sábado, 5 de noviembre de 2011

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Roma 16, 3-9. 16. 22-27


Hermanos:

Saluden a Prisca y a Aquila, mis colaboradores en Cristo Jesús. Ellos arriesgaron su vida para salvarme, y no sólo yo, sino también todas las Iglesias de origen pagano, tienen con ellos una deuda de gratitud. Saluden, igualmente, a la Iglesia que se reúne en su casa.

No se olviden de saludar a mi amigo Epéneto, el primero que se convirtió a Cristo en Asia Menor. Saluden a María, que tanto ha trabajado por ustedes; a Andrónico y a Junia, mis parientes y compañeros de cárcel, que son apóstoles insignes y creyeron en Cristo antes que yo. Saluden a Ampliato, mi amigo querido en el Señor; a Urbano, nuestro colaborador en Cristo, y también a Estaquis, mi querido amigo.

Salúdense mutuamente con el beso de paz. Todas las Iglesias de Cristo les envían saludos.

Yo, Tercio, que he servido de amanuense, los saludo en el Señor. También los saluda Gayo, que me brinda hospedaje a mí y a toda la Iglesia. Finalmente, les envían saludos Erasto, el tesorero de la ciudad y nuestro hermano Cuarto.

¡Gloria a Dios, que tiene el poder de afianzarlos, según la Buena Noticia que yo anuncio, proclamando a Jesucristo, y revelando un misterio que fue guardado en secreto desde la eternidad y que ahora se ha manifestado!

Éste es el misterio que, por medio de los escritos proféticos y según el designio del Dios eterno, fue dado a conocer a todas las naciones para llevarlas a la obediencia de la fe.
¡A Dios, el único sabio, por Jesucristo, sea la gloria eternamente! Amén.


Palabra de Dios.

Reflexionemos

Termina la carta del apóstol con una serie de saludos y recuerdos que ponen de manifiesto la delicadeza de sus sentimientos hacia aquellos cristianos de Roma. Por estas palabras conocemos los nombres de muchos de los primeros creyentes y de cómo supieron luchar y sufrir por el Evangelio, y también la fraternidad que reinaba entre ellos. El escrito termina con un pensamiento básico en la teología paulina: Dios es quien confirma la predicación del Evangelio, quien da el crecimiento. Ante el recuerdo de esta intervención de Dios, Pablo prorrumpe en una de sús numerosas doxologías. No es la primera vez que el apóstol se desborda en vibrante entusiasmo cantando a Dios.

P. Juan R. Celeiro

San Zacarías y Santa Isabel

San Zacarías, sacerdote de la antigua Ley, y su esposa Santa Isabel, tuvieron el honor de tener por hijo a San Juan Bautista, precursor del Mesías. Fuera de lo que el Evangelio nos enseña acerca de la aparición del ángel a Zacarías, sobre el uso de la palabra, perdido en castigo de su incredulidad y recobrado al nacer San Juan, sobre las maravillas cumplidas con ocasión de la visita de la Madre de Dios, ninguna particularidad conocemos de la vida de los dos augustos esposos.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Vida de Santos

089 San Carlos Borromeo

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Roma 15, 14-21


Hermanos:

Estoy convencido de que ustedes están llenos de buenas disposiciones y colmados del don de la ciencia, y también de que son capaces de aconsejarse mutuamente. Sin embargo, les he escrito, en algunos pasajes con una cierta audacia, para recordarles lo que ya saben, correspondiendo así a la gracia que Dios me ha dado: la de ser ministro de Jesucristo entre los paganos, ejerciendo el oficio sagrado de anunciar la Buena Noticia de Dios, a fin de que los paganos lleguen a ser una ofrenda agradable a Dios, santificada por el Espíritu Santo.

¡Yo tengo que gloriarme en Cristo Jesús, en lo que se refiere al servicio de Dios! Porque no me atrevería a hablar sino de aquello que hizo Cristo por mi intermedio, para conducir a los paganos a la obediencia, mediante la palabra y la acción, por el poder de signos y prodigios y por la fuerza del Espíritu de Dios.

Desde Jerusalén y sus alrededores hasta Iliria, he llevado a su pleno cumplimiento la Buena Noticia de Cristo, haciendo cuestión de honor no predicar la Buena Noticia allí donde el nombre de Cristo ya había sido invocado, para no edificar sobre un fundamento puesto por otros. Así dice la Escritura: "Lo verán aquéllos a los que no se les había anunciado y comprenderán aquéllos que no habían oído hablar de Él".


Palabra de Dios.

Reflexionemos

Pablo se esfuerza, al terminar su carta, en justificar su iniciativa que algunos han considerado quizá como intempestiva. ¿Por qué ha escrito a una comunidad que no ha fundado y cuya fe y sabiduría son bien conocidas? Su justificación es la misión que Dios le ha confiado y que él recuerda con unos términos que subrayan su carácter sagrado y su especificidad. El ha sido enviado para anunciar la Buena Nueva a los paganos y hacer de ellos una ofrenda agradable a Dios. Su orgullo es la seguridad que le da la conciencia de haber actuado en comunión con Cristo Jesús, como lo demuestra la fuerza espiritual que ha acompañado a su ministerio. Durante su vida de apóstol ha tenido un solo deseo: llevar la Buena Nueva cada vez mas lejos; y una regla de conducta: no ir adonde otros ya habían predicado.

P. Juan R. Celeiro

San Carlos Borromeo

San Carlos Borromeo, un santo que tomó muy en serio las palabras de Jesús; "Quien ahorra su vida, la pierde, pero el que gasta su vida por Mí, la ganará".

Era de familia muy rica. Su hermano mayor, a quien correspondía la mayor parte de la herencia, murió repentinamente al caer de un caballo. El consideró la muerte de su hermano como un aviso enviado por el cielo, para estar preparado porque el día menos pensado llega Dios por medio de la muerte a pedirnos cuentas. Renunció a sus riquezas y fue ordenado sacerdote y mas tarde Arzobispo de Milán. Aunque no faltan las acusaciones de que su elección fue por nepostismo (era sobrino del Papa), sus enormes frutos de santidad demuestran que fue una elección del Espíritu Santo.

Como obispo, su diócesis que reunía a los pueblos de Lombardía, Venecia, Suiza, Piamonte y Liguria. Los atendía a todos. Su escudo llevaba una sola palabra: "Humilitas", humildad. El, siendo noble y riquísimo, vivía cerca del pueblo, prívandose de lujos. Fue llamado con razón "padre de los pobres"

Decía que un obispo demasiado cuidadoso de su salud no consigue llegar a ser santo y que a todo sacerdote y a todo apóstol deben sobrarle trabajos para hacer, en vez de tener tiempo de sobra para perder.

Para con los necesitados era supremamente comprensivo. Para con sus colaboradores era muy amigable y atento, pero exigente. Y para consigo mismo era exigentísimo y severo.

Fue el primer secretario de Estado del Vaticano (en el sentido moderno).

Fue blanco de un vil atentado, mientras rezaba en su capilla, pero salió ileso, perdonando generosamente al agresor.

Fundó seminarios para formar sacerdotes bien preparados, y redactó para esos institutos unos reglamentos tan sabios, que muchos obispos los copiaron para organizar según ellos sus propios seminarios.

Fue amigo de San Pío V, San Francisco de Borja, San Felipe Neri, San Félix de Cantalicio y San Andrés Avelino y de varios santos más.

Murió joven y pobre, habiéndo enriquecido enormemente a muchos con la gracia. ……murió diciendo: "Ya voy, Señor, ya voy". En Milán casi nadie durmió esa noche, ante la tremenda noticia de que su queridísimo Cardenal arzobispo, estaba agonizando.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Roma 14, 7-12


Hermanos:

Ninguno de nosotros vive para sí, ni tampoco muere para sí. Si vivimos, vivimos para el Señor, y si morimos, morimos para el Señor: tanto en la vida como en la muerte, pertenecemos al Señor. Porque Cristo murió y volvió a la vida para ser Señor de los vivos y de los muertos.

Entonces, ¿con qué derecho juzgas a tu hermano? ¿Por qué lo desprecias?

Todos, en efecto, tendremos que comparecer ante el tribunal de Dios, porque está escrito: "Juro que toda rodilla se doblará ante mí y toda lengua dará gloria a Dios", dice el Señor.

Por lo tanto, cada uno de nosotros tendrá que rendir cuenta de sí mismo a Dios.


Palabra de Dios.

Reflexionemos

Pablo nota que, en las comunidades, hay distintas maneras de pensar: unos dan importancia a algunos detalles, otros a otros. En las cosas que no son importantes, hemos de ser tolerantes y no querer imponer nuestra opinión. Cada uno sigue su conciencia. Debemos tener como punto de referencia lo que sí es importante: si vivimos, vivimos para el Señor, en la vida y en la muerte, somos del Señor. Tenemos necesidad de una mayor apertura de corazón, para respetar la conducta de los demás aunque sea distinta a la nuestra. Distinguiendo lo que es importante y lo que puede dejarse libremente a la conciencia de cada uno. Tenemos que dar cuenta ante Dios y ante la comunidad de nuestros actos, sin juzgar a los demás, ni perder la paz porque haya diversidad de opiniones y costumbres, al contrario esto debemos considerarlo como signo de salud espiritual.

P. Juan R. Celeiro

San Martín de Porres

En Sudamérica es muy popular San Martín de Porres y hasta se han filmado hermosas películas acerca de su vida y milagros. Es un santo muy simpático y milagroso.

Nació en Lima, Perú, hijo de un blanco español y de una negra africana. Por el color de su piel, su padre no lo quiso reconocer y en la partida de bautismo figura como "de padre desconocido". Su infancia no fue demasiado feliz, pues por ser mulato (mitad blanco y mitad negro, pero más negro que blanco) era despreciado en la sociedad.

Aprendió muy bien los oficios de peluquero y de enfermero, y aprovechaba sus dos profesiones para hacer muchos favores gratuitamente a los más pobres.

A los 15 años pidió ser admitido en la comunidad de Padres Dominicos. Como a los mulatos les tenían mucha desconfianza, fue admitido solamente como "donado", o sea un servicial de la comunidad. Así vivió 9 años, practicando los oficios más humildes y siendo el último de todos.

Al fin fue admitido como hermano religioso en la comunidad y le dieron el oficio de peluquero y de enfermero. Y entonces sí que empezó a hacer obras de caridad a manos llenas. Los frailes se quejaban de que Fray Martín quería hacer del convento un hospital, porque a todo enfermo que encontraba lo socorría y hasta llevaba a algunos más graves y pestilentes a recostarlos en su propia cama cuando no tenía más donde se los recibieran.

Con la ayuda de varios ricos de la ciudad fundó el Asilo de Santa Cruz para reunir a todos los vagos, huérfanos y limosneros y ayudarles a salir de su penosa situación.

Aunque él trataba de ocultarse, sin embargo su fama de santo crecía día por día. Lo consultaban hasta altas personalidades. Muchos enfermos lo primero que pedían cuando se sentían graves era: "Que venga el santo hermano Martín". Y él nunca negaba un favor a quien podía hacerlo. Pasaba la mitad de la noche rezando. A un crucifijo grande que había en su convento iba y le contaba sus penas y sus problemas, y ante el Santísimo Sacramento y arrodillado ante la imagen de la Virgen María pasaba largos tiempos rezando con fervor.

Sin moverse de Lima, fue visto sin embargo en China y en Japón animando a los misioneros que estaban desanimados. Sin que saliera del convento lo veían llegar junto a la cama de ciertos moribundos a consolarlos. A los ratones que invadían la sacristía los invitaba a irse a la huerta y lo seguían en fila muy obedientes. En una misma cacerola hacía comer al mismo tiempo a un gato, un perro y varios ratones. Llegaron los enemigos a su habitación a hacerle daño y él pidió a Dios que lo volviera invisible y los otros no lo vieron.

Cuando oraba con mucha devoción se levantaba por los aires y no veía ni escuchaba a la gente. A veces el mismo virrey que iba a consultarle (siendo Martín tan de pocos estudios) tenía que aguardar un buen rato en la puerta de su habitación, esperando a que terminara su éxtasis. En ocasiones salía del convento a atender a un enfermo grave, y volvía luego a entrar sin tener llave de la puerta y sin que nadie le abriera. Preguntado cómo lo hacía, respondía: "Yo tengo mis modos de entrar y salir".

El Arzobispo se enfermó gravemente y mandó llamar al hermano Martín para que le consiguiera la curación para sus graves dolores. Él le dijo: ¿Cómo se le ocurre a su excelencia invitar a un pobre mulato? Pero luego le colocó la mano sobre el sitio donde sufría los fuertes dolores, rezó con fe, y el arzobispo se mejoró en seguida.

Recogía limosnas en cantidades asombrosas y repartía todo lo que recogía. Miles de menesterosos llegaban a pedirle ayuda.

A los 60 años, después de haber pasado 45 años en la comunidad, mientras le rezaban el Credo y besando un crucifijo, murió el 3 de noviembre de 1639. Toda la ciudad acudió a su entierro y los milagros empezaron a obtenerse a montones por su intercesión.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Argentina: Campaña a favor de la vida

BUENOS AIRES, viernes (ZENIT.org).- La página web yocreo.com ha iniciado una campaña en favor de la vida con una campaña de cartas dirigidas a la recién reelegida presidenta de Argentina Cristina Fernández de Kirchner.

“Comenzamos una campaña/petitorio con el objeto de reunir firmas de Argentina y del mundo para hacer llegar a la presidenta Cristina Kirchner, a favor de la vida desde el momento de su concepción”, afirman los organizadores.

La carta dirigida a la presidenta Fernández afirma: “Somos un grupo de ciudadanos preocupados por todos los proyectos de ley que fueron presentados en el Congreso de la Nación contrarios a la vida y a favor del aborto”.

“Consideramos –añade- que la vida es el primero y fundamental entre los derechos humanos. Así lo consagran nuestra legislación y los pactos internacionales suscriptos por nuestro país”.

Por eso, subraya, “si la vida debe ser respetada durante toda la existencia de una persona, merece mayor protección durante los primeros momentos de la misma. En el seno materno, un niño inocente debe ser defendido por un país como el nuestro, y nadie debe considerarse con derecho a matarlo”.

Apela “a su conocida opción personal y política en defensa de la vida y los derechos humanos para que el bloque oficialista que acompaña su gestión no respalde propuestas contrarias a la dignidad de los seres humanos”.

Y en última instancia, --concluye el mensaje- “confiamos en su determinación de no promulgar leyes que violenten el mayor derecho inalienable del hombre y de la mujer”, “convencidos de que su condición de mujer y de madre priorizará la vida sobre la muerte”.

Más detalles de la campaña se pueden ver en: www.yocreo.com, y se puede firmar la carta en el enlace: http://www.yocreo.com/petitorio_por_la_vida.html.

La página web yocreo.com tiene entre sus objetivos: tender puentes que unan los discursos con las realidades, la catequesis con la vida; defender la vida desde el momento mismo de su concepción; orientar a padres, docentes y líderes; ofrecer material de apoyo; difundir los comportamientos heroicos de aquellos que además de cumplir con su trabajo, aportan un valor agregado a la sociedad; exponer las acciones de Responsabilidad Social Empresarial de aquellas organizaciones manifiestamente comprometidas con el medio ambiente, el desarrollo sostenible y la promoción humana; impulsar la idea de que vivir en Dios y en una sociedad más justa supone la renuncia a prácticas inmorales; promover la buena lectura como herramienta para el crecimiento personal.

Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 15, 20-23


Hermanos:

Cristo resucitó de entre los muertos, el primero de todos. Porque la muerte vino al mundo por medio de un hombre, y también por medio de un hombre viene la resurrección.

En efecto, así como todos mueren en Adán, así también todos revivirán en Cristo, cada uno según el orden que le corresponde: Cristo, el primero de todos, luego, aquéllos que estén unidos a Él en el momento de su Venida.

Palabra de Dios.


"Si Jesús es la VIDA, tendremos vida en abundante; si Jesús es la VERDAD ¿por qué no nos hemos de fiar de sus promesas de que un día resucitaremos? Si Jesús es el CAMINO, ya sabemos por dónde hemos de avanzar para no quedarnos sumidos en la desesperanza o en el desasosiego, en la tristeza o en la amargura: ¡Dios cumple lo que promete! Conmemorar a nuestros difuntos en este día es querer y pedir lo mejor para ellos, que también lo será para nosotros, la VIDA ETERNA."

P. Javier Leoz

Lectura del libro del Apocalipsis 21, 1-5a. 6b- 7


Yo, Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar ya no existe más.

Vi la Ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo y venía de Dios, embellecida como una novia preparada para recibir a su esposo.

Y oí una voz potente que decía desde el trono: «Ésta es la morada de Dios entre los hombres: Él habitará con ellos, ellos serán su pueblo, y el mismo Dios será con ellos su propio Dios. Él secará todas sus lágrimas, y no habrá más muerte, ni pena, ni queja, ni dolor, porque todo lo de antes pasó».

Y el que estaba sentado en el trono dijo: «Yo hago nuevas todas las cosas. Yo soy el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin. Al que tiene sed, Yo le daré de beber gratuitamente de la fuente del agua de la Vida. El vencedor heredará estas cosas, y Yo seré su Dios y él será mi hijo».


Palabra de Dios.

Reflexionemos


¡Qué alegría esperanzada provoca en nuestros corazones esta lectura! Nos ubica en la verdad, aquella que sólo puede ser revelada por la palabra de Dios. Nuestros muertos viven en un sentido verdadero y pleno, viven en Dios. La muerte ya no amenaza nuestro ser con la destrucción total, porque ha sido vencida para siempre en el momento en que Jesucristo pasó por ella y absorbió, por así decirlo, todo su veneno antes de resucitar. Pidamos al Señor la gracia de creer en su palabra de verdad, para que ante la muerte de nuestros seres queridos o cuando llegue el momento de nuestra propia muerte conservemos la Fe.

P. Juan R. Celeiro

Los Fieles difuntos

La tradición de rezar por los muertos se remonta a los primeros tiempos del cristianismo, en donde ya se honraba su recuerdo y se ofrecían oraciones y sacrificios por ellos.

Cuando una persona muere ya no es capaz de hacer nada para ganar el cielo; sin embargo, los vivos sí podemos ofrecer nuestras obras para que el difunto alcance la salvación.

Con las buenas obras y la oración se puede ayudar a los seres queridos a conseguir el perdón y la purificación de sus pecados para poder participar de la gloria de Dios.

A estas oraciones se les llama sufragios. El mejor sufragio es ofrecer la Santa Misa por los difuntos.

Debido a las numerosas actividades de la vida diaria, las personas muchas veces no tienen tiempo ni de atender a los que viven con ellos, y es muy fácil que se olviden de lo provechoso que puede ser la oración por los fieles difuntos. Debido a esto, la Iglesia ha querido instituir un día, el 2 de noviembre, que se dedique especialmente a la oración por aquellas almas que han dejado la tierra y aún no llegan al cielo.

La Iglesia recomienda la oración en favor de los difuntos y también las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia para ayudarlos a hacer más corto el periodo de purificación y puedan llegar a ver a Dios. "No dudemos, pues, en socorrer a los que han partido y en ofrecer nuestras plegarias por ellos".

Nuestra oración por los muertos puede no solamente ayudarles, sino también hacer eficaz su intercesión a nuestro favor. Los que ya están en el cielo interceden por los que están en la tierra para que tengan la gracia de ser fieles a Dios y alcanzar la vida eterna.

Para aumentar las ventajas de esta fiesta litúrgica, la Iglesia ha establecido que si nos confesamos, comulgamos y rezamos el Credo por las intenciones del Papa entre el 1 y el 8 de noviembre, “podemos ayudarles obteniendo para ellos indulgencias, de manera que se vean libres de las penas temporales debidas por sus pecados”. (CEC 1479)

martes, 1 de noviembre de 2011

Guión 06-11-11. 32° Domingo durante el año. Ciclo A.


Monición de entrada:
En estos últimos domingos del año litúrgico, la Palabra de Dios nos invita a poner nuestra mirada en el fin de los tiempos y nos exhorta a mantenernos vigilantes en la espera del Señor.
Pidámosle al Padre, en esta Santa Misa, que nos dé la Sabiduría para obrar de acuerdo a su Voluntad.
Nos ponemos de pie y recibimos al sacerdote con el canto nº

Monición a la 1º Lectura: Sabiduría 6, 13-17
Abramos el corazón a la Sabiduría de Dios.


Monición a la 2º Lectura: I Tesalonicenses 4, 12-17
San Pablo nos anima en la esperanza del Cielo.


Oración universal:
A cada intención respondemos:
“Dios Padre, escúchanos”.

• Por la Iglesia, para que se mantenga siempre a la expectativa del reino de Dios con sus lámparas encendidas. Oremos.
• Por los gobernantes y dirigentes del mundo, para que llenos de la Sabiduría de Dios, lleguen a discernir lo que es correcto para el bien de sus pueblos, y trabajen con honestidad para lograrlo. Oremos.
• Por quienes no tienen esperanza, para que busquen con ansias la Sabiduría de Dios, y lleguen así a encontrar la alegría de la Vida Eterna. Oremos.
• Por nuestra comunidad parroquial, para que mantengamos viva la llama de nuestra fe, viviendo el servicio y la caridad con los hermanos. Oremos.

Monición para la presentación de los dones:
Al llevar al altar el pan y el vino presentemos al Señor nuestros esfuerzos por estar atentos y vigilantes a la llegada del Reino.
Canto nº

Monición de Comunión:
Acerquémonos a la mesa del Altar, anticipo del banquete celestial, y pidámosle a Jesús Eucaristía que nos dé Sabiduría para vivir con prudencia.
Canto nº


Monición de salida:
Con las lámparas preparadas, volvamos a nuestros hogares a iluminar a muchos con la Sabiduría de Dios, para que todos alcancen un día su Salvación
Canto nº

Evangelio Infantil Domingo 32º

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¿Quiénes son todos los santos?


Son, ni más ni menos, aquellos que,

en la Montaña de las Bienaventuranzas,

encontraron y renovaron, una y otra vez,

su pasión y su carnet de identidad.

Los que, abriendo la ventana de su corazón,

permitieron que entrase la luz divina y,

con esa luz eterna, agradar totalmente

a Dios sin olvidar al hombre.

Son, esos hermanos nuestros que,

sin hacer cosas extraordinarias,

fueron grandes por su inmensa sencillez;

en la oscuridad, nunca se cansaron de buscar al Señor,

y en la luz del mundo, nunca lo dejaron perder.


¿Quiénes son todos los santos?

Son aquellos/as que fueron fieles al Señor,

sin doblegarse o arrodillarse a los pies de otros dioses.

Los que, en el sufrimiento, nunca se acobardaron

y, en el éxito, no quisieron dar la espalda al Evangelio.

Los que, ante la injusticia, eran altavoz

de los que no tenían voz, o los que, ante la pobreza,

sabían sembrar a Dios como riqueza.


¿Quiénes son todos los santos?

Tal vez los que, sin levantar mucho ruido,

hicieron un bien inmenso en tantos hombres y mujeres del mundo.

Aquellos que, en la soledad, acompañaron con horas sin término.

Los que, obligados a renunciar a su fe, prefirieron el martirio.

Los que, enmudecidos por muchos intereses, nunca callaron.

Los que, presionados por la hostilidad, sólo predicaron la paz.


¿Quiénes son todos los santos?

Son los que, lejos de dejarse seducir por la palabrería barata,

se dejaron llevar por la Palabra de Jesucristo.

Son los que, tentados por los mil sabores de la tierra,

no quisieron jamás apartarse del alimento del cielo: la Eucaristía.

Son los que, perseguidos por proclamar la verdad,

se crecieron y fueron fuertes hasta el último instante de sus vidas.

Son los que, además de amar con pasión la creación,

nunca olvidaron que, Alguien, era su Creador.


¿Quiénes son todos los santos?

Son los que pretendieron un mundo diferente,

atravesado por la estrella de la fe e iluminado por el Espíritu Santo.

Los que esperaron y soñaron con Dios como recompensa final.

Los que, sin ser entendidos ni comprendidos,

han sido recibidos con un abrazo gratificante en el cielo.

Los que, con su vida y en su vida, por su vida

y desde su vida, quisieron y disfrutaron llevando

a Dios hasta lo más hondo de su existencia.

Esos son… nuestros santos.

P. Javier Leoz

Lectura de la primera carta de san Juan 3, 1-3


Queridos hermanos:

¡Miren cómo nos amó el Padre! Quiso que nos llamáramos hijos de Dios, y nosotros lo somos realmente. Si el mundo no nos reconoce, es porque no lo ha reconocido a Él.

Queridos míos, desde ahora somos hijos de Dios, y lo que seremos no se ha manifestado todavía. Sabemos que cuando se manifieste, seremos semejantes a Él, porque lo veremos tal cual es. El que tiene esta esperanza en Él, se purifica, así como Él es puro.


Palabra de Dios

"San Juan cree que ya es un gran privilegio el tener como Padre a Dios, pero en este mundo, mientras vivimos en este cuerpo mortal, a Dios sólo lo vemos como en un espejo. “Sabemos que, cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal cual es”. Todos los santos, los canonizados y los santos anónimos, ya ven a Dios tal cual es. Alegrémonos hoy con su felicidad y pidámosles que, cuando nos llegue el momento, también nosotros podamos ver a Dios tal cual es. No tengamos miedo de ser también nosotros, en este mundo y en el otro, santos anónimos."


Gabriel González del Estal

SALMO RESPONSORIAL 23, 1-6



R. ¡Benditos los que buscan al Señor!


Del Señor es la tierra y todo lo que hay en ella,

el mundo y todos sus habitantes,

porque Él la fundó sobre los mares,

Él la afirmó sobre las corrientes del océano. R.



¿Quién podrá subir a la Montaña del Señor

y permanecer en su recinto sagrado?

El que tiene las manos limpias y puro el corazón;

el que no rinde culto a los ídolos ni jura falsamente. R.



Él recibirá la bendición del Señor,

la recompensa de Dios, su Salvador.

Así son los que buscan al Señor,

los que buscan tu rostro, Dios de Jacob. R.

Lectura del libro del Apocalipsis 7, 2-4. 9-14


Yo, Juan, vi a un Ángel que subía del Oriente, llevando el sello del Dios vivo. Y comenzó a gritar con voz potente a los cuatro Ángeles que habían recibido el poder de dañar a la tierra y al mar:

«No dañen a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que marquemos con el sello la frente de los servidores de nuestro Dios».

Oí entonces el número de los que habían sido marcados: eran 144.000 pertenecientes a todas las tribus de Israel.

Después de esto, vi una enorme muchedumbre, imposible de contar, formada por gente de todas las naciones, familias, pueblos y lenguas. Estaban de pie ante el trono y delante del Cordero, vestidos con túnicas blancas; llevaban palmas en la mano y exclamaban con voz potente:

«¡La salvación viene de nuestro Dios que está sentado en el trono, y del Cordero!»

Y todos los Ángeles que estaban alrededor del trono, de los Ancianos y de los cuatro Seres Vivientes, se postraron con el rostro en tierra delante del trono, y adoraron a Dios, diciendo: «¡Amén!

¡Alabanza, gloria y sabiduría, acción de gracias, honor, poder y fuerza
a nuestro Dios para siempre! ¡Amén!»

Y uno de los Ancianos me preguntó: «¿Quiénes son y de dónde vienen los que están revestidos de túnicas blancas?»

Yo le respondí: «Tú lo sabes, señor».

Y él me dijo: «Éstos son los que vienen de la gran tribulación; ellos han lavado sus vestiduras y las han blanqueado en la sangre del Cordero».


Palabra de Dios.

Reflexionemos

San Juan nos introduce en la Jerusalén celestial que está poblada por seres que vienen de la gran tribulación; ellos han lavado sus vestiduras y las han blanqueado en la sangre del Cordero, y ahora entonan el cántico de la victoria y de la alabanza. La salvación -dicen- y la santidad que hemos conseguido pertenecen a nuestro Dios y al Cordero; no han sido obra y mérito nuestro, sino don suyo. Él sólo es el Santo, nosotros somos nada más que santificados. Es una multitud inmensa, de todos los pueblos, razas y naciones; es la Iglesia de los salvados que entró en la alegría de su Señor y ya vive oculta con Cristo en Dios.

P. Juan R. Celeiro

Solemnidad de Todos los Santos

La Solemnidad

La Iglesia nos manda echar en este día una mirada al cielo, que es nuestra futura patria, para ver allí con San Juan, a esa turba magna, a esa muchedumbre incontable de Santos, figurada en esas series de 12,000 inscritos en el Libro de la Vida, - con el cual se indica un número incalculable y perfecto, - y procedentes de Israel y de toda nación, pueblo y lengua, los cuales revestidos de blancas túnicas y con palmas en las manos, alaban sin cesar al Cordero sin mancilla. Cristo, la Virgen, los nueve coros de ángeles, los Apóstoles y Profetas, los Mártires con su propia sangre purpurados, los Confesores, radiantes con sus blancos vestidos, y los castos coros de Vírgenes forman ese majestuoso cortejo, integrado por todos cuantos acá en la tierra se desasieron de los bienes caducos y fueron mansos, mortificados, justicieros, misericordiosos, puros, pacíficos y perseguidos por Cristo. Entre esos millones de Justos a quienes hoy honramos y que fueron sencillos fieles de Jesús en la tierra, están muchos de los nuestros, parientes, amigos, miembros de nuestra familia parroquial, a los cuales van hoy dirigidos nuestros cultos. Ellos adoran ya al Rey de reyes y Corona de todos los Santos y seguramente nos alcanzarán abundantes misericordias de lo alto.

Esta fiesta común ha de ser también la nuestra algún día, ya que por desgracia son muy contados los que tienen grandes ambiciones de ser santos, y de amontonar muchos tesoros en el cielo. Alegrémonos, pues, en el Señor, y al considerarnos todavía bogando en el mar revuelto, tendamos los brazos, llamemos a voces a los que vemos gozar ya de la tranquilidad del puerto, sin exposición a mareos ni tempestades. Ellos sabrán compadecerse de nosotros, habiendo pasado por harto más recias luchas y penalidades que las nuestras. Muy necios seríamos si pretendiéramos subir al cielo por otro camino que el que nos dejó allanado Cristo Jesús y sus Santos.


Los Santos

La Sagrada Biblia llama "Santo" a aquello que está consagrado a Dios. La Iglesia Católica ha llamado "santos" a aquellos que se han dedicado a tratar de que su propia vida le sea lo más agradable posible a Nuestro Señor.

Hay unos que han sido "canonizados", o sea declarados oficialmente santos por el Sumo Pontífice, porque por su intercesión se han conseguido admirables milagros, y porque después de haber examinado minuciosamente sus escritos y de haber hecho una cuidadosa investigación e interrogatorio a los testigos que lo acompañaron en su vida, se ha llegado a la conclusión de que practicaron las virtudes en grado heroico.

Para ser declarado "Santo" por la Iglesia Católica se necesita toda una serie de trámites rigurosos. Primero una exhaustiva averiguación con personas que lo conocieron, para saber si en verdad su vida fue ejemplar y virtuosa. Si se logra comprobar por el testimonio de muchos que su comportamiento fue ejemplar, se le declara "Siervo de Dios". Si por detalladas averiguaciones se llega a la conclusión de que sus virtudes, fueron heroicas, se le declara "Venerable". Más tarde, si por su intercesión se consigue algún milagro totalmente inexplicable por medios humanos, es declarado "Beato". Finalmente si se consigue un nuevo y maravillosos milagro por haber pedido su intercesión, el Papa lo declara "santo".

Para algunos santos este procedimiento de su canonización ha sido rapidísimo, como por ejemplo para San Francisco de Asís y San Antonio, que sólo duró 2 años. Poquísimos otros han sido declarados santos seis años después de su muerte, o a los 15 o 20 años. Para la inmensa mayoría, los trámites para su beatificación y canonización duran 30, 40,50 y hasta cien años o más. Después de 20 o 30 años de averiguaciones, la mayor o menor rapidez para la beatificación o canonización, depende de que obtenga más o menos pronto los milagros requeridos.

Los santos "canonizados" oficialmente por la Iglesia Católica son varios millares. Pero existe una inmensa cantidad de santos no canonizados, pero que ya están gozando de Dios en el cielo. A ellos especialmente está dedicada esta fiesta de hoy.

La Santa Biblia afirma que al Cordero de Dios lo sigue una multitud incontable.


Señor Jesús: que cada uno de nosotros logremos formar también parte un día en el cielo para siempre del número de tus santos, de los que te alabaremos y te amaremos por los siglos de los siglos. Amén.

Esta es la voluntad de Dios: Que lleguemos a la santidad.

lunes, 31 de octubre de 2011

Hazme vivir, Señor, como Tú dices y vives

Que haga, no aquello que el mundo espera,

sino aquello que Tú deseas:

para construir tu Reino siendo tu sal y tu luz.

Con tu fuerza, Señor, y en tu Palabra,

que viva con el fervor de tus discípulos,

con la sencillez de María,

o arropado con el testimonio de los mártires.

Pero, Señor, que no viva de espaldas a tu Verdad:

que mi “sí” a tu voluntad,

se manifieste en un compromiso

sincero por un mundo mejor.

Que mi “si” a tu Palabra

sea luego imagen real de lo que pienso y realizo.

Que lejos de desafinar en mí existencia cristiana,

sepa armonizar mi idea, con mi práctica,

mis ilusiones, con mis realidades,

mis anhelos, con mis luchas diarias,

mi amistad contigo, con la fraternidad del día a día.




Hazme vivir, Señor, como Tú dices y vives.

Sin dividir mi estancia contigo, del servicio a los demás,

la oración que te contempla y te necesita,

del trabajo que me aguarda en la tierra que me espera.

Sin olvidar que, aún mirándote con mis ojos,

o escuchándote con mis oídos

me faltará por recorrer el camino del recio compromiso

de la vida que se ofrece sin medida,

de los gestos de perdón o de confianza.



Hazme vivir, Señor, como Tú dices y vives.

Desviviéndote, en tu intimidad con el Padre,

y deshaciéndote por la salvación de la humanidad.

Guiándote por la mano del Padre,

y dirigiendo con la tuya el camino

del que te desea y busca.

Proclamando la bondad de Dios en un mundo egoísta,

y mostrando, con tus heridas y tu cruz,

que tu vida no es solo palabra…no solo proyectos…

que, tu vida, es hacer aquello que vives: ¡DIOS!



P. Javier Leoz

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Roma 11, 29-36


Hermanos:

Los dones y el llamado de Dios son irrevocables. En efecto, ustedes antes desobedecieron a Dios, pero ahora, a causa de la desobediencia de ellos, han alcanzado misericordia.

De la misma manera, ahora que ustedes han alcanzado misericordia, ellos se niegan a obedecer a Dios. Pero esto es para que ahora ellos también alcancen misericordia. Porque Dios sometió a todos a la desobediencia, para tener misericordia de todos.

¡Qué profunda y llena de riqueza es la sabiduría y la ciencia de Dios! ¡Qué insondables son sus designios y qué incomprensibles sus caminos! "¿Quién penetró en el pensamiento del Señor? ¿Quién fue su consejero? ¿Quién le dio algo, para que tenga derecho a ser retribuido?" Porque todo viene de Él, ha sido hecho por Él, y es para Él. ¡A Él sea la gloria eternamente! Amén.

Palabra de Dios.

Reflexionemos

"¿Habrá Dios rechazado a su pueblo? Nada de eso". Pablo está convencido de que Dios sigue siendo fiel a sus promesas: pues "los dones y la llamada de Dios son irrevocables". Dos consideraciones suyas pueden llegar a sorprendernos. Afirma que, aunque parezca que el rechazo de Cristo es definitivo, llegará al fin la conversión de Israel: "entonces todo Israel será salvado". Además, la caída de Israel puede considerarse providencial para los otros pueblos: "a raiz de su caida, la salvación llegó a los paganos". Recordemos que, según el libro de los Hechos, tuvieron que salir de Jerusalén y de Judea, y ésa fue la ocasión para que anunciaran a los otros pueblos la Buena Noticia de Jesús.

P. Juan R. Celeiro

San Wolfgango

El del extraño nombre, del que ya se reían sus compañeros en la escuela, y que resulta aún más llamativo cuando se sabe lo que significa: el que anda como un lobo. El se lo latinizó en Lupámbulo, y recordemos a modo de anécdota que fue uno de los nombres que se impusieron a Goethe.


Era de noble familia suaba, en la Alemania del sur, se educó en la abadía de Reichenau, junto al lago de Constanza, y en el 956, ya famoso por su saber, fue nombrado director de las escuelas de la catedral de Tréveris. En este oscuro período de la cultura de Occidente es una de las luminarias de Europa.


Wolfgango dejó atrás la luz de la fama para encerrarse en un monasterio benedictino, el de Einsiedeln, pero unos años después se le encomiendan tareas misionales, primero en la Panonia, entre los feroces húngaros paganos, y luego, como obispo de Ratisbona, tiene que ponerse al frente de una inmensa diócesis gran parte de cuyos habitantes están aún por cristianizar.


Así, el recuerdo que nos deja no es ni de sabio ni de monje, sino de misionero, de organizador - lo cual incluía también la construcción de fortalezas militares -, de obispo que ha de mandar, predicar ante multitudes, reprimir abusos y proveer a mil necesidades de orden práctico.


Su actividad se funda en un criterio de puro sentido común: para evangelizar a las gentes hay que asegurarse primero que están evangelizados los monjes, y en consecuencia la reforma monástica y la rigurosa sujeción a la regla de san Benito es su punto de partida. Cristianizar a los cristianizadores puede ser aún el primer paso para cualquier empeño de que el mundo se parezca un poco más a Jesucristo.

domingo, 30 de octubre de 2011

Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Tesalónica 1, 5b; 2, 7b-9. 13


Hermanos:

Ya saben cómo procedimos cuando estuvimos allí al servicio de ustedes. Fuimos tan condescendientes con ustedes, como una madre que alimenta y cuida a sus hijos. Sentíamos por ustedes tanto afecto, que deseábamos entregarles, no solamente la Buena Noticia de Dios, sino también nuestra propia vida: tan queridos llegaron a sernos.

Recuerden, hermanos, nuestro trabajo y nuestra fatiga: cuando les predicábamos la Buena Noticia de Dios, trabajábamos día: y noche para no serles una carga.

Nosotros, por nuestra parte, no cesamos de dar gracias a Dios, porque cuando recibieron la Palabra que les predicamos, ustedes la aceptaron no como palabra humana, sino como lo que es realmente, como Palabra de Dios, que actúa en ustedes, los que creen.

Palabra de Dios.

"Pablo da gracias a Dios por la fe de los Tesalonicenses y la acogida que le dispensaron. El les recuerda el cariño que puso en su evangelización. En vez de darse importancia y hacer valer su autoridad, incluso para vivir a expensas de los tesalonicenses, ha preferido tratarles con el amor y la solicitud de una madre que se desvive por sus hijos. Aunque Pablo defiende el derecho de los apóstoles a vivir de la predicación evangélica, él mismo y sus cooperadores renunciaron siempre a ser mantenidos por los recién convertidos al Evangelio. Su predicación quedaba así a salvo de toda sospecha de lucro. Pablo acepta de buen grado las fatigas de un trabajo necesario para subsistir sin ser gravoso a los tesalonicenses."

SALMO RESPONSORIAL 130, 1-3


R. Señor, guarda mi alma en la paz junto a ti.


Mi corazón no se ha enorgullecido, Señor,

ni mis ojos se han vuelto altaneros.

No he pretendido grandes cosas

ni he tenido aspiraciones desmedidas. R.



No, yo aplaco y modero mis deseos:

como un niño tranquilo

en brazos de su madre,

así está mi alma dentro de mí. R.



Espere Israel en el Señor,

desde ahora y para siempre. R.

Lectura de la profecía de Malaquías 1, 14b—2. 2b. 8-10


Yo soy un gran Rey, dice el Señor de los ejércitos, y mi nombre es temible entre las naciones.
¡Y ahora, para ustedes es esta advertencia, sacerdotes! Si no escuchan y no se deciden a dar Gloria a mi Nombre, dice el Señor de los ejércitos, Yo enviaré sobre ustedes la maldición.

Ustedes se han desviando del camino, han hecho tropezar a muchos con su doctrina,
han pervertido la alianza de Leví, dice el Señor de los ejércitos.
Por eso Yo los he hecho despreciables y viles para todo el pueblo, porque ustedes no siguen mis caminos y hacen acepción de personas al aplicar la Ley
¿No tenemos todos un solo Padre? ¿No nos ha creado un solo Dios? ¿Porqué nos traicionamos unos a otros, profanando así la alianza de nuestros padres?

Palabra de Dios.

Reflexionemos

El profeta, de parte de Dios, lanza un duro diagnóstico sobre el Pueblo y sus dirigentes: se ha roto la Alianza y se ha extraviado el camino. ¿Por qué? Porque se hace acepción de personas cuando el mismo Dios es Padre y Creador de todos. Y se pregunta amargamente: ¿por qué nos traicionamos los unos a los otros? A veces, en nuestras comunidades, también percibimos con dolor la existencia de prejuicios, de miradas superficiales o apresuradas, de rumores y comentarios hirientes que terminan separándonos, enemistándonos, creando un clima de sospecha. ¿No será hora de convertirnos y de no participar más de esta dinámica de pecado que puede destruirnos? ¿O acaso la Alianza Nueva que Dios Padre celebró definitivamente con nosotros en la Cruz de Cristo quedará estéril? ¡Ojalá nuestras comunidades puedan vivir cada día más plenamente la Alianza ofrecida por el Hijo que, uno solo con el Padre, abre sus brazos en cruz y recibe a todos sin excepción!

P.Juan R. Celeiro

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