sábado, 27 de septiembre de 2014

Lectura del libro del Eclesiastés 11, 9-12, 8





Alégrate, muchacho, mientras eres joven,
y que tu corazón sea feliz en tus años juveniles.
Sigue los impulsos de tu corazón
y lo que es un incentivo para tus ojos;
pero ten presente que por todo eso
Dios te llamará a juicio.
Aparta de tu corazón la tristeza
y aleja de tu carne el dolor,
porque la juventud y la aurora de la vida pasan fugazmente.

Acuérdate de tu Creador
en los días de tu juventud,
antes que lleguen los días penosos
y vengan los años en los que dirás:
«No encuentro en ellos ningún placer»;
antes que se oscurezcan el sol y la luz,
la luna y las estrellas,
y vuelvan las nubes cargadas de lluvia.
En aquel día temblarán los guardianes de la casa
y se encorvarán los hombres vigorosos;
se detendrán las moledoras, que ya serán pocas,
y se oscurecerán las que miran por las ventanas;
se cerrarán las puertas de la calle,
mientras declina el ruido del molino;
cesará el canto de los pájaros
y enmudecerán las que entonan canciones.

Entonces se temerán las cuestas empinadas
y los terrores acecharán por el camino.
El almendro estará florecido,
se pondrá pesada la langosta
y la alcaparra perderá su eficacia.
Porque el hombre se va a su morada eterna,
mientras las plañideras rondan por la calle.
Sí, acuérdate de Él antes que se corte la hebra de plata
y se quiebre la ampolla de oro,
antes que se haga pedazos el cántaro en la fuente
y se rompa la cuerda del aljibe;
antes que el polvo vuelva a la tierra, como lo que es,
y el aliento vuelva a Dios, porque es Él quien lo dio.

¡Vanidad, pura vanidad!, dice Cohélet.
¡Nada más que vanidad! 


Palabra de Dios


Reflexionamos juntos

El Eclesiastés se termina con una hermosísima evocación de la “juventud, el tiempo de la vitalidad que debe vivirse con alegría, sabiendo, por otra parte que es pasajera y de la cual tendremos que rendir cuentas. También describe “la vejez” en términos llenos de poesía. A través de la caducidad  de la vida se siente un profundo un amor hacia los ancianos, una especie de nostalgia amorosa que pone de relieve la realista belleza de esa edad. Resulta inútil añorar la juventud. Lo mejor es vivir cada edad de la vida con realismo. “El hombre se va a su morada eterna”: Nuestro Padre lo espera a la puerta de su morada y los brazos de Dios se abrirán para él. ¿Podemos decir que todo es vanidad cuando todo se acaba con esta promesa. !Solo la fe nos abre a esta certeza¡

P. Juan R. Celeiro 

SALMO RESPONSORIAL 89, 3-6. 12-14. 17




R.    ¡Tú has sido nuestro refugio, Señor!

Tú haces que los hombres vuelvan al polvo,
con sólo decirles: «Vuelvan, seres humanos».
Porque mil años son ante tus ojos
como el día de ayer, que ya pasó,
como una vigilia de la noche. R.

Tú los arrebatas, y son como un sueño,
como la hierba que brota de mañana:
por la mañana brota y florece,
y por la tarde se seca y se marchita. R.

Enséñanos a calcular nuestros años,
para que nuestro corazón alcance la sabiduría.
¡Vuélvete, Señor! ¿Hasta cuándo...?
Ten compasión de tus servidores. R.

Sácianos en seguida con tu amor,
y cantaremos felices toda nuestra vida.
Que descienda hasta nosotros la bondad del Señor;
que el Señor, nuestro Dios,
haga prosperar la obra de nuestras manos. R.


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 9, 43b-45




Mientras todos se admiraban por .las cosas que hacía, Jesús dijo a sus discípulos: «Escuchen bien esto que les digo: El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres».
Pero ellos no entendían estas palabras: su sentido les resultaba oscuro, de manera que no podían comprenderlas, y temían interrogar a Jesús acerca de esto.

Palabra del Señor. 



¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida?



Hay cosas en las que Jesús no se cansa de insistir. Les avisa una y otra vez: ha de ser entregado en manos de los hombres. Pero ellos no entendían. Sabían que Jesús era el Salvador, pero no les cabía en la cabeza que la salvación pasara necesariamente por el sufrimiento. A todos nos cuesta entender el dolor y la muerte.



Sin embargo, si queremos ser fieles a Dios, si queremos hacer presente su amor, en algún momento nos vamos a encontrar con el rechazo de muchos, nos toparemos con la cruz.

            “Señor, enséñanos a tomar la cruz de cada día y a seguirte”

            “Gracias por las personas que saben amar hasta el final”

            “Perdona y cura nuestra cobardía frente al dolor”

Señor, dame la valentía
de arriesgar la vida por ti,
el gozo desbordante
de gastarme en tu servicio.
Dame, Señor, alas para volar
y pies para caminar
al paso de los hombres.
Entrega, Señor, entrega
para “dar la vida”
desde la vida,
la de cada día.
Infúndenos, Señor,
el deseo de darnos y entregarnos,
de dejar la vida
en el servicio a los débiles.
Señor, haznos constructores de tu vida,
propagadores de tu reino,
ayúdanos a poner la tienda en medio de los hombres
para llevarles el tesoro
de tu amor que salva.
Haznos, Señor, dóciles a tu Espíritu
para ser conducidos
a dar la vida desde la cruz,
desde la vida que brota
cuando el grano muere en el surco.



San Vicente de Paúl

Nació San Vicente en el pueblecito de Pouy en Francia, en 1580. Su niñez la pasó en el campo, ayudando a sus padres en el pastoreo de las ovejas. Desde muy pequeño era sumamente generoso en ayudar a los pobres.
Los papás lo enviaron a estudiar con los padres franciscanos y luego en la Universidad de Toulouse, y a los 20 años, en 1600 fue ordenado de sacerdote.
Dice el santo que al principio de su sacerdocio lo único que le interesaba era hacer una carrera brillante, pero Dios lo purificó con tres sufrimientos muy fuertes.
. El Cautiverio. Viajando por el mar, cayó en manos de unos piratas turcos los cuales lo llevaron como esclavo a Túnez donde estuvo los años 1605, 1606 y 1607 en continuos sufrimientos.
. Logró huir del cautiverio y llegar a Francia, y allí se hospedó en casa de un amigo, pero a este se le perdieron 400 monedas de plata y le echó la culpa a Vicente y por meses estuvo acusándolo de ladrón ante todos los que encontraba. El santo se callaba y solamente respondía: "Dios sabe que yo no fui el que robó ese dinero". A los seis meses apareció el verdadero ladrón y se supo toda la verdad. San Vicente al narrar más tarde este caso a sus discípulos les decía: "Es muy provechoso tener paciencia y saber callar y dejar a Dios que tome nuestra defensa".
. La tercera prueba fue una terrible tentación contra la fe, que aceptó para lograr que Dios librara de esa tentación a un amigo suyo. Esto lo hizo sufrir hasta lo indecible y fue para su alma "la noche oscura". A los 30 años escribe a su madre contándole que amargado por los desengaños humanos piensa pasar el resto de su vida retirado en una humilde ermita. Cae a los pies de un crucifijo, consagra su vida totalmente a la caridad para con los necesitados, y es entonces cuando empieza su verdadera historia gloriosa.
Hace voto o juramento de dedicar toda su vida a socorrer a los necesitados, y en adelante ya no pensará sino en los pobres. Se pone bajo la dirección espiritual del Padre Berule (futuro cardenal) sabio y santo, hace Retiros espirituales por bastantes días y se lanza al apostolado que lo va a volver famoso.
Dice el santo "Me di cuenta de que yo tenía un temperamento bilioso y amargo y me convencí de que con un modo de ser áspero y duro se hace más mal que bien en el trabajo de las almas. Y entonces me propuse pedir a Dios que me cambiara mi modo agrio de comportarme, en un modo amable y bondadoso y me propuse trabajar día tras día por transformar mi carácter áspero en un modo de ser agradable". Y en verdad que lo consiguió de tal manera, que varios años después, el gran orador Bossuet, exclamará: "Oh Dios mío, si el Padre Vicente de Paúl es tan amable, ¿Cómo lo serás Tú?".
San Vicente contaba a sus discípulos: "Tres veces hablé cuando estaba de mal genio y con ira, y las tres veces dije barbaridades". Por eso cuando le ofendían permanecía siempre callado, en silencio como Jesús en su santísima Pasión".
Se propuso leer los escritos del amable San Francisco de Sales y estos le hicieron mucho bien y lo volvieron manso y humilde de corazón. Con este santo fueron muy buenos amigos.
Vicente se hace amigo del Ministro de la marina de Francia, y este lo nombra capellán de los marineros y de los prisioneros que trabajan en los barcos. Y allí descubre algo que no había imaginado: la vida horrorosa de los galeotes. En ese tiempo para que los barcos lograran avanzar rápidamente les colocaban en la parte baja unos grandes remos, y allá en los subterráneos de la embarcación (lo cual se llama galera) estaban los pobres prisioneros obligados a mover aquellos pesados remos, en un ambiente sofocante, en medio de la hediondez y con hambre y sed, y azotados continuamente por los capataces, para que no dejaran de remar.
San Vicente se horrorizó al constatar aquella situación tan horripilante y obtuvo del Ministro, Sr. Gondi, que los galeotes fueran tratados con mayor bondad y con menos crueldad. Y hasta un día, él mismo se puso a remar para reemplazar a un pobre prisionero que estaba rendido de cansancio y de debilidad. Con sus muchos regalos y favores se fue ganando la simpatía de aquellos pobres hombres.
El Ministro Gondi nombró al Padre Vicente como capellán de las grandes regiones donde tenía sus haciendas. Y allí nuestro santo descubrió con horror que los campesinos ignoraban totalmente la religión. Que las pocas confesiones que hacía eran sacrílegas porque callaban casi todo. Y que no tenían quién les instruyera. Se consiguió un grupo de sacerdotes amigos, y empezó a predicar misiones por esos pueblos y veredas y el éxito fue clamoroso. Las gentes acudían por centenares y miles a escuchar los sermones y se confesaban y enmendaban su vida. De ahí le vino la idea de fundar su Comunidad de Padres Vicentinos, que se dedican a instruir y ayudar a las gentes más necesitadas. Son ahora 4,300 en 546 casas.
El santo fundaba en todas partes a donde llegaba, unos grupos de caridad para ayudar e instruir a las gentes más pobres. Pero se dio cuenta de que para dirigir estas obras necesitaba unas religiosas que le ayudaran. Y habiendo encontrado una mujer especialmente bien dotada de cualidades para estas obras de caridad, Santa Luisa de Marillac, con ella fundó a las hermanas Vicentinas, que son ahora la comunidad femenina más numerosa que existe en el mundo. Son ahora 33,000 en 3,300 casas y se dedican por completo a socorrer e instruir a las gentes más pobres y abandonadas, según el espíritu de su fundador.
San Vicente poseía una gran cualidad para lograr que la gente rica le diera limosnas para los pobres. Reunía a las señoras más adineradas de París y les hablaba con tanta convicción acerca de la necesidad de ayudar a quienes estaban en la miseria, que ellas daban cuanto dinero encontraban a la mano. La reina (que se confesaba con él) le dijo un día: "No me queda más dinero para darle", y el santo le respondió: "¿Y esas joyas que lleva en los dedos y en el cuello y en las orejas?", y ella le regaló también sus joyas, para los pobres.
Parece casi imposible que un solo hombre haya podido repartir tantas, y tan grandes limosnas, en tantos sitios, y a tan diversas clases de gentes necesitadas, como lo logró San Vicente de Paúl. Había hecho juramento de dedicar toda su vida a los más miserables y lo fue cumpliendo día por día con generosidad heroica. Fundó varios hospitales y asilos para huérfanos. Recogía grandes cantidades de dinero y lo llevaba a los que habían quedado en la miseria a causa de la guerra.
Se dio cuenta de que la causa principal del decaimiento de la religión en Francia era que los sacerdotes no estaban bien formados. Él decía que el mayor regalo que Dios puede hacer a un pueblo es dale un sacerdote santo. Por eso empezó a reunir a quienes se preparaban al sacerdocio, para hacerles cursos especiales, y a los que ya eran sacerdotes, los reunía cada martes para darles conferencias acerca de los deberes del sacerdocio. Luego con los religiosos fundados por él, fue organizando seminarios para preparar cuidadosamente a los seminaristas de manera que llegaran a ser sacerdotes santos y fervorosos. Aún ahora los Padres Vicentinos se dedican en muchos países del mundo a preparar en los seminarios a los que se preparan para el sacerdocio.
San Vicente caminaba muy agachadito y un día por la calle no vio a un hombre que venía en dirección contraria y le dio un cabezazo. El otro le dio un terrible bofetón. El santo se arrodilló y le pidió perdón por aquella su falta involuntaria. El agresor averiguó quien era ese sacerdote y al día siguiente por la mañana estuvo en la capilla donde le santo celebraba misa y le pidió perdón llorando, y en adelante fue siempre su gran amigo. Se ganó esta amistad con su humildad y paciencia.
Siempre vestía muy pobremente, y cuando le querían tributar honores, exclamaba: "Yo soy un pobre pastorcito de ovejas, que dejé el campo para venirme a la ciudad, pero sigo siendo siempre un campesino simplón y ordinario".
En sus últimos años su salud estaba muy deteriorada, pero no por eso dejaba de inventar y dirigir nuevas y numerosas obras de caridad. Lo que más le conmovía era que la gente no amaba a Dios. Exclamaba: "No es suficiente que yo ame a Dios. Es necesario hacer que mis prójimos lo amen también".
El 27 de septiembre de 1660 pasó a la eternidad a recibir el premio prometido por Dios a quienes se dedican a amar y hacer el bien a los demás. Tenía 80 años.
El Santo Padre León XIII proclamó a este sencillo campesino como Patrono de todas las asociaciones católicas de caridad.

viernes, 26 de septiembre de 2014

El Evangelio de San Lucas

Fue escrito por san Lucas, médico de profesión, hombre culto y perfecto conocedor del griego. Fue discípulo de san Pablo. No fue testigo directo de la vida del Señor. Tal vez fue María la que le proporcionó la mayor parte de la información que se contiene en los primeros capítulos de su evangelio.

Lo debió escribir con anterioridad a la caída de Jerusalén, el año 70. Y los destinatarios de su obra son pagano-cristianos helenistas, no romanos.



  • Fin del evangelio de Lucas: todo el evangelio de Lucas está encaminado a presentar a Jesús como el gran amigo de los pecadores, como el más misericordioso y amable de los seres que han existido.

    Claves:

    La situación de esta comunidad no es tensa ni con los judíos ni con los romanos. Los cristianos de la provincia de Siria están en diálogo con la cultura griega. En estos años, las comunidades cristianas habían perdido su entusiasmo inicial. Se estaban acomodando a la rutina de cada día: les atraían los valores terrenos, como el dinero o el poder; no tenían ya el contrapeso de la espera de una venida inminente del Señor.

    En estas circunstancias, Lucas trata de reactivar la fe y el entusiasmo de los creyentes para que tengan seguridad en la autenticidad de las enseñanzas que han recibido. Poniendo de manifiesto el papel que tiene Jesús en la historia, pretende escribir una historia de salvación. En este camino hacia la salvación hay que ir libre de ataduras, como las riquezas y otros compromisos.

    Presenta a Jesús como modelo de Profeta ungido, como Salvador, como Señor.

    Presenta la Iglesia como una iglesia encarnada en la historia de los hombres, siempre en camino para realizar el plan de Jesús; una Iglesia capaz de desprenderse de todo lo accesorio que le impida seguir caminando. El modo concreto de esta presencia de la Iglesia en la historia humana se narrará en la segunda parte de la obra de Lucas (los Hechos).

    Presenta el itinerario del discípulo:
  • Primero el discípulo es llamado (Lc 5, 1-11).
  • Pasa por un estadio de euforia en el seguimiento de Jesús (Lc 9, 20-36).
  • Jesús lo purifica de su orgullo y le prepara para el momento de la caída (Lc 22, 31-34).
  • La caída la purificación interior con el mandato (Lc 22, 54-62).


    Contenido:

    a) Es el Evangelio de la misericordia y de los grandes perdones: en este evangelio encontramos las páginas que mejor hablan de la ternura y misericordia de Dios.

    b) Es el Evangelio de la salvación universal: ese perdón y ternura alcanzan a todos los hombres.

    c) Es el Evangelio de los pobres: insiste en la predilección de Jesús por los pobres, los marginados, los samaritanos, los despreciados.

    d) Es el Evangelio de la oración: presenta a Jesús en oración, enseña a los discípulos a orar; presenta ejemplos de oración en María, en Zacarías, en Getsemaní, en la cruz.

    e) Es el Evangelio del Espíritu Santo: el fruto de la oración es el Espíritu Santo. Lucas insiste en el protagonismo del Espíritu Santo en la vida de Jesús y del cristiano.

    f) Es el Evangelio de la alegría: una vida de oración, de unión con el Espíritu Santo es fuente de gozo y alegría para todos. La salvación concedida a todos engendra alegría.

    g) Es el Evangelio de la radicalidad y exigencias del maestro: la ternura de Dios y el optimismo de la salvación no ocultan las dificultades y las sombras del camino de Cristo y del cristiano. Es una renuncia a las riquezas, sobre todo.



    Si hemos llamado a Marcos el Evangelio del catecúmeno, porque su objetivo era provocar el acto de fe en Jesús, como Hijo de Dios, a Lucas se le conoce como el Evangelio del testigo o del evangelizador. Una de las razones es porque su estructura es como una formación gradual del cristiano a ser testigo y evangelizador. Lucas enseña al cristiano a llevar la palabra a quien no cree. Precisamente por esto, Lucas sintió la necesidad de continuar con los Hechos de los apóstoles, para poder presentar una serie de ejemplos de catequesis y de evangelización en la Iglesia primitiva.
  • Bayer paga casi 2 mil millones de dólares por daños causados por anticonceptivos

    LIMA, 25 Sep. 14 / 03:04 am (ACI/EWTN Noticias).- En su informe financiero para accionistas del segundo trimestre de 2014, la empresa farmacéutica alemana Bayer reconoció haber pagado cerca de 2 mil millones de dólares en acuerdos por denuncias de daños causados por sus medicamentos anticonceptivos orales Yasmin, Yaz, Ocella y Gianvi, en Estados Unidos.
    En la página 54 de su reporte, Bayer, cuyo lema es “ciencia para una vida mejor”, reconoce que “para el 9 de julio, Bayer ha llegado a acuerdos, sin admisión de responsabilidad, para resolver las demandas de aproximadamente 8,900 demandantes en los Estados Unidos, por un monto total de 1,8 mil millones de dólares”.
    Según su propio documento, las personas afectadas denunciaron haber sufrido “afecciones personales, algunas de ellas fatales, debido al uso de productos anticonceptivos de Bayer conteniendo drospirenona, tales como Yasmin y/o Yaz, o por el uso de Ocella y/o Gianvi, versiones genéricas de Yasmin y Yaz, respectivamente”.
    Bayer reconoció que solo ha resuelto demandas en Estados Unidos “por lesiones de coágulos venosos (trombosis venosa profunda o embolia pulmonar), después de un análisis de registros médicos de casos específicos de forma continua”.
    “Este tipo de lesiones se alegan en aproximadamente 2,400 de las demandas pendientes no liquidadas”, reconoció Bayer.
    En total, para el 9 de julio de este año, Bayer tenía aún 5 mil demandas por resolver.
    A pesar del fuerte impacto económico, Bayer ofreció a sus accionistas que seguirá “resolviendo el asunto” con las personas afectadas por sus anticonceptivos, buscando siempre que los millonarios pagos no tengan “un impacto material sobre la posición financiera de Bayer”.

    Lectura del libro del Eclesiastés 3, 1-11



    Hay un momento para todo
    y un tiempo para cada cosa bajo el sol:
    un tiempo para nacer y un tiempo para morir,
    un tiempo para plantar y un tiempo para arrancar lo plantado;
    un tiempo para matar y un tiempo para sanar,
    un tiempo para demoler y un tiempo para edificar;
    un tiempo para llorar y un tiempo para reír,
    un tiempo para lamentarse y un tiempo para bailar;
    un tiempo para arrojar piedras y un tiempo para recogerlas,
    un tiempo para abrazarse y un tiempo para separarse;
    un tiempo para buscar y un tiempo para perder,
    un tiempo para guardar y un tiempo para tirar;
    un tiempo para rasgar y un tiempo para coser,
    un tiempo para callar y un tiempo para hablar;
    un tiempo para amar y un tiempo para odiar,
    un tiempo de guerra y un tiempo de paz.

    ¿Qué provecho obtiene el trabajador con su esfuerzo?
    Yo vi la tarea que Dios impuso a los hombres
    para que se ocupen de ella.
    Él hizo todas las cosas apropiadas a su tiempo,
    pero también puso en el corazón del hombre
    el sentido del tiempo pasado y futuro,
    sin que el hombre pueda descubrir
    la obra que hace Dios desde el principio hasta el fin.

    Palabra de Dios. 


    Reflexionamos juntos

    El autor cita de manera poética y monótona, 28 acciones humanas, opuestas y contradictorias, que siguen el ritmo de la vida del hombre: “hacer y deshacer”.El hombre tiende a contradecirse, a empezar siempre de nuevo. Esta alternancia es decepcionante, porque hace más difícil la continuidad en el esfuerzo. ¿Por qué construir una pared para derribarla luego? El hombre sin embargo es el único ser de la creación que siente el dolor de su fragilidad.: prueba de que su fin es otro, la posesión inmutable y eterna de si mismo. Para él, en medio del flujo y el reflujo del “tiempo”, esta lo “infinito” que se va construyendo. Hoy se desarrolla la eternidad, estas inmerso en ella, y todo lo que haces, minuto tras minuto toma una densidad eterna en Dios. Algo de lo “permanente” se construye en el núcleo mismo de lo que fluye y pasa. “Incluso si en mí el hombre exterior se va arruinando, el hombre interior se construye día a día” ( S. Pablo).

    P. Juan R. Celeiro 

    SALMO RESPONSORIAL 143, 1a. 2-4


    R.    ¡Bendito sea el Señor, mi Roca!

    Bendito sea el Señor, mi Roca,
    Él es mi bienhechor y mi fortaleza,
    mi baluarte y mi libertador;
    Él es el escudo con que me resguardo. R.

    Señor, ¿qué es el hombre para que Tú lo cuides,
    y el ser humano, para que pienses en él?
    El hombre es semejante a un soplo,
    y sus días son como una sombra fugaz. R.

    Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 9, 18-22


    Un día en que Jesús oraba a solas y sus discípulos estaban con Él, les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy Yo?»
    Ellos le respondieron: «Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los antiguos profetas que ha resucitado».
    «Pero ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy Yo?»
    Pedro, tomando la palabra, respondió: «Tú eres el Mesías de Dios».
    Y Él les ordenó terminantemente que no lo anunciaran a nadie, diciéndoles:
    «El Hijo del hombre debe sufrir mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser condenado a muerte y resucitar al tercer día».

    Palabra del Señor.



    ¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida?

    Jesús, nuestro Maestro, nos pregunta: ¿quién decís que soy yo? ¿Sabes la respuesta? No tengas prisa en responder. No pienses solamente en lo que sabes, piensa en tu relación personal con él, piensa en cómo él influye en la vida de cada día. Cuando lo hayas pensado, dile la respuesta al Maestro.

    ¿Quién te gustaría que fuera Jesús en tu vida?

    Jesús es el Mesías de Dios, pero no por eso va a evitar el trago amargo de la cruz. El camino del amor pasa antes de después por la estación dolorosa de la cruz. Jesús nos avisa. Pedimos fuerza para ser fieles en la dificultad.

    Aunque cada uno tenemos que dar nuestra respuesta personal, quizá nos pueda servir esta oración:
    Tú eres, Jesús, la brújula más precisa para encontrar la felicidad.
    Tú eres, Jesús, el camino más recto para construir un mundo de hermanos.
    Tú eres, Jesús, el amigo más fiel y el esposo más amoroso.
    Tú eres, Jesús, el que viene cuando todos se van y el que se queda cuando todos se marchan.
    Tú eres, Jesús, el que se enciende cuando todo se apaga, el único que nunca falla.
    Tú eres, Jesús, el sol de mis días claros y la estrella de mis días oscuros.
    Tú eres, Jesús, el Salvador de mis miedos, de mis pecados, de mis dudas.
    Tú eres, Jesús, el cimento sobre el que construyo mi vida y la meta a la que me dirijo.
    Tú eres, Jesús, la razón de mi alegría y el fundamento de mi esperanza.
    Tú eres, Jesús, mi amor, mi paz, mi Dios, mi Señor.
    Contigo iré, Jesús, si Tú me ayudas. Contigo tomaré la cruz que nos conduce a la Vida más grande.

    San Cosme y San Damián


    Estos dos santos han sido (junto con San Lucas) los patronos de los médicos católicos. En oriente los llaman "los no cobradores", porque ejercían la medicina sin cobrar nada a los pacientes pobres.
    Eran hermanos gemelos y nacieron en Arabia, en el siglo tercero. Se dedicaron a la medicina y llegaron a ser muy afamados médicos. Pero tenían la especialidad de que a los pobres no les cobraban la consulta ni los remedios. Lo único que les pedía era que les permitieran hablarles por unos minutos acerca de Jesucristo y de su evangelio.
    La gente los querían muchísimo y en muchos pueblos eran considerados como unos verdaderos benefactores de los pobres. Y ellos aprovechaban su gran popularidad para ir extendiendo la religión de Jesucristo por todos los sitios donde llegaban.
    Lisias, el gobernador de Cilicia, se disgustó muchísimo porque estos dos hermanos propagaban la religión de Jesús. Trató inútilmente de que dejaran de predicar, y como no lo consiguió, mandó echarlos al mar. Pero una ola gigantesca los sacó sanos y salvos a la orilla. Entonces los mandó quemar vivos, pero las llamas no los tocaron, y en cambio quemaron a los verdugos paganos que los querían atormentar. Entonces el mandatario pagano mandó que les cortaran la cabeza, y así derramaron su sangre por proclamar su amor al Divino Salvador.
    Y sucedió entonces que junto a la tumba de los dos hermanos gemelos, Cosme y Damián, empezaron a obrarse maravillosos curaciones. El emperador Justiniano de Constantinopla, en una gravísima enfermedad, se encomendó a estos dos santos mártires y fue curado inexplicablemente. Con sus ministros se fue personalmente a la tumba de los dos santos a darles las gracias.
    En Constantinopla levantaron dos grandes templos en honor de estos dos famosos mártires y en Roma les construyeron una basílica con bellos mosaicos.

    jueves, 25 de septiembre de 2014

    uestra Señora del Rosario de San Nicolás. ¡Feliz día Madre!

    San Nicolás, escenario de un suceso de características singulares, que hoy conmueve al país y ha trascendido las fronteras de la patria, convirtiendo a nuestra ciudad en la Ciudad de María.
    En setiembre de 1983, la población nicoleña se conmocionó con la noticia de que en diversas casas de familias se iluminaban los rosarios, despertando el sentimiento religioso de unos y el escepticismo de otros.
    Mientras esto se repetía, cada vez con mas frecuencia, congregando al rezo del Santo Rosario a multitud de vecinos, a una mujer sencilla, buena esposa y madre ejemplar, comienza a aparecérsele la Santísima Virgen, registrándose el 25 de setiembre de 1983, como la fecha en que por primera vez experimenta este suceso maravilloso.
    El mayor mérito de esta mujer consiste quizás, en la discreta conducta observada, ya que nunca intentó cobrar notoriedad pese al extraordinario privilegio de haber sido destinataria de tal gracia.
    Comienza así el fluido e ininterrumpido dialogo, donde la Reina del Cielo , avala sus mensajes con citas bíblicas, cuya concordancia resultaría imposible explicar sin la intervención divina, por no contar la receptora, con la más elemental instrucción bíblica, exegética y teológica necesaria, para armonizar los textos de los mensajes con los de la Palabra de Dios, en forma tan exacta.
    Los mensajes, uno o varios por día, constituyen una verdadera catequesis, lo que es la originalidad de esta manifestación mariana, cuya principal temática, al estilo de Lourdes, Fátima o Lasalette, o cualquiera de las otras revelaciones de la Virgen son:
    La alianza entre Dios y su pueblo, la necesidad de la conversión de los pecadores.
    La recomendación insistente de orar por la paz del mundo.
    La conveniencia de difundir y practicar la devoción del Santo Rosario.
    La importancia de hacer penitencia y predicar la Palabra de Dios, tema este último, que adquiere en labios de la Virgen un carácter de suma urgencia, las frecuentes exhortaciones a la paz, al amor al prójimo.
    La necesidad de comulgar frecuentemente y orar pidiendo al Espíritu Santo.

    VIRGEN DEL ROSARIO DE SAN NICOLAS, RUEGA POR NOSOTROS Y POR EL MUNDO ENTERO, AMEN

    Lectura del libro del Eclesiastés 1, 2-11




    ¡Vanidad, pura vanidad!, dice el sabio Cohélet.
    ¡Vanidad, pura vanidad! ¡Nada más que vanidad!
    ¿Qué provecho saca el hombre
    de todo el esfuerzo que realiza bajo el sol?

    Una generación se va y la otra viene,
    y la tierra siempre permanece.
    El sol sale y se pone,
    y se dirige afanosamente hacia el lugar
    de donde saldrá otra vez.
    El viento va hacia el sur
    y gira hacia el norte;
    va dando vueltas y vueltas,
    y retorna sobre su curso.
    Todos los ríos van al mar
    y el mar nunca se llena;
    al mismo lugar donde van los ríos,
    allí vuelven a ir.
    Todas las cosas están gastadas,
    más de lo que se puede expresar.
    ¿No se sacia el ojo de ver,
    el oído no se cansa de escuchar?
    Lo que fue, eso mismo será;
    lo que se hizo, eso mismo se hará:
    ¡no hay nada nuevo bajo el sol!
    Si hay algo de lo que dicen:
    «Mira, esto sí que es algo nuevo»,
    en realidad, eso mismo ya existió
    muchísimo antes que nosotros.
    No queda el recuerdo de las cosas pasadas,
    ni quedará el recuerdo de las futuras
    en aquéllos que vendrán después.

    Palabra de Dios. 


    Reflexionamos juntos

     Entre los libros sapienciales, el Eclesiastes o Cohelet, en hebreo, es  celebre porque expresa en un lenguaje sumamente práctico algunos de los sentimientos humanos más corrientes de nuestra época: el desencanto, el aburrimiento, el peso de la condición humana, la aparente absurdidad de la vida y de la muerte. Nada puede “satisfacer” totalmente al hombre: ni el placer, ni la riqueza, ni el trabajo, garantizan al hombre su felicidad. El corazón del hombre está hecho para Dios: ninguna otra cosa podrá satisfacerlo. Es demasiado grande para contentarse con los pequeños disfrutes parciales de aquí abajo. La insatisfacción terrestre causa un “vacío” que solo podrá colmar la revelación de Dios.

    P. Juan R. Celeiro

    SALMO RESPONSORIAL 89, 3-6. 12-14. 17




    R.    ¡Tú eres nuestro refugio, Señor!

    Tú haces que los hombres vuelvan al polvo,
    con sólo decirles: «Vuelvan, seres humanos».
    Porque mil años son ante tus ojos
    como el día de ayer, que ya pasó,
    como una vigilia de la noche. R.

    Tú los arrebatas, y son como un sueño,
    como la hierba que brota de mañana:
    por la mañana brota y florece,
    y por la tarde se seca y se marchita. R.

    Enséñanos a calcular nuestros años,
    para que nuestro corazón alcance la sabiduría.
    ¡Vuélvete, Señor! ¿Hasta cuándo...?
    Ten compasión de tus servidores. R.

    Sácianos en seguida con tu amor,
    y cantaremos felices toda nuestra vida.
    Que descienda hasta nosotros la bondad del Señor;
    que el Señor, nuestro Dios,
    haga prosperar la obra de nuestras manos. R.


    Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 9, 7-9




    El tetrarca Herodes se enteró de todo lo que Jesús hacía y enseñaba, y estaba muy desconcertado porque algunos decían: «Es Juan, que ha resucitado». Otros decían: «Es Elías, que se ha aparecido», y otros: «Es uno de los antiguos profetas que ha resucitado».
    Pero Herodes decía: «A Juan lo hice decapitar. Entonces, ¿quién es éste del que oigo decir semejantes cosas?» Y trataba de verlo.

    Palabra del Señor.



    ¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida?



    Jesús no pasa inadvertido. No busca la notoriedad, pero su estilo de vida llama la atención. Quieren escucharlo y verlo hasta sus propios enemigos.



    ¿Cómo es nuestra vida? ¿Llamamos la atención por ser coherentes, por estar con los más pobres, por elegir los últimos puestos, por servir más que nadie, por asumir con esperanza la cruz y el dolor, por creer en Dios y en las personas? ¿o llamamos la atención por otras cosas menos evangélicas?

                “Señor, llénanos de tu Espíritu
                 para que nuestra vida sea manifestación de tu amor”

    San Carlos de Sezze

    Este humilde hermano franciscano escribió por orden expresa de sus superiores los recuerdos de hechos especiales que le sucedieron en su vida. Son los siguientes.
    Nació en 1620 en el pueblo italiano de Sezze.
    De familia pobre, cuando empezó a asistir a la escuela, un día por no dar una lección, el maestro le dio una paliza tan soberana que lo mandó a cama. Entonces los papás lo enviaron a trabajar en el campo y allá pensaba vivir para siempre.
    Pero sucedió que un día una bandada de aves espantó a los bueyes que Carlos dirigía cuando estaba arando, y estos arremetieron contra él con gravísimo peligro de matarlo. Cuando sintió que iba a perecer en el accidente, prometió a Dios que si le salvaba la vida se haría religioso. Y milagrosamente quedó ileso, sin ninguna herida.
    Entonces otro día al ver pasar por allí unos religiosos franciscanos les pidió que le ayudaran a entrar en su comunidad. Ellos lo invitaron a que fuera a Roma a hablar con el Padre Superior, y con su recomendación se fue allá con tres compañeros más.
    El superior para probar si en verdad tenían virtud, los recibió muy ásperamente y les dijo que eran unos haraganes que sólo buscaban conseguirse el alimento gratuitamente, y los echó para afuera. Pero ellos se pusieron a comentar que su intención era buena y que deberían insistir. Y entraron por otra puerta del convento y volvieron a suplicar al superior que los recibiera. Este, haciéndose el bravo, les dijo que esa noche les permitía dormir allí como limosneros pero que al día siguiente tendrían que irse definitivamente. Los cuatro aceptaron esto con toda humildad, pero al día siguiente en vez de despacharlos les dijeron que ya habían pasado la prueba preparatoria y que quedaban admitidos como aspirantes.
    En el noviciado el maestro lo mandó a que sembrara unos repollos, pero con la raíz hacia arriba. Él obedeció prontamente y los repollos retoñaron y crecieron. Después el superior del noviciado empezó a humillarlo y humillarlo. Él aguantaba todo con paciencia, pero al fin viendo que iba a estallar en ira, se fue donde el maestro de novicios a decirle que se volvía otra vez al mundo porque ya no resistía más. El sacerdote le agradeció que le hubiera confiado sus problemas y le arregló su situación y pudo seguir tranquilo hasta ser admitido como franciscano.
    Ya religioso, un día entraron a la huerta del convento unos toros bravos que embestían sin compasión a todo fraile que se les presentara. El superior, para probar qué tan obediente era el hermano Carlos, le ordenó: "Vaya, amarre esos toros y sáquelos de aquí". El se llevó un lazo, les echó la bendición a los feroces animales y todos se dejaron atar de los cachos y lo fueron siguiendo como si fueran mansos bueyes. La gente se quedó admirada ante semejante cambio tan repentino, y consideraron este prodigio como un premio a su obediencia.
    Para que no se volviera orgulloso a causa de las cosas buenas que le sucedían, permitió
    Dios que le sucedieran también cosas muy desagradables. Lo pusieron de cocinero y los platos se le caían de la mano y se le rompían, y esto le ocasionaba tremendos regaños. Una noche dejó el fogón a medio apagar y se quemó la cocina y casi se incendia todo el convento. Entonces fue destituido de su cargo de cocinero y enviado a cultivar la huerta. A un religioso que le preguntaba por qué le sucedían hechos tan desagradables, le respondió: "Los permite Dios para que no me llene de orgullo y me mantenga siempre humilde".
    Después lo nombraron portero del convento y admitía a todo caminante pobre que pidiera hospedaje en las noches frías. Y repartía de limosna cuanto la gente traía. Al principio el superior del convento le aceptaba esto, pero después lo llamó y le dijo: "De hoy en adelante no admitiremos a hospedarse sino a unas poquísimas personas, y no repartiremos sino unas pocas limosnas, porque estamos dando demasiado". Él obedeció, pero sucedió entonces que dejaron de llegar las cuantiosas ayudas que llevaban los bienhechores. El superior lo llamó para preguntarle: "¿Cuál será la causa por la que han disminuido tanto las ayudas que nos trae la gente?"
    "La causa es muy sencilla –le respondió el hermano Carlos-. Es que dejamos de dar a los necesitados, y Dios dejó de darnos a nosotros. Porque con la medida con la que repartamos a los demás, con esa medida nos dará Dios a nosotros".
    Desde ese día recibió permiso para recibir a cuanto huésped pobre llegara, y de repartir las limosnas que la gente llevaba, y Dios volvió a enviarles cuantiosas donativos.
    Tuvo que hacer un viaje muy largo acompañado de un religioso y en plena selva se perdieron y no hallaban qué hacer. Se pusieron a rezar con toda fe y entonces apareció una bandada de aves que volaban despacio delante de ellos y los fueros guiando hasta lograr salir de tan tupida arboleda.
    El director de su convento empezó a tratarlo con una dureza impresionante. Lo regañaba por todo y lo humillaba delante de los demás. Un día el hermano Carlos sintió un inmenso deseo de darle el golpe e insultarlo. Fue una tentación del demonio. Se dominó, se mordió los labios, y se quedó arrodillado delante del otro, como si fuera una estatua, y no le dijo ni le hizo nada. Era un acto heroico de paciencia.
    ¿Qué era lo que había sucedido? Que el Superior Provincial había enviado una carta muy fuerte al director diciéndole que le había escrito contándole faltas de él. Y éste al pasar por la celda de Carlos había visto varias veces que estaba escribiendo. Entonces se imaginó que era él quien lo estaba acusando. Su apatía llegó a tal grado que le hizo echar de ese convento y fue enviado a otra casa de la comunidad.
    Al llegar a aquel convento el provincial, le dijo al tal superior que no era Carlos quien le había escrito. Y averiguaron qué era lo que este religioso escribía y vieron que era una serie de consejos para quienes deseaban orar mejor. El irritado director tuvo que ofrecerle excusas por su injusto trato y sus humillaciones. Pero con esto el sencillo hermano había crecido en santidad.
    Las gentes le pedían que redactara algunas normas para orar mejor y crecer en santidad. El lo hizo así y permitió que le publicara el folleto. Esto le trajo terribles regaños y casi lo expulsan de la comunidad. El pobre hombre no sabía que para esas publicaciones se necesitan muchos permisos. Humillado se arrodilló ante un crucifijo para contarle sus angustias, y oyó que Nuestro Señor le decía: "Animo, que estas cosas no te van a impedir entrar en el paraíso".
    La petición más frecuente del hermano Carlos a Dios era esta: "Señor, enciéndeme en amor a Ti". Y tanto la repitió que un día durante la elevación de la santa hostia en la Misa, sintió que un rayo de luz salía de la Sagrada Forma y llegaba a su corazón. Desde ese día su amor a Dios creció inmensamente.
    Al fin los superiores se convencieron de que este sencillo religioso era un verdadero hombre de Dios y le permitieron escribir su autobiografía y publicar dos libros más, uno acerca de la oración y otro acerca de la meditación.

     

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