sábado, 19 de noviembre de 2011

Lectura del primer libro de los Macabeos 6, 1-13


El rey Antíoco recorría las provincias de la meseta. Allí se enteró de que en Persia había una ciudad llamada Elimaida, célebre por sus riquezas, su plata y su oro. Ella tenía un templo muy rico, donde se guardaban armaduras de oro, corazas y armas dejadas allí por Alejandro, hijo de Filipo y rey de Macedonia, el primero que reinó sobre los griegos.

Antíoco se dirigió a esa ciudad para apoderarse de ella y saquearla, pero no lo consiguió, porque los habitantes de la ciudad, al conocer sus planes, le opusieron resistencia. Él tuvo que huir y se retiró de allí muy amargado para volver a Babilonia.

Cuando todavía estaba en Persia, le anunciaron que la expedición contra el país de Judá había fracasado. Le comunicaron que Lisias había ido al frente de un poderoso ejército, pero había tenido que retroceder ante los judíos, y que éstos habían acrecentado su poder, gracias a las armas y al cuantioso botín tomado a los ejércitos vencidos. Además, habían destruido la Abominación que él había erigido sobre el altar de Jerusalén y habían rodeado el Santuario de altas murallas como antes, haciendo lo mismo con Betsur, que era una de las ciudades del rey.

Al oír tales noticias, el rey quedó consternado, presa de una violenta agitación, y cayó en cama enfermo de tristeza, porque las cosas no le habían salido como él deseaba. Así pasó muchos días, sin poder librarse de su melancolía, hasta que sintió que se iba a morir. Entonces hizo venir a todos sus amigos y les dijo: «No puedo conciliar el sueño y me siento desfallecer. Yo me pregunto cómo he llegado al estado de aflicción y de amargura en que ahora me encuentro, yo que era generoso y amado mientras ejercía el poder. Pero ahora caigo en la cuenta de los males que causé en Jerusalén, cuando robé los objetos de plata y oro que había allí y mandé exterminar sin motivo a los habitantes de Judá. Reconozco que por eso me suceden todos estos males y muero de pesadumbre en tierra extranjera».


Palabra de Dios.

Reflexionemos

Antíoco está todavía en escena. Pronto desaparecerá, apagándose ante la muerte el esplendor de su temperamento ambicioso y dominante. Su afán de riquezas le llevará hasta las puertas de Elimaida, en Persia. Allí, el templo de Nanea-Artemis guardaba los exvotos de Alejandro Magno, una rica colección de armas. Pero los habitantes de la ciudad defienden eficazmente su santuario y el rey Antíoco se ve precisado a desistir de su intento. Su carrera camina hacia el fin. Un correo le anuncia la victoria de Judas Macabeo contra el gran ejército de Lisias. Esta noticia acaba desmoralizándole, postrándolo en una suma tristeza. El historiador Polibio coincide con el autor sagrado, achacando a la intervención de Dios la enfermedad del rey.

P. Juan R. Celeiro

Santa Isabel de Hungría

Su padre era rey de Hungría y fue hermano de Santa Eduvigis. Nacida en 1207, vivió en la tierra solamente 24 años, y fue canonizada apenas cuatro años después de su muerte. La Iglesia Católica ha visto en ella un modelo admirable de donación completa de sus bienes y de su vida entera a favor de los pobres y de los enfermos.

Cuando ella sólo tenía veinte años y su hijo menor estaba recién nacido, el esposo murió luchando en las Cruzadas. La Santa estuvo a punto de sucumbir a la desesperanza, pero luego aceptó la voluntad de Dios. Renunció a propuestas que le hacían para nuevos matrimonios y decidió que el resto de su vida sería para vivir totalmente pobre y dedicarse a los más pobres. Daba de comer cada día a 900 pobres en el castillo

Un día, después de las ceremonias, cuando ya habían quitado los manteles a los altares, la santa se arrodilló ante un altar y delante de varios religiosos hizo voto de renunciar a todos sus bienes y de vivir totalmente pobre, como San Francisco de Asís hasta el final de su vida y de dedicarse por completo a ayudar a los más pobres. Cambió sus vestidos de princesa por un simple hábito de hermana franciscana. Cuando apenas iba a cumplir sus 24 años, el 17 de noviembre del año 1231, pasó de esta vida a la eternidad.

Los milagros que sucedieron en su sepulcro movieron al Sumo Pontífice a declararla santa, cuando apenas habían pasado cuatro años de su muerte, y además, Santa Isabel de Hungría fue declarada patrona de la Arquidiócesis de Bogotá.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Evangelio Infantil Domingo Fiesta de Cristo Rey

Cristo Rey

Lectura del primer libro de los Macabeos 4, 36-37. 52-59

Judas Macabeo y sus hermanos dijeron: «Nuestros enemigos han sido aplastados; subamos a purificar el Santuario y a celebrar su dedicación». Entonces se reunió todo el ejército y subieron al monte Sión.

El día veinticinco del noveno mes, llamado Quisleu, del año ciento cuarenta y ocho, se levantaron al despuntar el alba y ofrecieron un sacrificio conforme a la Ley, sobre el nuevo altar de los holocaustos que habían erigido. Éste fue dedicado con cantos, cítaras, arpas y címbalos, justamente en el mismo mes y en el mismo día en que los paganos lo habían profanado. Todo el pueblo cayó con el rostro en tierra y adoraron y bendijeron al Cielo que les había dado la victoria. Durante ocho días celebraron la dedicación del altar, ofreciendo con alegría holocaustos y sacrificios de comunión y de acción de gracias. Adornaron la fachada del Templo con coronas de oro y pequeños escudos, restauraron las entradas y las salas, y les pusieron puertas. En todo el pueblo reinó una inmensa alegría, y así quedó borrado el ultraje infligido por los paganos.

Judas, de acuerdo con sus hermanos y con toda la asamblea de Israel, determinó que cada año, a su debido tiempo y durante ocho días a contar del veinticinco del mes de Quisleu, se celebrara con júbilo y regocijo el aniversario de la dedicación del altar.


Palabra de Dios.

Reflexionemos

La fe de Judas Macabeo y su talento militar humillan una vez más al ejército de Antíoco. Después de la victoria su primer deseo es subir al monte Sión para reconstruir el templo. Nuevamente se ofrecerá el sacrificio de olor agradable. Sacrificio ofrecido con gran solemnidad ante todo el pueblo, emocionado y gozoso. La sangre del cordero rocía el altar (Nm 28, 3), resuenan los instrumentos musicales (lCro 16, 42) y las fiestas se alargan por ocho días (2 Cro 7, 8). Holocaustos y sacrificios pacíficos se suceden con fervor, según lo dispuesto por la ley (Lv 7, 11-12). Esta dedicación del templo quedará como fiesta nacional, que llega hasta los tiempos de Cristo (Jn 10,22). El veinticinco del mes Casléu comienza la fiesta con la recitación de Hallel (Sal 113-118) y la lectura de un pasaje del Pentateuco. Una vez más se destaca la importancia de la liturgia en Israel.

P. Juan R. Celeiro

Dedicación de las Basílicas de S. Pedro y S. Pablo

La primera de ellas fue edificada por el emperador Constantino sobre el sepulcro de san Pedro en la colina del Vaticano, y al deteriorarse por el paso de los años fue reconstruida con mayor amplitud y de nuevo consagrada en este mismo día de su aniversario. La otra, edificada por los emperadores Teodosio y Valentiniano en la vía Ostiense, después de quedar aniquilada por un lamentable incendio fue reedificada en su totalidad y dedicada el diez de diciembre. Con su común conmemoración se quiere significar, de algún modo, la fraternidad de los apóstoles y la unidad en Iglesia (1626; 1854).

La actual Basílica de San Pedro en Roma fue consagrada por el Papa Urbano Octavo el 18 de noviembre de 1626, aniversario de la consagración de la Basílica antigua.

La construcción de este grandioso templo duró 170 años, bajo la dirección de 20 Sumos Pontífices. Está construida en la colina llamada Vaticano, sobre la tumba de San Pedro.

Allí en el Vaticano fue martirizado San Pedro (crucificándolo cabeza abajo) y ahí mismo fue sepultado. Sobre su sepulcro hizo construir el emperador Constantino una Basílica, en el año 323, y esa magnífica iglesia permaneció sin cambios durante dos siglos. Junto a ella en la colina llamada Vaticano fueron construyéndose varios edificios que pertenecían a los Sumos Pontífices. Durante siglos fueron hermoseando cada vez más la Basílica.

Cuando los Sumos Pontífices volvieron del destierro de Avignon el Papa empezó a vivir en el Vaticano, junto a la Basílica de San Pedro (hasta entonces los Pontífices habían vivido en el Palacio, junto a la Basílica de Letrán) y desde entonces la Basílica de San Pedro ha sido siempre el templo más famoso del mundo.

La Basílica de San Pedro mide 212 metros de largo, 140 de ancho, y 133 metros de altura en su cúpula. Ocupa 15,000 metros cuadrados. No hay otro templo en el mundo que le iguale en extensión.

Su construcción la empezó el Papa Nicolás V en 1454, y la terminó y consagró el Papa Urbano VIII en 1626 (170 años construyéndola). Trabajaron en ella los más famosos artistas como Bramante, Rafael, Miguel Angel y Bernini. Su hermosura es impresionante.

Hoy recordamos también la consagración de la Basílica de San Pablo, que está al otro lado de Roma, a 11 kilómetros de San Pedro, en un sitio llamado "Las tres fontanas", porque la tradición cuenta que allí le fue cortada la cabeza a San Pablo y que al cortársela cayó al suelo y dio tres golpes y en cada golpe salió una fuente de agua (y allí están las tales tres fontantas).

La antigua Basílica de San Pablo la habían construido el Papa San León Magno y el emperador Teodosio, pero en 1823 fue destruida por un incendio, y entonces, con limosnas que los católicos enviaron desde todos los países del mundo se construyó la nueva, sobre el modelo de la antigua, pero más grande y más hermosa, la cual fue consagrada por el Papa Pío Nono en 1854. En los trabajos de reconstrucción se encontró un sepulcro sumamente antiguo (de antes del siglo IV) con esta inscripción: "A San Pablo, Apóstol y Mártir".

Estas Basílicas nos recuerdan lo generosos que han sido los católicos de todos los tiempos para que nuestros templos sean lo más hermoso posible, y cómo nosotros debemos contribuir generosamente para mantener bello y elegante el templo de nuestro barrio o de nuestra parroquia.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Lectura del primer libro de los Macabeos 2, 15-29


En aquellos días:

Los delegados del rey Antíoco, encargados de imponer la apostasía, llegaron a la ciudad de Modín para exigir que se ofrecieran los sacrificios. Se presentaron muchos israelitas, pero Matatías y sus hijos se agruparon aparte. Entonces los enviados del rey fueron a decirle: «Tú eres un jefe ilustre y gozas de autoridad en esta ciudad, respaldado por hijos y hermanos. Sé el primero en acercarte a ejecutar la orden del rey, como lo han hecho todas las naciones, y también los hombres de Judá y los que han quedado en Jerusalén. Así tú y tus hijos serán contados entre los amigos del rey y gratificados con plata, oro y numerosos regalos».

Matatías respondió en alta voz: «Aunque todas las naciones que están bajo el dominio del rey lo obedezcan y abandonen el culto de sus antepasados para someterse a sus órdenes, yo, mis hijos y mis hermanos nos mantendremos fieles a la Alianza de nuestros padres. El Cielo nos libre de abandonar la Ley y los preceptos. Nosotros no acataremos las órdenes del rey desviándonos de nuestro culto, ni a la derecha ni a la izquierda».

Cuando acabó de pronunciar estas palabras un judío se adelantó a la vista de todos, para ofrecer un sacrificio sobre el altar de Modín, conforme al decreto del rey. Al ver esto, Matatías se enardeció de celo y se estremecieron sus entrañas; y dejándose llevar por una justa indignación, se abalanzó y lo degolló sobre el altar. Ahí mismo mató al delegado real que obligaba a ofrecer los sacrificios y destruyó el altar. Así manifestó su celo por la Ley, como lo había hecho Pinjás con Zimrí, hijo de Salú.

Luego comenzó a gritar por la ciudad con todas sus fuerzas: «Todo el que sienta celo por la Ley y quiera mantenerse fiel a la Alianza, que me siga». Y abandonando todo lo que poseían en la ciudad, él y sus hijos huyeron a las montañas.

Entonces muchos judíos, amantes de la justicia y el derecho, se retiraron al desierto para establecerse allí.


Palabra de Dios.

Reflexionemos

Los delegados del rey continúan sus excursiones por Israel. Ni un solo rincón habría de quedar sin recibir la influencia pagana de Antíoco. Ahora llegan a Modín. Muchos se reúnen y se disponen a claudicar por miedo a las duras represalias del rey. Los enviados pretenden conquistar con promesas a Matatías y a su familia. Si ellos acceden, todo el pueblo estará ganado. Pero este hombre recio, amante de la ley de sus padres, se opone rotundamente. Es más, se estremece de cólera al ver a un judío sacrificar a los dioses. Y siguiendo los preceptos de la ley (Dt 13, 7-12;17, 2- 7), castiga con la muerte al apóstata y al enviado del rey. Se compara su actitud con la de Finés (Nm 25, 7-8), el cual, llevado por el celo de la ley, atravesó con su lanza a Zambrí. La intervención de Matatías arrastra hacia el desierto a cuantos amaban la ley, comenzando así la guerra santa de los Macabeos.

P. Juan R. Celeiro

Los Mártires del Río de La Plata

136 Los Martires Del Rio de La Plata

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Vida de Santos

















Guión 20-11-11. Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo. Ciclo A.


Monición de entrada:
Hoy el Año Litúrgico llega a su fin, y la Iglesia nos invita a vivir la fiesta de Jesucristo Rey del Universo, rey que nos revela su rostro en los más necesitados, y al final de los tiempos nos juzgará en el amor.
Nos ponemos de pie y recibimos al sacerdote con el canto nº

Monición a la 1º Lectura:
El Señor se nos presenta como Buen Pastor que cuida a sus ovejas.

Monición a la 2º Lectura:
San Pablo nos muestra como Cristo reinará al final de los tiempos.

Oración universal:
A cada intención respondemos:
“Por Jesucristo, Rey del Universo, escúchanos Padre”.

• Por la Iglesia, para que la esperanza de la Vida futura la anime y le de fuerzas para continuar con su misión de anunciar a Cristo Rey a todo el mundo. Oremos
• Por las naciones del mundo, para que sus gobernantes se esfuercen por ponerse al servicio de la paz y la justicia. Oremos.
• Por los necesitados y los que más sufren, para que los acompañe siempre la bondad y la gracia del Señor, y así puedan superar los momentos de dificultad. Oremos.
• Por nuestra comunidad parroquial, para que sepamos reconocer en los demás el rostro de Jesús, y nos entreguemos con amor a su servicio. Oremos.

Monición para la presentación de los dones:
Junto al pan y el vino presentemos al Padre nuestros deseos de que su Hijo reine siempre en nuestros corazones.
Canto nº

Monición de Comunión:
Jesús, Rey del Universo, nos espera en la Eucaristía. Dejemos que reine en nuestro corazón.
Canto nº

Monición de salida:
Volvamos a nuestros hogares dispuestos a mostrar la gloria de Dios con la Palabra y nuestras obras.
Canto nº

Lectura del segundo libro de los Macabeos 7, 1. 20-31


Fueron detenidos siete hermanos, junto con su madre. El rey Antíoco, flagelándolos con azotes y tendones de buey, trató de obligarlos a comer carne de cerdo, prohibida por la Ley.

Incomparablemente admirable y digna del más glorioso recuerdo fue aquella madre que, viendo morir a sus siete hijos en un solo día, soportó todo valerosamente, gracias a la esperanza que tenía puesta en el Señor. Llena de nobles sentimientos, exhortaba a cada uno de ellos, hablándoles en su lengua materna. Y animando con un ardor varonil sus reflexiones de mujer, les decía: «Yo no sé cómo ustedes aparecieron en mis entrañas; no fui yo la que les dio el espíritu y la vida ni la que ordenó armoniosamente los miembros de su cuerpo. Pero sé que el Creador del universo, el que plasmó al hombre en su nacimiento y determinó el origen de todas las cosas, les devolverá misericordiosamente el espíritu y la vida, ya que ustedes se olvidan ahora de sí mismos por amor de sus leyes».

Antíoco pensó que se estaba burlando de él y sospechó que esas palabras eran un insulto. Como aún vivía el más joven, no sólo trataba de convencerlo con palabras, sino que le prometía con juramentos que lo haría rico y feliz, si abandonaba las tradiciones de sus antepasados. Le aseguraba asimismo que lo haría su amigo y le confiaría altos cargos.

Pero como el joven no le hacía ningún caso, el rey hizo llamar a la madre y le pidió que aconsejara a su hijo, a fin de salvarle la vida. Después de mucho insistir, ella accedió a persuadir a su hijo.

Entonces, acercándose a él y burlándose del cruel tirano, le dijo en su lengua materna: «Hijo mío, ten compasión de mí que te llevé nueve meses en mis entrañas, te amamanté durante tres años y te crié y eduqué, dándote el alimento, hasta la edad que ahora tienes. Yo te suplico, hijo mío, que mires al cielo y a la tierra, y al ver todo lo que hay en ellos, reconozcas que Dios lo hizo todo de la nada, y que también el género humano fue hecho de la misma manera. No temas a este verdugo: muéstrate más bien digno de tus hermanos y acepta la muerte, para que yo vuelva a encontrarte con ellos en el tiempo de la misericordia».

Apenas ella terminó de hablar, el joven dijo: «¿Qué esperan? Yo no obedezco el decreto del rey, sino las prescripciones de la Ley que fue dada a nuestros padres por medio de Moisés. Y tú, que eres el causante de todas las desgracias de los hebreos, no escaparás de las manos de Dios».


Palabra de Dios.

Reflexionemos

Otro hecho ejemplar, otro llamamiento de fidelidad a la ley de Dios. Por cumplirla fielmente hay que estar dispuesto a dar la vida si es preciso. Cristo llevará este principio hasta las últimas consecuencias y exigirá a los que le sigan el recorrer el camino de la cruz (Mt 20, 19; Le 23, 33). Esta mujer que se nos presenta da muestra de gran valor y de extraordinaria sabiduría. Cada hijo ha sido para ella como un milagro, un hecho en el que ha visto siempre la mano de Dios. Por otro lado, la creación entera sacada de la nada por Dios es una llamada a la fe y a la esperanza. Estos son los argumentos que usa con el último de sus hijos, el más pequeño. Enardecido por las palabras de su madre, también él marcha hacia la muerte con paso firme, seguro de que el que ha creado el universo le devolverá para siempre la vida.

P. Juan R. Celeiro

Santa Margarita de Escocia


Nació del matrimonio habido entre Eduardo y Agata, en Hungría, con fecha difícil de determinar. Su padre nunca llegó a reinar, porque al ser llamado por la nobleza inglesa para ello, resulta que el normando Guillermo el Conquistador invade sus tierras, se corona rey e impone el juramento de fidelidad; al poco tiempo murió Eduardo de muerte natural.

Pero esta situación fue la que hizo que Margarita llegara a ser reina de Escocia por casarse con el rey. Su madre había previsto y dispuesto que la familia regresara al continente al quedarse viuda tras la muerte de su esposo y, bien sea por necesidad de puerto a causa de tempestades, bien por la confianza en la buena acogida de la casa real escocesa, el caso es que atracaron en Escocia y allí se enamoró el rey Malcon III de Margarita y se casó con ella.

Es una mujer ejemplar en la corte y con la gente paño de lágrimas. Se la conoce delicada en el cumplimiento de sus obligaciones de esposa; esmerada en la educación de los hijos, les dedica todo el tiempo que cada uno necesita; sabe estar en el sitio que como a reina le corresponde en el trato con la nobleza y asume responsabilidades cristianas que le llenan el día. Señalan sus hagiógrafos las continuas preocupaciones por los más necesitados: visita y consuela enfermos llegando a limpiar sus heridas y a besar sus llagas; ayuda habitualmente a familias pobres y numerosas; socorre a los indigentes con bienes propios y de palacio hasta vender sus joyas. Lee a diario los Libros Santos, los medita y lo que es mejor ¡se esfuerza por cumplir las enseñanzas de Jesús! De ellos saca las luces y las fuerzas. De hecho, su libro de rezos, un precioso códice decorado con primor -milagrosamente recuperado sin sufrir daño del lecho del río en que cayó- se conserva en la biblioteca bodleiana de Oxford (Inglaterra).

También se ocupó de restaurar iglesias y levantar templos, destacando la edificación de la abadía de Dunferline.

Puso también empeño en eliminar del reino los abusos que se cometían en materia religiosa y se esforzó en poner fin a las abundantes supersticiones; para ello, convocó concilios con la intención de que los obispos determinaran el modo práctico de exponer todo y sólo lo que manda la Iglesia y las enseñanzas de los Padres.

"Gracias, Dios mío, porque me das paciencia para soportar tantas desgracias juntas". Esta fue su frase cuando le comunicaron la muerte de su esposo y de su hijo Eduardo en una acción bélica. Fue cuando marcharon a recuperar el castillo de Aluwick, en Northumberland, del que se había apoderado el usurpador Guillermo. Ella soportaba en aquellos momentos la larga y penosísima enfermedad que le llevó a la muerte el año 1093, en Edimburgo.

Es la reina Margarita la patrona de Escocia, canonizada por el papa Inociencio IV en el año 1250. Pero no pueden venerarse sus reliquias por desconocerse el lugar donde reposan. Por la manía que tenían los antiguos de desarmar los esqueletos de los santos, su cráneo -que perteneció a María Estuardo- se perdió con la Revolución francesa, porque lo tenían los jesuitas en Douai y, desde luego, no salieron muy bien parados sus bienes. El cuerpo tampoco se pudo encontrar cuando lo pidió Gelliers, arzobispo de Edimburgo, a Pío XI, aunque se sabe que se trasladó a España por empeño de Felipe II quien mandó tallar un sepulcro en El Escorial para los restos de Margarita y de su esposo.

Aunque les duela esa carencia de reliquias a los escoceses, tienen sin embargo el orgullo de disfrutar en su historia de las grandes virtudes de una mujer que supo primar su condición cristiana a su condición de reina. O mejor, que ser reina no fue dificultad para vivir hasta lo más hondo su responsabilidad de cristiana. O aún más, supo desde la posición más alta ser testigo de Cristo. Y eso es mucho en cualquier momento de la Historia. ¿No será la gente como ella los que se llaman pobres de espíritu?

Fuente: Archidiócesis de Madrid

martes, 15 de noviembre de 2011

Vida de Santos

San Alberto Magno

Lectura del segundo libro de los Macabeos 6, 18-31


Eleazar, uno de los principales maestros de la Ley, de edad muy avanzada y de noble aspecto, fue forzado a abrir la boca para comer carne de cerdo. Pero él, prefiriendo una muerte honrosa a una vida infame, marchó voluntariamente al suplicio, después de haber escupido la carne, como deben hacerla los que tienen el valor de rechazar lo que no está permitido comer, ni siquiera por amor a la vida.

Los que presidían este banquete ritual contrario a la Ley, como lo conocían desde hacía mucho tiempo, lo llevaron aparte y le rogaron que hiciera traer carne preparada expresamente para él y que le estuviera permitido comer. Asimismo le dijeron que fingiera comer la carne del sacrificio, conforme a la orden del rey. Obrando de esa manera, se libraría de la muerte y sería tratado humanitariamente por su antigua amistad con ellos. Pero él, tomando una noble resolución, digna de su edad, del prestigio de su vejez, de sus venerables canas, de la vida ejemplar que había llevado desde su infancia y, sobre todo, de la santa legislación establecida por Dios, se mostró consecuente consigo mismo, pidiendo que lo enviaran de inmediato a la morada de los muertos.

«A nuestra edad, decía, no está bien fingir. De lo contrario, muchos jóvenes creerán que Eleazar, a los noventa años, se ha pasado a las costumbres paganas.

Entonces también ellos, a causa de mi simulación y de mi apego a lo poco que me resta de vida, se desviarán por culpa mía, y yo atraeré sobre mi vejez la infamia y el deshonor. Porque, aunque ahora me librara del castigo de los hombres, no podría escapar, ni vivo ni muerto, de las manos del Todopoderoso, Por eso, me mostraré digno de mi vejez entregando mi vida valientemente. Así dejaré a los jóvenes un noble ejemplo, al morir con entusiasmo y generosidad por las venerables y santas leyes».

Dicho esto, se encaminó resueltamente al suplicio. Al oír estas palabras, que consideraban una verdadera locura, los que lo conducían cambiaron en crueldad la benevolencia que antes le habían demostrado.

Pero él, a punto ya de morir bajo los golpes, dijo entre gemidos: «El Señor, que posee el santo conocimiento, sabe muy bien que, pudiendo librarme de la muerte, soporto crueles dolores en mi cuerpo azotado; pero mi alma los padece gustosamente por temor a Él».

De este modo, Eleazar dejó al morir, no sólo a los jóvenes, sino a la nación entera, su propia muerte como ejemplo de generosidad y como recuerdo de virtud.


Palabra de Dios.

Reflexionemos

Continuan las persecuciones sangrientas contra los que se empeñan en ser fieles a la ley. El autor sagrado nos refiere algunos hechos que manifiestan esa heroica resistencia. En este pasaje nos habla de Eleazar, que prefirió morir antes que comer las carnes de animales impuros (Lv 11, 7). Su ejemplo quedará como recuerdo imborrable en la historia del pueblo.
Su deseo de dar ejemplo a los jóvenes judíos queda plenamente satisfecho. San Jerónimo le llamará protomártir del Antiguo Testamento. Es digno de destacar su actitud gozosa en medio del martirio (v. 30), preludio de esa alegría que preconizará Cristo a los que sean perseguidos por su nombre (Mt 5, 12).

P. Juan R. Celeiro

San Alberto Magno

Alberto nació en Lauingen, Baviera, a inicios del siglo XIII. A los 16 años se trasladó a Padua para cursar sus estudios universitarios. Fue allí donde conoció al superior general de los dominicos, el beato Jordán de Sajonia, que lo encauzó hacia la vida religiosa.

En el año 1229, vistió el hábito de los frailes predicadores y fue enviado a Colonia, en donde se encontraba la escuela más importante de la Orden. Enseñó en Hildesheim, Friburgo, Ratisbona, Estrasburgo, Colonia y París. Era tal la concurrencia de alumnos a sus clases, que se vio obligado a enseñar en la plaza pública, que todavía hoy lleva su nombre. Entre sus discípulos destaca Santo Tomás de Aquino, de quien san Alberto dijo: “Cuando el buey muja, sus mujidos se oirán en todo el orbe”. Con ellos, la escolástica alcanzó la plena madurez.

Elegido superior provincial de Alemania, abandonó la cátedra parisiense para estar constantemente presente entre las comunidades que se le habían confiado. Recorría a pie las regiones alemanas, mendigando alimento y hospedaje. Posteriormente fue nombrado obispo de Ratisbona y a pesar de su elevada dignidad, supo dar ejemplo de un total desapego de los bienes terrenos. “En sus cajones no había ningún centavo, ni una gota de vino en la botella, ni un puñado de trigo en su granero”.
Dirigió la diócesis durante dos años.

Posteriormente solicitó la renuncia a su alto cargo, y regresó a la vida común del convento y a la enseñanza en la universidad de Colonia. Para prepararse a la muerte, hizo construir su tumba ante la cual todos los días rezaba el Oficio de difuntos. Murió en Colonia el 15 de noviembre de 1280. Fue canonizado en 1931 y declarado patrono de los científicos. Mereció el título de “Magno” y de “Doctor Universal”.


Autor: P. Ángel Amo | Fuente: Catholic.net

lunes, 14 de noviembre de 2011

Lectura del primer libro de los Macabeos 1, 10-15. 41-43. 54-57. 62-64


En aquellos días:

Surgió un vástago perverso, Antíoco Epífanes, hijo del rey Antíoco, que había estado en Roma como rehén y subió al trono el año ciento treinta y siete del Imperio griego. Fue entonces cuando apareció en Israel un grupo de renegados que sedujeron a muchos, diciendo: «Hagamos una alianza con las naciones vecinas, porque desde que nos separamos de ellas, nos han sobrevenido muchos males».

Esta propuesta fue bien recibida, y algunos del pueblo fueron en seguida a ver al rey y éste les dio autorización para seguir las costumbres de los paganos. Ellos construyeron un gimnasio en Jerusalén al estilo de los paganos, disimularon la marca de la circuncisión y, renegando de la santa alianza, se unieron a los paganos y se entregaron a toda clase de maldades.

El rey promulgó un decreto en todo su reino, ordenando que todos formaran un solo pueblo y renunciaran a sus propias costumbres. Todas las naciones se sometieron a la orden del rey y muchos israelitas aceptaron el culto oficial, ofrecieron sacrificios a los ídolos y profanaron el sábado.

El día quince del mes de Quisleu, en el año ciento cuarenta y cinco, el rey hizo erigir sobre el altar de los holocaustos la Abominación de la desolación. También construyeron altares en todas las ciudades de Judá. En las puertas de las casas y en las plazas se quemaba incienso. Se destruían y arrojaban al fuego los libros de la Ley que se encontraban, y al que se descubría con un libro de la Alianza en su poder, o al que observaba los preceptos de la Ley, se lo condenaba a muerte en virtud del decreto real.

Sin embargo, muchos israelitas se mantuvieron firmes y tuvieron el valor de no comer alimentos impuros; prefirieron la muerte antes que mancharse con esos alimentos y quebrantar la santa alianza, y por eso murieron. Y una gran ira se descargó sobre Israel.


Palabra de Dios.

Reflexionemos

Un nuevo y terrible personaje aparece en la historia de Israel, el rey Antíoco. Hombre despreciable, que llegará al trono por la vía de la intriga (Dn 11, 21). Estamos sobre el s. II a. de C. Un período cercano a la llegada del Mesías, que se caracteriza por la persecución y la lucha, como una última purificación que disponga los ánimos para recibir a Cristo. Antíoco se empeña en helenizar a Israel. Pero la ley de Dios se opone a todo conformismo con las costumbres paganas (Ex 34, 11-16; Dt 7,1-11). Sin embargo, surgen grupos de judíos que se oponen a la alianza y secundan los planes de rey. Pero otros muchos se opondrán con valentía a la contaminación, darán su vida por mantenerse fieles a la ley, harán frente a la ira de Antíoco a costa de su misma sangre.

P. Juan R. Celeiro

San Serapión

Uno de los principios que más pronto asimila el cristiano, es que está llamado a transmitir con su vida un misterio de esperanza a su alrededor.

Este joven nació en Inglaterra y murió en Argel en 1240. Desde su infancia soñaba con dar su sangre por amor a Cristo.

Tuvo la suerte de crecer en la corte del duque de Austria, en donde se respiraba, a pesar de todo el fausto de la corte, un profundo espíritu religioso auténtico.

Para él, su deseo más grande era venir a España para ayudarle al rey Alfonso VIII en la expulsión de los moros de nuestro país.

Se sintió apenado porque a su llegada, el rey y los moros habían firmado una tregua entre los beligerantes.

Se quedó aquí con la esperanza de que las hostilidades comenzaran de nuevo.

Durante este intervalo, encontró al hermano Berenguer, un miembro de la Orden mercedaria que acaba de ser fundada por Pedro Nolasco con el único fin de rescatar a los cautivos cristianos en manos de los moros.

Y le decía el hermano:<>

San Pedro Nolasco los envió a los dos a Murcia. Serapión tenía aún mucho dinero y, de hecho, consiguió rescatar a un centenar de soldados cristianos cautivos.

Luego se fueron a Argel y salvaron casi otros tantos. Cuando se quedó ya sin dinero, Berenguer tuvo que volver a España para buscar más dinero.

Serapión se quedó en Argel como rehén hasta que volviese su amigo.

Apenas se fue su amigo, el joven Serapión se echó a la calle increpando a Mahoma y predicando a Cristo. Hizo algunas conversiones. Pero el rey de Argel le condenó a muerte.

domingo, 13 de noviembre de 2011

¡Tengo tanto miedo, Señor!

De invertir tiempo, ideas y sudor,

esfuerzo e ilusión, y como respuesta,

encontrar sólo el vacío o la incomprensión.

¿Por qué me has dado tanto, Jesús?

Con menos talentos divinos,

se vive la vida más fácilmente y mejor.

Con más comodidad y sin tantos riesgos.



¡Tengo tanto miedo, Señor!

De no estar a la altura que Tú me marcas,

de no dar la talla en el campo de batalla:

en la familia, o en el trabajo,

en la enfermedad o en la salud,

en la palabra o en la obra.



¡Tengo tanto miedo, Señor!

De gastar por el camino lo que Tú me has dado,

aquello que pienso que es mío y no tuyo.

De quemarme por brindarme y ofrecerme,

o cansarme de sembrar sin recoger nada a cambio.



¡Tengo tanto miedo, Señor!

De que regreses y, tu fortuna,

la encuentres mal empleada,

por mi falta de valentía o audacia,

por mi cobardía o desinterés,

por mi timidez o mi falta de seguridad.




¡Cuánto miedo tengo, Señor!

De no invertir mi vida como,

Tú en la cruz, lo hiciste:

con silencio, grandeza y dolor,

con perdón, humildad y sacrificio,

con fe, esperanza o misericordia.



¡Cuánto miedo tengo, Señor!

De mirarme a mí mismo,

y viendo lo mucho que me has dado,

creer que no merece la pena arriesgarlo todo:

por Dios y por el hombre,

por la Iglesia y por el mundo,

por mis hermanos y por mí mismo.



¡Cuánto miedo tengo, Señor!

Que vengas…y me pilles con el pie cambiado,

lejos de tus caminos y, con mis talentos,

sin haberlos utilizado a fondo.


P. Javier Leoz

Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Tesalónica 5, 1-6

Hermanos:

En cuanto al tiempo y al momento, no es necesario que les escriba. Ustedes saben perfectamente que el Día del Señor vendrá como un ladrón en plena noche. Cuando la gente afirme que hay paz y seguridad, la destrucción caerá sobre ellos repentinamente, como los dolores del parto sobre una mujer embarazada, y nadie podrá escapar.

Pero ustedes, hermanos, no viven en las tinieblas para que ese Día los sorprenda como un ladrón: todos ustedes son hijos de la luz, hijos del día. Nosotros no pertenecemos a la noche ni a las tinieblas. No nos durmamos, entonces, como hacen los otros: permanezcamos despiertos y seamos sobrios.


Palabra de Dios.


"La llamada del Señor a estar alertas, ¿la entiendo como una llamada a vivir con miedo a la muerte, o como una llamada a vivir en libertad, lleno de esperanza, trabajando por la construcción de ese Reino que sé que Él nos dará un día en toda su plenitud? ¿Me da miedo soñar en la utopía del Reino, o estoy convencido que el Reino será aún mayor y mejor que mis mejores y mayores sueños?"

SALMO RESPONSORIAL 127, 1-5

¡Feliz el que ama al Señor!


¡Feliz el que teme al Señor

y sigue sus caminos!

Comerás del fruto de tu trabajo,

serás feliz y todo te irá bien. R.



Tu esposa será como una vid fecunda

en el seno de tu hogar;

tus hijos, como retoños de olivo

alrededor de tu mesa. R.



¡Así será bendecido el hombre que teme al Señor!

¡Que el Señor te bendiga desde Sión

todos los días de tu vida:

que contemples la paz de Jerusalén! R.

Lectura del libro de los Proverbios 31, 10-13. 19-20. 30-31


Una buena ama de casa, ¿quién la encontrará? Es mucho más valiosa que las perlas.
El corazón de su marido confía en ella y no le faltará compensación.
Ella le hace el bien, y nunca el mal, todos los días de su vida.
Se procura la lana y el lino, y trabaja de buena gana con sus manos. Aplica sus manos a la rueca y sus dedos manejan el huso.
Abre su mano al desvalido y tiende sus brazos al indigente. Engañoso es el encanto y vana la hermosura:la mujer que teme al Señor merece ser alabada.
Entréguenle el fruto de sus manosy que sus obras la alaben públicamente.

Palabra de Dios.

Reflexionemos

En este elogio de la mujer perfecta parece estar insinuado un simbolismo, una lectura alegórica: esta mujer sería una personificación de la Sabiduría. Y también sería válida una lectura desde la Alianza entre Dios y su Pueblo en clave nupcial. Pues será alabada la mujer que teme al Señor, vale decir, que vive según su voluntad, atenta en sus actitudes al querer del Marido. Se ensalza a esta mujer porque Dios-Esposo puede confiarle su corazón, bendiciéndola sin medida. Si bien el pasaje resulta provechoso para sugerir actitudes evangélicas a las esposas cristianas con respecto a la vida familiar, el centro del mensaje podría ser éste: ¿la Iglesia, mi comunidad parroquial y yo mismo vivimos de tal modo nuestra Alianza con Dios que seamos para Él un motivo de gozo como lo sería esta mujer perfecta para su marido?; ¿estoy atento a cuidar la Casa del Señor, su Pueblo, su Reino que se hace presente en la historia, su obra en medio de la comunidad como lo haría una empeñosa ama de casa?

P. Juan R. Celeiro

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