega a los demás!.
 
¡Feliz Navidad a los que, como Dios, se solidarizan con los hombres…
sin especular con tanto por ciento de su producto interior bruto!.
 
¡Feliz Navidad a ti, que en medio del dolor has encontrado
la mano cálida del Dios-con-nosotros!.
 
¡Feliz Navidad a ti, que vives desde lo positivo, desde el optimismo,
desde la esperanza contagiosa!.
 
¡Feliz Navidad a ti, que crees en la utopía y vives la vida
como una buena noticia para los demás!.
 
¡Feliz Navidad a ti, si no te conformas con arrastrar la vida
y eres protagonista de tus días!.
 
¡Feliz Navidad a los que buscan con sinceridad el sentido
de sus vidas, tantas veces negado por los días maltratados!.
 
¡Feliz Navidad a todos los que se encuentran solos
y necesitan una mano amiga!
 
¡Feliz Navidad a los que sufren el dolor y la enfermedad,
a los que viven en medio de bombas, muerte y destrucción!.
 
¡Feliz Navidad a los encarcelados, a los hijos de la calle,
a los últimos, a los que a nadie importan!
¡Vuestro es el futuro que Dios está gestando en nuestra historia!
 
¡Feliz Navidad a todos los hermanos, creyentes en Jesús de Nazareth,
empeñados en seguir las huellas del Maestro desde la coherencia,
la autenticidad, la entrega sin reservas!.
 
¡Feliz Navidad en esta noche santa!
P. Javier Leoz

Lectura del libro de Isaías 9, 1-6



SOLEMNIDAD DE LA NATIVIDAD DEL SEÑOR
MISA DE LA NOCHE
 
Un hijo se nos ha dado
El pueblo que caminaba en las tinieblas
ha visto una gran luz;
sobre los que habitaban en el país de la oscuridad
ha brillado una luz.
Tú has multiplicado la alegría,
has acrecentado el gozo;
ellos se regocijan en tu presencia,
como se goza en la cosecha,
como cuando reina la alegría
por el reparto del botín.
 
Porque el yugo que pesaba sobre él,
la barra sobre su espalda
y el palo de su carcelero,
todo eso lo has destrozado como en el día de Madián.
Porque las botas usadas en la refriega
y las túnicas manchadas de sangre,
serán presa de las llamas,
pasto del fuego.
 
Porque un niño nos ha nacido,
un hijo nos ha sido dado.
La soberanía reposa sobre sus hombros
y se le da por nombre:
«Consejero maravilloso, Dios fuerte,
Padre para siempre, Príncipe de la paz».
Su soberanía será grande,
y habrá una paz sin fin
para el trono de David
y para su reino;
él lo establecerá y lo sostendrá
por el derecho y la justicia,
desde ahora y para siempre.
 
El celo del Señor de los ejércitos hará todo esto.
 
Palabra de Dios. 


Reflexionamos juntos

 El profeta nos invita a la esperanza porque Dios viene a Sión "consuela a su pueblo y redime a Jerusalén". La promesa se refiere a los tiempos del destierro en Babilonia y a su próximo final. Pero nosotros leemos el pasaje desde la perspectiva de la Encarnación del Hijo de Dios. Podemos leer con más alegría que los primeros oyentes de Isaías el anuncio de que "tu Dios reina", o que "verán los confines de la tierra la salvación de nuestro Dios". En verdad, "¡qué hermosos son sobre las montañas los pasos del que trae la buena noticia, del que proclama la paz!". Por muy preocupados que estemos por los problemas de la vida, y por negro que veamos el panorama social o eclesial, es bueno que nos dejemos contagiar de la alegría y la esperanza que anunciaba Isaías. Viene Dios en la humildad de un niño y nos trae el anuncio de que Dios reina en quienes le quieran recibir, y realizará con su vida la gran victoria de Dios sobre todos los enemigos de la humanidad: el odio, la guerra y los pecados que deshumanizan a los hijos de Dios.


P. Juan R. Celeiro 
 

SALMO RESPONSORIAL 95, 1-3. 11-13



 
R.        Hoy nos ha nacido un Salvador:
   el Mesías, el Señor.
 
Canten al Señor un canto nuevo,
cante al Señor toda la tierra;
canten al Señor, bendigan su Nombre. R.
 
 
Día tras día, proclamen su victoria,
anuncien su gloria entre las naciones,
y sus maravillas entre los pueblos. R.

 
Alégrese el cielo y exulte la tierra,
resuene el mar y todo lo que hay en él;
regocíjese el campo con todos sus frutos,
griten de gozo los árboles del bosque. R.
 
 
Griten de gozo delante del Señor,
Porque Él viene a gobernar la tierra:
El gobernará al mundo con Justicia,
y a los pueblos con su verdad. R.

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