sábado, 22 de noviembre de 2014

Lectura del libro del Apocalipsis 11, 4-12



Yo, Juan, oí una voz que me decía: «Estos dos testigos son los dos olivos y los dos candelabros que están delante del Señor de la tierra. Si alguien quiere hacerles daño, saldrá un fuego de su boca que consumirá a sus enemigos: así perecerá el que se atreva a dañarlos. Ellos tienen el poder, de cerrar el cielo para impedir que llueva durante los días de su misión profética; y también, tienen poder para cambiar las aguas en sangre y para herir la tierra con toda clase de plagas, todas las veces que quieran.
Y cuando hayan acabado de dar testimonio, la Bestia que surge del Abismo les hará la guerra, los vencerá y los matará. Sus cadáveres yacerán en la plaza de la gran Ciudad -llamada simbólicamente Sodoma y también Egipto-, allí mismo donde el Señor fue crucificado. Estarán expuestos durante tres días y medio, a la vista de gente de todos los pueblos, familias, lenguas y naciones, y no se permitirá enterrarlos. Los habitantes de la tierra se alegrarán y harán fiesta, y se intercambiarán regalos, porque estos dos profetas los habían atormentado».
Pero después de estos tres días y medio, un soplo de vida de Dios entró en ellos y los hizo poner de pie, y un gran temor se apoderó de los espectadores.
Entonces escucharon una voz potente que les decía desde el cielo: «Suban aquÍ». Y ellos subieron al cielo en la nube, a la vista de sus enemigos.

Palabra de Dios. 


Reflexionemos juntos

Los expertos no se ponen de acuerdo sobre quiénes son los "dos testigos", "los dos olivos", "los dos candelabros". En la profecía de Zacarías (Za 4) se hablaba de dos olivos y dos ungidos, y parece que se refería a dos personajes de la época: Josué y Zorobabel. Aquí no podemos saber a quién está aludiendo: ¿a Moisés y Elías, como en la escena de la transfiguración? ¿a Pedro y Pablo, sacrificados en Roma por Nerón pero luego glorificados en el recuerdo y el culto de la comunidad? Lo importante es que la Bestia les declara la guerra. Las fuerzas del mal -en concreto, el emperador romano Domiciano- declaran guerra total e intentan destruir la comunidad de Cristo. El simbolismo sigue con los números, porque la muerte de los dos testigos, y por tanto el triunfo de los malvados, dura "tres días y medio", o sea, la mitad de siete, lo que equivale a decir un número imperfecto, no definitivo. Al cabo de esos días resurgen y triunfan delante de todos, animados de nuevo por la vida de Dios. Dios ha respondido a su fidelidad. Su testimonio anima a la Iglesia a esperar sin desfallecer en el Señor.

P. Juan R. Celeiro

SALMO RESPONSORIAL 143, 1-2. 9-10



R.    ¡Bendito sea el Señor, mi Roca!

Bendito sea el Señor, mi Roca,
el que adiestra mis brazos para el combate
y mis manos para la lucha. R.
 

Él es mi bienhechor y mi fortaleza,
mi baluarte y mi libertador;
Él es el escudo con que me resguardo,
y el que somete los pueblos a mis pies. R.
 

Dios mío, yo quiero cantarte un canto nuevo
y tocar para ti con el arpa de diez cuerdas,
porque Tú das la victoria a los reyes
y libras a David, tu servidor. R.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 20, 27-40



Se acercaron a Jesús algunos saduceos, que niegan la resurrección, y le dijeron: «Maestro, Moisés nos ha ordenado: "Si alguien está casado y muere sin tener hijos, que su hermano, para darle descendencia, se case con la viuda". Ahora bien, había siete hermanos. El primero se casó y murió sin tener hijos. El segundo se casó con la viuda, y luego el tercero. Y así murieron los siete sin dejar descendencia. Finalmente, también murió la mujer. Cuando resuciten los muertos, ¿de quién será esposa, ya que los siete la tuvieron por mujer?»
Jesús les respondió: «En este mundo los hombres y las mujeres se casan, pero los que son juzgados dignos de participar del mundo futuro y de la resurrección no se casan. Ya no pueden morir, porque son semejantes a los ángeles y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección.
Que los muertos van a resucitar, Moisés lo ha dado a entender en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor "el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob". Porque Él no es un Dios de muertos, sino de vivientes; todos, en efecto, viven para Él».
Tomando la palabra, algunos escribas le dijeron: «Maestro, has hablado bien». Y ya no se atrevían a preguntarle nada.

Palabra del Señor.



¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida? Pueden ayudar estas ideas:

A. Los saduceos no creían en la resurrección y plantean a Jesús una pregunta, no para aclarar una duda, sino para ridiculizar a cuantos creían en la resurrección. A veces no nos conformamos con presentar nuestras ideas con sencillez y claridad, y menospreciamos a quienes tienen opiniones y creencias distintas a las nuestras.
     "Señor, hazme sencillo y humilde"
     "Ayúdame a respetar y a amar a los que no piensan como yo"

B. Jesús aprovecha hasta la mala intención de los saduceos para exponer su doctrina con paciencia: "No es Dios de muertos, sino de vivos". Nosotros creemos en la resurrección. Creemos que un día resucitaremos a una vida nueva de hijos de Dios en plenitud, de fraternidad perfecta.


Santa Cecilia

Por más de mil años Santa Cecilia ha sido muy venerada en la Iglesia Católica.
Una tradición muy antigua dice que pertenecía a una de las principales familias de Roma, que acostumbraba vestir una túnica de tela muy áspera y que había consagrado a Dios su virginidad.
Sus padres la comprometieron en matrimonio con un joven llamado Valeriano, pero Cecilia le dijo a éste que ella había hecho voto de virginidad y que si él quería ver al ángel de Dios debía hacerse cristiano. Valeriano se hizo instruir por el Papa Urbano y fue bautizado. Luego entre Cecilia y Valeriano convencieron a Tiburcio, el hermano de éste, y lograron que también se hiciera cristiano.
Las historias antiguas dicen que Cecilia veía a su ángel de la guarda. El alcalde de Roma, Almaquio, había prohibido sepultar los cadáveres de los cristianos. Pero Valeriano y Tiburcio se dedicaron a sepultar todos los cadáveres de cristianos que encontraban. Por eso fueron arrestados. Llevados ante el alcalde, éste les pidió que declararan que adoraban a Júpiter. Ellos le dijeron que únicamente adoraban al verdadero Dios del cielo y a su Hijo Jesucristo. Entonces fueron ferozmente azotados y luego les dieron muerte. Los dos santos mártires animaban a los demás cristianos de Roma a sufrir con gusto todos los horrores, con tal de no ser infieles a la santa religión.
En seguida la policía arrestó a Cecilia y le exigió que renunciara a la religión de Cristo. Ella declaró que prefería la muerte antes que renegar de la verdadera religión. Entonces fue llevada junto a un horno caliente para tratar de sofocarle con los terribles gases que salían de allí, pero en vez de asfixiarse ella cantaba gozosa (quizás por eso la han nombrado patrona de los músicos). Visto que con este martirio no podían acabar con ella, el cruel Almaquio mandó que le cortaran la cabeza. La santa, antes de morir le pidió al Papa Urbano que convirtiera su hermosa casa en un templo para orar, y así lo hicieron después de su martirio. Antes de morir, había repartido todos sus bienes entre los pobres.
En 1599 permitieron al escultor Maderna ver el cuerpo incorrupto de la santa y él fabricó una estatua en mármol de ella, muy hermosa, la cual se conserva en la iglesia de Santa Cecilia en Roma. Está acostada de lado y parece que habla.
En Roma había ya en el año 545 un templo dedicado a esta gran Santa.

viernes, 21 de noviembre de 2014

Lectio Divina / Domingo 23 / Cristo Rey


Lectura del libro del Apocalipsis 10, 8-11




Yo, Juan, oí la voz que me habló nuevamente desde el cielo, diciéndome: «Ve a tomar el pequeño libro que tiene abierto en la mano el Ángel que está de pie sobre el mar y sobre la tierra».
Yo corrí hacia el Ángel y le rogué que me diera el pequeño libro, y él me respondió: «Toma y cómelo; será amargo para tu estómago, pero en tu boca será dulce como la miel».
Yo tomé el pequeño libro de la mano del Ángel y lo comí: en mi boca era dulce como la miel, pero cuando terminé de comerlo, se volvió amargo en mi estómago.
Entonces se me dijo: «Es necesario que profetices nuevamente acerca de una multitud de pueblos, de naciones, de lenguas y de reyes».

Palabra de Dios. 


Reflexionamos juntos

La Palabra de Dios debe tomar carne en nosotros. No podemos proclamar el Nombre de Dios sólo de oídas, aun cuando quienes nos la expliquen sean las personas más eruditas o más santas del mundo.
Nosotros hemos de tener nuestra propia experiencia personal de la Palabra de Dios; sólo así proclamaremos el Evangelio no como predicadores expertos e insignes, sino como testigos, que han vivido como discípulos del Señor. Por eso no podemos dedicarnos a la Evangelización sin antes haber estado a los pies de Jesús. Dios nos quiere en camino; pero no solos, sino llevándolo a Él en nosotros para que desde nosotros continúe anunciando su Evangelio y realizando su obra salvadora a favor de toda la humanidad.
Por eso pidámosle al Señor que ilumine nuestra mente y nuestro corazón con la Luz del Espíritu Santo para que siempre vivamos guiados por Él y sea Él quien engendre la salvación y la vida eterna en todos aquellos a quienes hemos sido enviados en el Nombre del Señor.
 

SALMO RESPONSORIAL 118, 14. 24. 72. 103. 111. 131




R.    ¡Dulce es tu palabra para mi boca, Señor!

Me alegro de cumplir tus prescripciones,
más que de todas las riquezas.
Porque tus prescripciones son todo mi deleite,
y tus precepto, mis consejeros. R.
 

Para mí vale más la ley de tus labios
que todo el oro y la plata.
¡Qué dulce es tu palabra para mi boca,
es más dulce que la miel! R.


Tus prescripciones son mi herencia para siempre,
porque alegran mi corazón.
Abro mi boca y aspiro hondamente,
porque anhelo tus mandamientos. R.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 19, 45-48





Jesús, al entrar al Templo, se puso a echar a los vendedores, diciéndoles: «Está escrito: "Mi casa será una casa de oración, pero ustedes la han convertido en una cueva de ladrones"».
Y diariamente enseñaba en el Templo. Los sumos sacerdotes, los escribas y los más importantes del pueblo buscaban la forma de matarlo. Pero no sabían cómo hacerlo, porque todo el pueblo lo escuchaba y estaba pendiente de sus palabras.

Palabra del Señor.



¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida? Pueden ayudar estas ideas:



A. Jesús no sólo es el hombre dulce y tierno que nos habla de cosas preciosas. Es también el profeta valiente que denuncia la falsedad, que reacciona ante el abuso, que se enfrenta a los poderosos... En nuestra vida se han de combinar dos dimensiones de la vida de Jesús y de los profetas: plantar el amor y arrancar el pecado, el anuncio de la solidaridad y la denuncia del egoísmo, consolar corazones desgarrados y remover conciencias conformistas... En mi vida ¿qué tendría que potenciar a este respecto? Pido a Dios luz y fuerza.



Yo soy la persona más tranquila del mundo.

Soy la personificación de la tranquilidad.

Ciudadano calmado, sin manías, sin extremismos,

tranquilo y pacífico. Ese soy yo.



Si hay miseria a mi alrededor, yo ayudo un poquito

y luego me tranquilizo al saber que pocos hacen lo que yo.

En una época de tanto egoísmo,

yo soy de veras un tipo leal y sincero.

¡Incluso rezo todos los días, cosa que pocos hacen!



Pero tú, Jesús, te has acercado a mí...

y me has pedido ser profeta, para gritar tu verdad,

anunciar tu Buena Nueva, ser testigo ante el mundo.



¡Pero Jesús! ¿Yo?... Tal vez este no sea el mejor trabajo,

no sé si sabré hacerlo, además necesitaré prepararme...

La tarea no es nada fácil, necesito arrojo y valor.

Y yo sólo tengo una cosa: miedo.



Desde luego, ser profeta...

es poner tus palabras en nuestra boca,

tus obras, en nuestros hechos,

es ser como tú fuiste. ¡Y acabaste en la cruz!

Mira Jesús, que todo esto es demasiado...

a mí me gustaría, ¡pero es que...

yo no tengo sangre de profeta!



Jesús, Tú escuchas con paciencia mis excusas,

y me miras con un inmenso cariño.

Tienes paciencia conmigo y me ayudas a entender

que sólo tiene vida el que la arriesgar por amor,

que Tú siempre estarás a mi lado

que tu fuerza será mi fuerza,

que tu sabiduría será la mía,

que todo lo puedo cuando voy contigo. Amén



B. Intentaban quitarlo de en medio. El mensaje de Jesús les resultaba peligroso. Y para colmo, se atreve a echar a los vendedores del templo. Les parece intolerable. También nosotros tratamos de quitarnos de en medio a quien nos resulta molesto, al que nos recuerda la verdad, tantas veces molesta... Lo pensamos y pedimos perdón.

    

C. Jesús no era un maestro más. Sabía de qué hablaba. Hacía lo que decía. Era coherente hasta el extremo. No era hombre de medias tintas. Conocía los problemas de la gente. Por eso y por muchas cosas más, lo escuchaban con gusto. Nosotros no somos "el Mesías", no somos el Hijo de Dios. Pero estamos hemos recibido el mismo Espíritu de Jesús y estamos llamados a ser anunciadores del Evangelio. Si intentamos seguir a Jesús con autenticidad, aunque estemos envueltos por mil pobrezas, mucha gente estará pendiente de nuestros labios... y de nuestra vida.




La Presentación de la Santísima Virgen María en el Templo

Honramos hoy la Presentación en el Templo de aquella Niña de bendición. 
Los orígenes de esta fiesta hay que buscarlos en una piadosa tradición que surge en el escrito apócrifo llamado el «Protoevangelio de Santiago».  Según este documento la Virgen María fue llevada a la edad de tres años por sus padres San Joaquín y Santa Ana. Allí, junto a otras doncellas y piadosas mujeres, fue instruida cuidadosamente respecto la fe de sus padres y  sobre los deberes para con Dios. 
Históricamente, el origen de esta fiesta fue la dedicación de la Iglesia de Santa María la Nueva en Jerusalén , en el año 543. Todo eso se viene conmemorando en Oriente desde el siglo VI, y hasta habla de ello el emperador Miguel Comeno en una Constitución de 1166.
Un gentil hombre francés, canciller en la corte del Rey de Chipre, habiendo sido enviado a Aviñón en 1372, en calidad de embajador ante el Papa Gregorio XI, le contó la magnificencia con que en Grecia celebraban esta fiesta el 21 de noviembre. El Papa entonces la introdujo en Aviñón, y Sixto V la impuso a toda la Iglesia. 

jueves, 20 de noviembre de 2014

Lectura del libro del Apocalipsis 5, 1-10




Yo, Juan, vi en la mano derecha de Aquél que estaba sentado en el trono un libro escrito por dentro y por fuera, y sellado con siete sellos. Y vi a un Ángel poderoso que proclamaba en alta voz: «¿Quién es digno de abrir el libro y de romper sus sellos?» Pero nadie, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de ella, era capaz de abrir el libro ni de leerlo. Y yo me puse a llorar porque nadie era digno de abrir el libro ni de leerlo. Pero uno de los Ancianos me dijo: «No llores: ha triunfado el León de la tribu de Judá, el Retoño de David, y Él abrirá el libro y sus siete sellos».
Entonces vi un Cordero que parecía haber sido inmolado: estaba de pie entre el trono y los cuatro Seres Vivientes, en medio de los veinticuatro Ancianos. Tenía siete cuernos y siete ojos. que son los siete Espíritus de Dios enviados a toda la tierra.
El Cordero vino y tomó el libro de la mano derecha de Aquél que estaba sentado en el trono. Cuando tomó el libro, los cuatro Seres Vivientes y los veinticuatro Ancianos se postraron ante el Cordero. Cada uno tenía un arpa, y copas de oro llenas de perfume, que son las oraciones de los Santos, y cantaban un canto nuevo, diciendo:

«Tú eres digno de tomar el libro
y de romper los sellos,
porque has sido inmolado,
y por medio de tu Sangre,
has rescatado para Dios
a hombres de todas las familias,
lenguas, pueblos y naciones.
Tú has hecho de ellos un Reino sacerdotal
para nuestro Dios,
y ellos reinarán sobre la tierra».

Palabra de Dios. 


Rreflexionemos juntos

Cristo es el centro de toda la liturgia. De la del cielo y de la de la tierra. Él es el Sacerdote y el Maestro y la Palabra y el Cantor y el Orante y el Templo. Él da sentido a la historia: abre los sellos del libro que resulta misterioso para los demás. Tiene los siete cuernos del poder y los siete ojos de la sabiduría. Unidos a él rezamos y alabamos al Padre y le elevamos nuestras súplicas, que concluimos siempre diciendo: "por Cristo Nuestro Señor". Unidos a él, somos también nosotros mediadores y sacerdotes: "has hecho de ellos un reino sacerdotal". Hoy podemos cantar con más sentido la aclamación del Santo, y las súplicas en que llamamos a Cristo "Cordero de Dios". 

P. Juan R. Celeiro

SALMO RESPONSORIAL 149, 1-6a. 9b






R.    ¡Nos has hecho reyes y sacerdotes para nuestro Dios!

Canten al Señor un canto nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que Israel se alegre por su Creador
y los hijos de Sión se regocijen por su Rey. R.
 

Celebren su Nombre con danzas,
cántenle con el tambor y la cítara,
porque el Señor tiene predilección por su pueblo
y corona con el triunfo a los humildes. R.


Que los fieles se alegren por su gloria
y canten jubilosos en sus fiestas.
Glorifiquen a Dios con sus gargantas:
éste es un honor para todos sus fieles. R.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 19, 41-44




Cuando Jesús estuvo cerca de Jerusalén y vio la ciudad, se puso a llorar por ella, diciendo: «¡Si tú también hubieras comprendido en este día el mensaje de paz! Pero ahora está oculto a tus ojos.
Vendrán días desastrosos para ti, en que tus enemigos te cercarán con empalizadas, te sitiarán y te atacarán por todas partes. Te arrasarán junto con tus hijos, que están dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has sabido reconocer el tiempo en que fuiste visitada por Dios».

Palabra del Señor.



¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida? Pueden ayudar estas ideas:



A. Jesús lloró. Lo acabamos de leer en este evangelio. Jesús sufre sobre todo con el sufrimiento de las personas. Se deja afectar por los problemas de los demás. No pasa de largo. No se cierra en sus problemas.

     "Gracias Jesús porque sufres por mi, por nuestro mundo"

     "Ayúdame Señor a compartir las alegrías y los problemas de los demás"



B. "Si al menos tu comprendieras..." La historia de Jesús es la historia de un incomprendido. No le comprende la gente que lo escucha, ni siquiera sus mismos discípulos. En muchas ocasiones el evangelio nos dice que los más cercanos no le entienden. También a nosotros nos cuesta entender. Hay palabras difíciles de entender y vivir: cruz, sacrificio, perdón, humildad, entrega...

     "Ayúdame Señor a entender tu palabra"

     "Gracias Señor por tener paciencia conmigo"



C. Jesús pronuncia las palabras del Evangelio de hoy pocos días antes morir. A pesar de no ser comprendido, Jesús sigue amando, sigue entregándose por aquellos que le rechazan. ¡Cuanto nos cuesta amar a los que no nos entienden y sufrir por aquellos que nos ignoran! Necesitamos la fuerza del Espíritu para avanzar por este camino.

     "Dame Señor un corazón generoso como el tuyo"

     "Gracias Padre por las personas que me aman gratuitamente"

     "Concédeme Señor tu Espíritu de entrega"



Jesús, al acercarte a Jerusalén y ver la ciudad, dijiste llorando: -¡Si al menos tú comprendieras en este día lo que conduce a la paz! Pero no: está escondido a tus ojos. ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina reúne a sus polluelos bajo sus alas y no has querido!

Al acercarte a mi vida, me dices llorando: -¡Si al menos tú comprendieras lo mucho que te amo; si al menos tú comprendieras que estoy siempre dispuesto a acompañarte, a escucharte, a consolarte, a darte fuerza; si al menos tú cuidaras a tus hermanos más necesitados!

Señor, sé que tú eres fuego y no me acerco a calentarme; sé que tú eres pan y no me acerco a saciar mi hambre; sé que tú eres paz y no me acerco a curarme de mis inquietudes; sé que tú eres alegría y prefiero quedarme a solas con mi tristeza...
Prefiero hacer otras cosas, acercarme a otras personas, aunque sé que sólo tú puedes colmar el gran corazón que me diste. Señor, que tus lágrimas me conviertan y sepa acercarme cada día a ti, sin prisa, con absoluta confianza, que sepa dejarme cuidar por ti, para vivir como un polluelo, seguro y feliz, bajo las alas de la gallina.



San Edmundo de Cantorbery

"Reunió en su persona la dignidad de un obispo, la humildad de un niño y el corazón de un santo". Así dijo de san Edmundo de Cantorbery, en sus funerales, el abad de Pontigny, monasterio donde se refugiara aquél poco antes de morir.

Edmundo nació en Inglaterra, hacia el año 1180, en el seno de una familia muy piadosa; dos de sus hermanas eran monjas y un hermano sacerdote. Su mismo padre, unos años antes de morir, ingresó como monje en el monasterio de Eynsham.

Desde muy niño Edmundo practicó la penitencia y la oración. Estudió en Oxford y luego marchó a París, donde ingresó en la universidad. Vuelto a Oxford, intensificó sus estudios, se doctoró en teología y recibió la ordenación sacerdotal.

En la universidad local enseñó teología y lógica. Pronto ganó gran fama como profesor y predicador.

Fue un gran contemplativo y un notable director espiritual. En 1227, a pedido del papa Gregorio IX, predicó la cruzada contra los moros.

La época en que le tocó vivir era difícil. Los reyes de Inglaterra cometían abusos y se beneficiaban con los cargos eclesiásticos vacantes. Hacía años que la sede de Cantorbery estaba vacía, y ya en ella el arzobispo Tomás había hallado la muerte. A pesar de rechazar tal dignidad, por obediencia a Roberto, obispo de Salisbury, quien le hizo ver los peligros que para la Iglesia podría significar aquel rechazo, Edmundo accedió y fue consagrado en 1234.

El nuevo primado defendió la justicia y los derechos de la Iglesia, mostrándose imperturbable ante los ataques de sus perseguidores.

Sus relaciones con el rey Enrique III empeoraron, a tal punto que se vio obligado a acudir personalmente a Roma, en 1237. a donde llegaron también las quejas de sus calumniadores.

Volvió Edmundo a su sede sin haber resuelto el problema, pero decidido a no dejarse intimidar. La persecución continuó agravada con nuevas cuestiones.

Entonces decidió protestar recurriendo a un destierro voluntario; y aunque el rey trató de persuadirlo de que no abandonase su obispado, se marchó a Francia, al monasterio de Pontigny, donde también en otro tiempo se había refugiado el mártir Tomás de Cantorbery. Allí vivió, feliz, como un monje más. Pero habiendo decaído su salud, se trasladó, en busca de un clima más benigno y templado, al convento de Soissy, lugar en que lo sorprendió la muerte el 16 de noviembre de 1240.

San Edmundo logró la perfecta unión entre la vida activa y la contemplativa.Su virtud eminente fue la caridad.

Su santidad fue probada con milagros, que fueron numerosos después de su muerte. Sus reliquias se hallan en la iglesia mayor de Pontigny, donde fue sepultado.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Lectura del libro del Apocalipsis 4, 1-11




Yo, Juan, tuve la siguiente visión:
Había una puerta abierta en el cielo, y la voz que había escuchado antes, hablándome como una trompeta, me dijo: «Sube aquí, y te mostraré las cosas que deben suceder en seguida».
En ese mismo momento, fui arrebatado por el Espíritu y vi en el cielo un trono, en el cual alguien estaba sentado. El que estaba sentado tenía el aspecto de una piedra de jaspe y de ágata.
Rodeando el trono, vi un arco iris que tenía el aspecto de la esmeralda. Y alrededor de él, había otros veinticuatro tronos, donde estaban sentados veinticuatro Ancianos, con túnicas blancas y coronas de oro en la cabeza. Del trono salían relámpagos, voces y truenos, y delante de él ardían siete lámparas de fuego, que son los siete Espíritus de Dios.
Frente al trono, se extendía como un mar transparente semejante al cristal. En medio del trono y alrededor de él, había cuatro seres Vivientes, llenos de ojos por delante y por detrás. El primer Ser Viviente era semejante a un león; el segundo, a un toro; el tercero tenía rostro humano; y el cuarto era semejante a un águila en pleno vuelo. Cada uno de los cuatro Seres Vivientes tenía seis alas y estaba lleno de ojos por dentro y por fuera. Y repetían sin cesar, día y noche:
«Santo, santo, santo es el Señor Dios,
el Todopoderoso,
el que era, el que es y el que viene».

Y cada vez que los Seres Vivientes daban gloria, honor y acción de gracias al que está sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos, los veinticuatro Ancianos se postraban ante Él para adorarlo, y ponían sus coronas delante del trono, diciendo:

«Tú eres digno, Señor y Dios nuestro,
de recibir la gloria, el honor y el poder.
Porque has creado todas las cosas:
ellas existen y fueron creadas por tu voluntad».

Palabra de Dios.


Reflexionamos juntos

Uno de los aspectos que más deberíamos recordar, al participar en la Eucaristía, es que estamos unidos a la comunidad de los salvados en el cielo, que están ya celebrando en la presencia de Dios la verdadera liturgia, entonando himnos y lanzando al aire sus coronas. No celebramos solos. Lo hacemos unidos a los ángeles, a la Virgen, a los santos, a nuestros seres queridos. La liturgia del cielo y la de la tierra están íntimamente relacionadas. No sólo cuando, explícitamente, en el Santo, cantamos uniendo nuestras voces a las de los ángeles y santos, sino siempre. No importa mucho encontrar la clave simbólica para interpretar a esos seres misteriosos o esos personajes que están en torno a Dios, ni el sentido que puedan tener los números de esta magnífica escena: siete, veinticuatro, cuatro. Lo importante es que se nos pone delante una imagen de triunfo, de cantos jubilosos, de una liturgia festiva de los que ya están salvados: y eso es un mensaje de esperanza para los que vamos caminando un poco cansinamente por la vida, cuesta arriba hacia Jerusalén.

P. Juan R. Celeiro


SALMO RESPONSORIAL 150, 1-6




R.    ¡Santo, santo, santo es el Señor Todopoderoso!

Alaben a Dios en su Santuario,
alábenlo en su poderoso firmamento;
alábenlo por sus grandes proezas,
alábenlo por su inmensa grandeza. R. 


Alábenlo con toques de trompeta,
alábenlo con el arpa y la cítara;
alábenlo con tambores y danzas,
alábenlo con laúdes y flautas. R.
 

Alábenlo con platillos sonoros,
alábenlo con platillos vibrantes.
¡Que todos los seres vivientes
alaben al Señor! R.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 19, 11-28




Jesús dijo una parábola, porque estaba cerca de Jerusalén y la gente pensaba que el Reino de Dios iba a aparecer de un momento a otro.

Les dijo: «Un hombre de familia noble fue a un país lejano para recibir la investidura real y regresar en seguida. Llamó a diez de sus servidores y les entregó cien monedas de plata a cada uno, diciéndoles: "Háganlas producir hasta que yo vuelva". Pero sus conciudadanos lo odiaban y enviaron detrás de él una embajada encargada de decir: "No queremos que éste sea nuestro rey".
Al regresar, investido de la dignidad real, hizo llamar a los servidores a quienes había dado el dinero, para saber lo que había ganado cada uno. El primero se presentó y le dijo: "Señor, tus cien monedas de plata han producido diez veces más". "Está bien, buen servidor, le respondió, ya que has sido fiel en tan poca cosa, recibe el gobierno de diez ciudades".
Llegó el segundo y le dijo: "Señor, tus cien monedas de plata han producido cinco veces más". A él también le dijo: "Tú estarás al frente de cinco ciudades".
Llegó el otro y le dijo: "Señor, aquí tienes tus cien monedas de plata, que guardé envueltas en un pañuelo. Porque tuve miedo de ti, que eres un hombre exigente, que quieres percibir lo que no has depositado y cosechar lo que no has sembrado". El le respondió: "Yo te juzgo por tus propias palabras, mal servidor. Si sabías que soy un hombre exigente, que quiero percibir lo que no deposité y cosechar lo que no sembré, ¿por qué no entregaste mi dinero en préstamo? A mi regreso yo lo hubiera recuperado con intereses".
Y dijo a los que estaban allí: "Quítenle las cien monedas y dénselas al que tiene diez veces más".
"¡Pero, señor, le respondieron, ya tiene mil!"
Les aseguro que al que tiene, se le dará; pero al que no tiene, se le quitará aún lo que tiene. En cuanto a mis enemigos, que no me han querido por rey, tráiganlos aquí y mátenlos en mi presencia».
Después de haber dicho esto, Jesús siguió adelante, subiendo a Jerusalén.

Palabra del Señor.



¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida? Pueden ayudar estas ideas:



A. Dios nos ha dado a todos muchos talentos. Algunos talentos son más vistosos, más valorados por nosotros mismos, por la familia, por la Iglesia, por la sociedad. Otros son más discretos, menos visibles, menos valorados y, normalmente, más importantes. ¿Cuáles son mis talentos? ¿cuáles son los que más valoro? ¿cuáles son los que menos?

     "Señor, gracias por todas las capacidades que me has dado"

     "Gracias Padre nos confiar en mi"



B. A veces no nos damos cuenta ni valoramos los talentos de los demás. Y, por consiguiente, no les ayudamos a desarrollar lo que han recibido. Hay personas que se sienten sin talentos, sin capacidades... El miedo y la falta de confianza las arrincona, van perdiendo lo poco que tienen. En ellos se hacen realidad las palabras de Jesús: "al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene",

     "Dame luz, Jesús, para descubrir los talentos de los pobres, de los ignorantes..."

     "Dame fuerza y sabiduría para ayudar a los demás a desarrollar sus talentos"



C. La enseñanza de la parábola es clara: tenemos que trabajar los talentos recibidos. Los tenemos que multiplicar. Y no por miedo a Dios, sino porque cuando desarrollamos las capacidades recibidas nos enriquecemos, enriquecemos a nuestra comunidad y a la sociedad en que vivimos. ¿Qué talentos tendría que desarrollar más? ¿cómo? Pido a Dios luz y fuerza.

Señor, gracias por todas las capacidades que me has dado.
Ayúdame a reconocerlas y agradecerlas,
a ponerlas al servicio de los hermanos,
de tu Reino de justicia, verdad, amor y paz.



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