viernes, 15 de enero de 2010

Una oración con el corazón puesto en Haití

Plegaria difundida por la comunidad Taizé

“Dieu notre espérance, nous te confions toutes les victimes du grave
tremblement de terre en Haiti. Quand nous sommes déconcertés par
l’incompréhensible souffrance des innocents, donne-nous d’être des
témoins de ta compassion“.


“Dios nuestra esperanza, te confiamos todas las víctimas del grave
temblor de tierra en Haití. Cuando nos desconcierta el sufrimiento
incomprensible de los inocentes, danos ser testigos de tu compasión“.

Amén

Adoración Eucarística





“Vengan a Mí todos los que estén afligidos y agobiados y Yo los aliviaré”
“Cielos y tierra bendecid al Señor”.
Que todos los hombres de la tierra bendigan al Señor. Que todos le canten y le alaben con gratitud reconociendo su piedad y su benevolencia. “Honor por siempre a Ti, Dios del Amor”.

¿Qué es la Adoración Eucarística?


Es un tiempo transcurrido en oración delante del Santísimo Sacramento.
Es dejarse transformar por el amor de Dios que sana, eleva y diviniza.
Es dejarse amar por Dios para aprender así a amar a los demás.
Es meditar sobre el misterio del amor con el cual nos amó tanto Jesús, que llegó a dar su vida por nosotros.
“Basta que me mires, Señor”…El mirar de Dios es una perpetua catarata de amor que fluye de su Corazón a nuestra alma. El mirar de Dios es un continuo derrame de misericordia y de perdón sobre nosotros. El mirar de Dios es una nueva llamada al amor desinteresado y puro. El mirar de Dios es una invitación al seguimiento pronto y generoso. El mirar de Dios es un reto a nuestra generosidad agradecida.
Tu mirada Señor me enamora, me alienta, me inspira confianza, me da seguridad…
Seguiré viniendo a verte aunque sea sólo para que me mires y me vuelvas a mirar. Tu mirada me asegura tu amor…y en tu amor confío.
¿Quien puede adorar?
Quien se haga tiempo para dar a Dios y estar con El; por su propio bien y el de toda la humanidad representada en quien adora.
“Aquí estoy Señor, porque me amas” Jesús nos amó primero y El es el que inyecta en nuestros corazones el deseo, la premura, el anhelo de ir a visitarle.
“Aquí estoy Señor porque me amas”, porque me llamas, me atraes, me consuelas, me seduces, me sonríes, me santificas…y me haces la persona más feliz del mundo.
“Amor con amor se paga”. Al visitar el Santísimo decimos calladamente al Señor: “reconocemos que Tú nos llamas y nos invitas a pasar éstos minutos contigo. Nos sentimos extremadamente agradecidos, y nuestra presencia aquí quiere decirte, con voz fuerte y emocionada: Gracias Jesús por brindarme ésta oportunidad de estar contigo y experimentar tu paz y tu serenidad que me ayudan a ser esforzado y enérgico en amarte a Ti, y por Ti, a los hombres y mujeres de hoy.
¿Como se adora?
No se trata de hablar mucho sino de amar mucho y manifestarle nuestro amor siendo dóciles a la acción de Su Gracia.
“Por amor Señor estás aquí en la Eucaristía; por amor Señor estoy de rodillas ante Ti; por amor me llamas; por amor te respondo; por amor me escuchas y me contestas; por amor te cuento mis pobrezas y mis necesidades; por amor me llenas de felicidad y de esperanza; por amor Señor recibo tu don con la mayor gratitud.


¿Con quien se adora?


Se adora en forma personal o comunitaria.
“Donde dos o mas estén reunidos en mi nombre, Yo estaré en medio de ellos”

12 razones para adorar:

1) Porque solo Dios es digno de recibir siempre toda nuestra alabanza y adoración.
2) Para dar gracias a Dios por todo lo que Él nos ha dado, comenzando por la existencia.
3) Para entrar en el misterio del amor de Dios que se nos revela cuando estamos frente a su presencia.
4) Para interceder por toda la humanidad.
5) Para encontrar reposo y dejarnos sanar por Dios, cualquiera sea nuestra herida.
6) Para pedir perdón por nuestros pecados y de los del mundo entero y disponernos así a la Confesión.
7) Para orar por la paz y la justicia en el mundo y la unidad de los cristianos.
8) Para implorar el don del Espíritu Santo que nos impulse a anunciar el Evangelio a todas las naciones.
9) Para pedir a Dios que nos dé la fuerza de perdonar a nuestros enemigos y orar por ellos.
10) Para sanar nuestras enfermedades físicas o espirituales y tener fuerza para vencer el Mal.
11) Porque a Dios le agrada que lo acompañemos y así poder derramar sus gracias sobre nosotros.
12) Para ganar la Indulgencia Plenaria.


¡Presencia eterna de Jesús en la Eucaristía! Nunca hubiéramos podido ni imaginarnos siquiera tanta bondad y tanto anonadamiento, tanto poder y tanto amor unidos para hacer posible el portento de la Eucaristía. “Yo soy el Pan vivo bajado del Cielo”. “El que come de este Pan vivirá por siempre”. “Yo estoy con vosotros hasta el fin del mundo”. Todo esto y más es para el humilde creyente el don de la PRESENCIA VERDADERA, REAL Y BUSTANCIAL.




ADORACIÓN EUCARÍSTICADE JUAN PABLO II



Señor Jesús:
Nos presentamos ante ti sabiendo que nos llamas y que nos amas tal como somos.
«Tú tienes palabras de vida eterna y nosotros hemos creído y conocido que tú eres el Hijo de Dios» (Jn. 6,69).
Tu presencia en la Eucaristía ha comenzado con el sacrificio de la última cena y continúa como comunión y donación de todo lo que eres.
Aumenta nuestra FE.
Por medio de ti y en el Espíritu Santo que nos comunicas, queremos llegar al Padre para decirle nuestro SÍ unido al tuyo.
Contigo ya podemos decir: Padre nuestro.
Siguiéndote a ti, «camino, verdad y vida», queremos penetrar en el aparente «silencio» y «ausencia» de Dios, rasgando la nube del Tabor para escuchar la voz del Padre que nos dice: «Este es mi Hijo amado, en quien tengo mi complacencia: Escuchadlo» (Mt. 17,5).
Con esta FE, hecha de escucha contemplativa, sabremos iluminar nuestras situaciones personales, así como los diversos sectores de la vida familiar y social.
Tú eres nuestra ESPERANZA, nuestra paz, nuestro mediador, hermano y amigo.
Nuestro corazón se llena de gozo y de esperanza al saber que vives «siempre intercediendo por nosotros» (Heb. 7,25).
Nuestra esperanza se traduce en confianza, gozo de Pascua y camino apresurado contigo hacia el Padre.
Queremos sentir como tú y valorar las cosas como las valoras tú. Porque tú eres el centro, el principio y el fin de todo.
Apoyados en esta ESPERANZA, queremos infundir en el mundo esta escala de valores evangélicos por la que Dios y sus dones salvíficos ocupan el primer lugar en el corazón y en las actitudes de la vida concreta.
Queremos AMAR COMO TÚ, que das la vida y te comunicas con todo lo que eres.
Quisiéramos decir como San Pablo: «Mi vida es Cristo» (Flp. 1,21).
Nuestra vida no tiene sentido sin ti.
Queremos aprender a «estar con quien sabemos nos ama», porque «con tan buen amigo presente todo se puede sufrir». En ti aprenderemos a unirnos a la voluntad del Padre, porque en la oración «el amor es el que habla» (Sta. Teresa).
Entrando en tu intimidad, queremos adoptar determinaciones y actitudes básicas, decisiones duraderas, opciones fundamentales según nuestra propia vocación cristiana.
CREYENDO, ESPERANDO Y AMANDO, TE ADORAMOS con una actitud sencilla de presencia, silencio y espera, que quiere ser también reparación, como respuesta a tus palabras: «Quedaos aquí y velad conmigo» (Mt. 26,38).
Tú superas la pobreza de nuestros pensamientos, sentimientos y palabras; por eso queremos aprender a adorar admirando el misterio, amándolo tal como es, y callando con un silencio de amigo y con una presencia de donación.
El Espíritu Santo que has infundido en nuestros corazones nos ayuda a decir esos «gemidos inenarrables» (Rom. 8,26) que se traducen en actitud agradecida y sencilla, y en el gesto filial de quien ya se contenta con sola tu presencia, tu amor y tu palabra.
En nuestras noches físicas y morales, si tú estás presente, y nos amas, y nos hablas, ya nos basta, aunque muchas veces no sentiremos la consolación.
Aprendiendo este más allá de la ADORACIÓN, estaremos en tu intimidad o «misterio». Entonces nuestra oración se convertirá en respeto hacia el «misterio» de cada hermano y de cada acontecimiento para insertarnos en nuestro ambiente familiar y social y construir la historia con este silencio activo y fecundo que nace de la contemplación.
Gracias a ti, nuestra capacidad de silencio y de adoración se convertirá en capacidad de AMAR y de SERVIR.
Nos has dado a tu Madre como nuestra para que nos enseñe a meditar y adorar en el corazón. Ella, recibiendo la Palabra y poniéndola en práctica, se hizo la más perfecta Madre.
Ayúdanos a ser tu Iglesia misionera, que sabe meditar adorando y amando tu Palabra, para transformarla en vida y comunicarla a todos los hermanos.
Amén.


SI EL DIA TIENE 24 HS Y LA SEMANA 7 DIAS EXISTEN EN TOTAL 168 HS A LA SEMANA. SI VOS OFRECE UNICAMENTE UNA HORA A LA SEMANA ESTARIAS DANDO MENOS DEL 1% SEMANAL.

¿TE ANIMAS A REGALARLE ESE TIEMPO A DIOS?

En el marco del Año Sacerdotal



El cura de Ars, un ejemplo de cariño y responsabildad



El cura de Ars y las tabernas


Cuando llegó a Ars en febrero de 1818, el sacerdote Juan María Vianney encontró una comunidad pequeña (unas 200-300 personas) en la que abundaban los problemas. Uno de ellos era el abuso de las bebidas alcohólicas, con ayuda de las tabernas que fomentaban la vida de vicios y que provocaban el empobrecimiento de las personas más frágiles.En aquellos años, como ocurre también hoy en muchos pueblos y ciudades, el alcohol dañaba no sólo la salud de las personas, sino sobre todo sus corazones y su vida familiar y social.El cura de Ars decidió acometer el problema en su raíz: inició una campaña sistemática contra las tabernas y contra las borracheras.Desde el púlpito de la iglesia de Ars, el párroco empezó a denunciar con palabras claras la bajeza propia de la vida de los borrachos, “que se colocan por debajo del animal más inmundo”.También arremetió con fuerza contra las tabernas. En uno de sus sermones dijo:“La taberna es la tienda del demonio, la escuela donde el infierno predica y enseña su doctrina, el lugar donde se venden las almas, donde las fortunas se arruinan, donde la salud se pierde, donde las disputas comienzan y donde se cometen los asesinatos”.Los taberneros no quedaban fuera de las amonestaciones del nuevo cura. Sobre ellos decía: “Los taberneros roban el pan de las pobres mujeres y de sus hijos, dando vino a estos borrachos que gastan el domingo el jornal de la semana”.Emborracharse, ciertamente, es responsabilidad de quienes van al bar, a la taberna: el tabernero no tiene que controlar qué hace cada cliente con lo que compra. Pero también es verdad que quienes colaboran con el mal, quienes aprovechan las debilidades ajenas para enriquecerse, quienes permiten que unos hombres con familia gasten sus pequeños ahorros para el vicio mientras sus esposas y sus hijos carecen de lo más básico, tienen parte de culpa en la situación de mal que se provoca gracias a las facilidades de comprar vino y otras bebidas alcohólicas.El cura de Ars vio pronto, con profunda alegría, los resultados de su campaña. Poco a poco las tabernas (había cuatro en el pueblo) perdían clientes, mientras que los domingos iban más y más personas a misa. Las dos tabernas que estaban cerca de la iglesia cerraron pronto. Un poco más tarde, también clausuraban las otras dos.Los taberneros encontraron en Juan María Vianney ayudas concretas para salir adelante o para emplear sus habilidades en otros servicios a la comunidad. Al mismo tiempo, la pobreza casi desapareció en Ars, pues los hombres dejaron de tirar su dinero en el vicio para dedicarlo a sus familias.Puede parecer difícil repetir hoy las palabras de san Juan María Vianney. Para algunos serían insultantes, o señal de intolerancia, o de un moralismo ajeno a la realidad moderna. Pero fuera de las opiniones a favor o en contra, lo cierto es que en muchos lugares bares y tabernas siguen siendo motivo de ruina para miles de personas y para sus familias.Vale la pena abordar el tema seriamente. Si hay cariño, si de verdad queremos el bien y la promoción de las personas, encontraremos modos concretos para que nunca haya quienes exploten las debilidades de sus semejantes, y para que los borrachos o los que sucumben a otras dependencias (como la droga o el sexo) encuentren a su lado manos amigas y corazones comprensivos que les permitan dejar el vicio y emplear sus bienes y sus energías para el bien de sus familias y de toda la sociedad.En ese sentido, el cura de Ars es un ejemplo de cariño y de responsabilidad. Cuando los “excesos” (palabras duras, pero con verdades buenas) nacen del amor sincero, se agradecen. Lo triste sería quedarse con las manos cruzadas ante tanto dolor y tanto vicio, por miedo a parecer intransigentes o puritanos.Por eso, después de tantos años, el ejemplo de san Juan María Vianney puede estimularnos a tomar en serio el estado de degradación moral en el que viven muchos hombres y mujeres de nuestros pueblos y ciudades, y a buscar caminos eficaces y concretos para darles una mano y permitirles el paso a una conversión profunda y a una vida nueva.(La información en la que se basan están líneas está tomada del libro de Francis Trochu, El cura de Ars, Palabra, Madrid 1986, 4ª ed., pp. 183-191).


Fuente: Virtudes y Valores - Catholic.net

lunes, 11 de enero de 2010

La Lectio Divina

Lectio Divina es la Lectura orante de la Palabra de Dios. Es un ejercicio personal de lectura que se transforma en oración y que se desarrolla bajo la acción del Espíritu Santo. Es un diálogo con Dios, un encuentro íntimo con el Señor de la Vida.

La Lectio Divina es una lectura reposada y meditada de la Escritura en el silencio de la intimidad de la creatura con su Padre. Es pasiva porque escucho y acojo la presencia y la palabra de Jesucristo, porque me otorga un descanso contemplativo al sumergirme en la misericordia del corazón de Dios.
Es también activa, ya que despierta y motiva, estremece y compromete.

Nos renueva, pues ayuda a abrirnos al impulso del Espíritu Santo para recomenzar desde Cristo con el mismo ardor de los primeros discípulos de Jesús, formando una comunidad de fe, acogedora y misionera.

Por eso la lectio no es sólo lectura y diálogo, es escuchar al Señor resucitado que me habla en el hoy de mi vida y mis circunstancias.

DISPOSICIÓN ANTE LA LECTIO DIVINA…

Antes de comenzar una Lectio Divina, es necesario prepararnos y disponernos en un ambiente adecuado.

Ambiente externo para el encuentro con el Señor en su Palabra

Procurar un lugar tranquilo y cómodo, que permita un reposado encuentro con Dios.
Favorece también el tener elementos litúrgicos: crucifijo, atril o mesa, cirio, etc.

Ambiente interno ante el alimento de la Palabra

Un corazón que escucha se prepara aquietándose, haciendo silencio previo, saliendo de los ruidos personales que estorban nuestro encuentro con Jesús vivo.





Invocación del Espíritu Santo


La actitud previa para entrar en el camino de la Lectio es la invocación al Espíritu Santo, pidiendo la luz necesaria para entender y acoger lo que el mismo Espíritu quiera decirnos.
Sólo quien entra en sintonía con el Espíritu puede conocer las riquezas contenidas en las Escrituras, la profundidad de la sabiduría de Dios.




PASOS DE LA LECTIO DIVINA


1. LECTURA
¿Qué dice el texto?
• Leer el texto de manera atenta y respetuosa.
• Detenerse (estar-reposar) sobre el texto.
• Descubrir el mensaje de fe.











2. MEDITACIÓN
¿Qué me dice el texto?
• Ponerse ante el espejo de la Palabra.
• Interiorizar.
• Ahondar en la propia vida.








3. ORACIÓN
¿Qué me hace decirle a Dios?
• Orar la Palabra: pido, alabo, agradezco, suplico…









4. CONTEMPLACIÓN
• Dios se me da a conocer con la experiencia
del corazón.
La contemplación es la actitud de quien se
sumerge en los acontecimientos de la vida cotidiana
para descubrir y saborear en ellos la presencia bondadosa, activa y creativa de Dios




5. Acción. ¿Qué va a cambiar?

Siempre es bueno recordar que la Palabra del Señor no es solo para ser conocida, sino que ella debe ser hecha vida (Mt 7, 21), y debe ser el fundamento de nuestras actitudes y de nuestros gestos (Mt 7, 24-27), porque son bienaventurados: “los que escuchan la Palabra y la ponen en práctica” (Lc 11, 28). Esto es el fundamento del quinto paso de la Lectio Divina, el ACTUAR, el vivir, el hacer vida aquello que fue reflexionado y rezado.

Si de verdad hubo encuentro de corazón a corazón con el Señor, no se puede seguir siendo el mismo, algo debe cambiar, de alguna manera se debe vislumbrar aquello que fue conocido.



domingo, 10 de enero de 2010

Hoy Celebramos el Bautismo del Señor




¿SOY DE LOS TUYOS, SEÑOR?


Me dicen que fui bautizado, pero no sé muy bien, Señor,
hasta qué punto soy de los tuyos, de tu grupo, de tu familia, de tus ideas, de los que defienden, sin fisuras,
tu Palabra sin riesgo de ser descafeinada.

Dicen que, el Espíritu, quema y me siento un tanto frío
Me advierten que, el Bautismo, es un punto de salida
y frecuentemente me instalo en mis intereses

Me recuerdan que, ser de los tuyos, es optar por tu Palabra, por tu vida, por tu mensaje, por tu cruz,
por tus caminos y por tus contradicciones.
Y, cuántas veces, Señor, me dejo guiar exclusivamente
por el vocerío del mundo, seducir con fuegos artificiales
asustar por el sufrimiento o añorar y buscar atajos
sin que me digan que soy de los tuyos.

¿SOY DE LOS TUYOS, SEÑOR?

Ayúdame, Señor, a convertirme, para estar cerca de Ti
a liberarme, para dedicarme a Ti, a llenarme de tu
Espíritu, para ofrecerme al pregón de tu Reino.

Que tu Bautismo, Señor,
sea para mí, causa de crecimiento
llamada a la sinceridad y a la valentía
a la generosidad y al testimonio
a la verdad y a la firme respuesta
Amén.

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