sábado, 16 de marzo de 2013

Lectura del libro de Jeremías 11, 18-20


 

Señor, Tú me has hecho ver las intrigas de este pueblo.
Y yo era como un manso cordero, llevado al matadero, sin saber que ellos urdían contra mí sus maquinaciones: «¡Destruyamos el árbol mientras tiene savia, arranquémoslo de la tierra de los vivientes, y que nadie se acuerde más de su nombre!»
Señor de los ejércitos,
que juzgas con justicia,
que sondeas las entrañas y los corazones,
que yo vea tu venganza contra ellos,
porque a ti he confiado mi causa!
 
Palabra de Dios.

Reflexionemos

La misma suerte de Jesús, Jeremías la vivió seis siglos antes; también él fue perseguido por ser fiel a la Palabra de Dios. La imagen del “cordero” nos sugiere la inocencia y al cordero pascual, cuyo sacrificio es útil al pueblo entero. Todo hombre que sufre es una imagen de Cristo sufriente. Todo sufrimiento, sobretodo si es sobrellevado concientemente y ofrecido, participa de la redención y contribuye a salvar el mundo, en unión con Jesús. Jeremías se abandona en el Señor. Jesús dará un paso mas rezara por sus enemigos.

P. Juan R. Celeiro 

SALMO RESPONSORIAL 7, 2-3. 9bc-12



R.    ¡Señor, Dios mío, en ti me refugio!

Señor, Dios mío, en ti me refugio:
sálvame de todos los que me persiguen;
líbrame, para que nadie pueda atraparme
como un león, que destroza sin remedio. R.

Júzgame, Señor, conforme a mi justicia
y de acuerdo con mi integridad.
¡Que se acabe la maldad de los impíos!
Tú que sondeas las mentes y los corazones,
Tú que eres un Dios justo, apoya al inocente. R.

Mi escudo es el Dios Altísimo,
que salva a los rectos de corazón.
Dios es un Juez justo
y puede irritarse en cualquier momento. R.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 7, 40-53


 

Algunos de la multitud, que habían oído a Jesús, opinaban: «Éste es verdaderamente el Profeta». Otros decían: «Éste es el Mesías». Pero otros preguntaban: «¿Acaso el Mesías vendrá de Galilea? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá del linaje de David y de Belén, el pueblo de donde era David?» y por causa de Él, se produjo una división entre la gente. Algunos querían detenerlo, pero nadie puso las manos sobre Él.
Los guardias fueron a ver a los sumos sacerdotes y a los fariseos, y éstos les preguntaron: «¿Por qué no lo trajeron?»
Ellos respondieron: «Nadie habló jamás como este hombre». Los fariseos respondieron: «¿También ustedes se dejaron engañar? ¿Acaso alguno de los jefes o de los fariseos ha creído en Él? En cambio, esa gente que no conoce la Ley está maldita».
Nicodemo, uno de ellos, que había ido antes a ver a Jesús, les dijo: «¿Acaso nuestra Ley permite juzgar a un hombre sin escucharlo antes para saber lo que hizo?»
Le respondieron: «¿Tú también eres galileo? Examina las Escrituras y verás que de Galilea no surge ningún profeta».
Y cada uno regresó a su casa.
 
Palabra del Señor.



¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida? 


            Hoy sigue pasando lo mismo, negar la evidencia y el pensar bien: “éste es el profeta”; “éste es el Mesías”; “nadie ha hablado como lo hace este hombre”; “¿acaso nuestra ley permite condenar sin haberle oído previamente?”. Para justificar nuestro modo de pensar y actuar: “¿También vosotros os habéis dejado seducir?”; “esta gente, que no conoce la ley, se halla bajo la maldición”; “¿también tú eres galileo?”.


            Los cristianos seguimos teniendo delante de nosotros el reto de romper con la dinámica de condena y de autojustificación para entrar en la dinámica de amor y misericordia de Dios.


 

San Clemente Hofbauer

Clemente fue el noveno de los 12 hijos de un carnicero. Nació en Moravia, Austria, en 1751.
A los siete años muere su padre. Después del funeral, la mamá le presenta un crucifijo y le dice: "Jesucristo será tu padre. Debes tener mucho cuidado para no ofenderlo con pecados".
Vocación contrariada: quiere ser sacerdote. Seis veces lo intenta y las seis veces tiene que desistir. Varias por pobreza, y otras por oposiciones de diversas clases. A los 15 años trabaja como panadero. Se va a colaborar en la panadería de un convento y el superior entusiasmado al ver su gran heroísmo por ayudar a los necesitados, lo ayuda a estudiar para el sacerdocio. Pero muere el superior y el joven estudiante queda otra vez desamparado.
Un encuentro providencial.
A los 30 años un día ve que dos señoras en pleno aguacero están necesitando una carroza para dirigirse a su casa, y él se ofrece para ir a conseguirla. Y este favor muy oportuno lo llevó a realizar el deseo de su corazón, pues las dos señoras que eran muy ricas, al saber que él deseaba ser sacerdote pero que no tenía con qué costearse los estudios, se encargaron de correr ellas con los gastos de su seminario. Y así a los 34 años llegó al sacerdocio.
Enseguida se fue a Roma y allá supo que había una comunidad religiosa recién fundada y sumamente fervorosa: los Padres Redentoristas. Pidió ser admitido allí, y el mismo fundador, San Alfonso de Ligorio, lo recibió muy gozoso. Y sucederá que más tarde a San Clemente lo llamarán "El segundo Fundador de los Redentoristas", porque será él quien extenderá esa Congregación por el norte de Europa.
El padre Clemente fue enviado por sus superiores a Varsovia, la capital de Polonia, y allí empezó a conseguir éxitos admirables. El templo que le asignaron se llenaba cinco veces por día (y su capacidad es de mil personas). Las ceremonias y el culto eran tan atrayentes y solemnes, que hasta los no creyentes asistían con gusto. Cada día se predicaba allí cinco veces: tres en polaco y dos en alemán. Y diariamente se celebraban tres misas solemnes con orquesta.
Los muchos miles de alemanes que había en Varsovia llevaban tiempo sin quién les celebrara y les predicara en Alemán, y hasta estaban asistiendo a centros protestantes. Ahora empezaron a llegar en grandes grupos a las celebraciones del Padre Clemente y de los otros padres redentoristas.
El santo no se negaba a ningún gasto, aunque fuera muy costoso, con tal de que las ceremonias religiosas resultaran lo más solemnes posibles. Y esto atraía muchos fieles y fue la causa de muchísimas conversiones.
Aunque eran tiempos en que los herejes jansenistas andaban diciendo a todos que nadie debía comulgar más de una vez por año o por mes, sin embargo San Clemente logró que en su templo las comuniones llegaran a 104,000 en un solo año.
Durante nueve años predicó sin cansancio y fueron muchísimos los católicos indiferentes y los protestantes y hasta judíos que se volvieron fervorosos católicos. Y además las vocaciones llegaban en número impresionante.
Las continuas guerras habían dejado a las gentes pobres en la más tremenda miseria. Entonces San Clemente fundó orfanatos para recoger y educar gratuitamente a la juventud desamparada. Uno de 300 varones y otro de 200 niñas.
Un día cuando él pasaba de tienda en tienda buscando ayudas para sus niños pobres, al pedirle limosna a un jugador de cartas en una taberna, éste lo insultó y escupió en la cara. El santo sacó el pañuelo, se limpió y le dijo amablemente: "Caballero: esto fue un obsequio personal para mí. ¿Ahora me quiere obsequiara algo para los pobres del Niño Jesús?" Aquél hombre se sintió confundido y en adelante fue amigo y ayudador del gran apóstol, a quien escogió como confesor y director espiritual.
Napoleón mandó suprimir la Comunidad Redentorista. El padre Clemente fue llevado con sus compañeros redentoristas a la cárcel, sacándolo la policía de su propio templo, mientras estaba confesando. Pero en la cárcel era tanto el gentío que llegaba a pedir consejos y a oír hablar de Dios, que la policía tuvo que soltarlo, para que no convirtiera a tantos pecadores. Fue expulsado del país.
San Clemente vuelve a su patria, Austria, y llega a la capital, en un viaje de muchos días a pie, y después de haber sido apresado varias veces en el camino por los agentes del gobierno. En Viena lo reciben con cuatro días de cárcel, pero luego lo dejan en libertad. Allí trabajará incansablemente los últimos 12 años de su vida.
El Sr. Arzobispo lo nombró capellán de las monjas Ursulinas de Viena. El primer domingo asistieron a su predicación solamente seis personas. Pero al domingo siguiente las monjas ven con admiración que la iglesia está totalmente llena. Su predicación era algo totalmente nuevo para aquella ciudad. Los demás predicaban vaguedades. Clemente habla claramente de la Iglesia Católica no tiene ningún miedo en defenderla. Otros se callan cuando hay que hablar francamente en favor de la Virgen María, del Sumo Pontífice, de la frecuente confesión y de comulgar más frecuentemente. El habla de frente y sin miedos ni rodeos y esto le atrae cada domingo una mayor cantidad de oyentes.
Clemente durante toda su vida de predicador tuvo una cualidad muy especial: hablar con mucha sencillez, como para que lo entendiera el pueblo ignorante. Y esta sencillez agradaba también a los muy instruidos. Así que el grupo más numeroso, entre sus oyentes, después del pueblo humilde, era el de los universitarios, artistas y profesores.
La gente exclamaba al escucharlo: "Parece al hablar, que él hubiera estado allí presente de testigo en el momento en el que sucedieron los hechos de la Biblia que nos va narrando". Pero lo que más oyentes le atraía no era el gusto de oírle hablar tan sabrosamente, sino el hecho de que los oyentes volvían a su casa transformados. Sus sermones no los dejaban en paz con sus pecados ni les permitían quedarse paralizados en su ascenso hacia la santidad. Cada sermón que se le escuchaba a San Clemente era como una oleada de fervor que inundaba el alma.
Una señora le dijo un día escandalizada: ¿Uf, qué diría la gente si yo, la esposa de semejante señor tan conocido, me dedicara a comulgar frecuentemente? Y el santo le respondió: "Piense más bien, ¿qué diría la gente si Ud., la esposa de un señor tan conocido, se condena eternamente?. Y esa respuesta la hizo estremecer y cambiar.
Los enemigos y los envidiosos acusaron al Padre Clemente de ser demasiado amigo del Sumo Pontífice en sus sermones. A su predicación nunca faltaba un numeroso grupo de policías y detectives enviados por el gobierno. Unos se convertían pero otros lo acusaban. Y entonces llegó el decreto que mucho lo iba a hacer sufrir. Se le prohibía predicar. Querían expulsarlo del país, pero el Papa y el Arzobispo intercedieron ante el emperador, y éste, en una entrevista privada, le prometió al santo que no permitiría su expulsión.
Entonces se cumplió lo que San Clemente repetía muy frecuentemente: "Lo que Dios permite que nos suceda, aunque a nosotros nos parezca que es para nuestro mal, a fin resulta ser para nuestro bien". Su expulsión de Polonia sirvió para que llegara a ser el gran apóstol de Viena. Y la prohibición de predicar sirvió para que se dedicara con gran provecho a confesar, y a atender a los enfermos. Esto no se lo podían prohibir y aquí obtuvo prodigios.
Su confesionario llegó a ser una fuente de influencia tan poderosa en muchísimos penitentes, que fue llamado "El Apóstol de Viena". Horas y horas pasaba en su confesionario absolviendo e impartiendo dirección espiritual. Y hasta personas que ocupaban altos puestos llegaban a ser dirigidos por él. La ciudad de Viena y su Universidad recibieron su benéfico influjo que las fue transformando.
San Clemente visitó más de 2000 moribundos. Cada noche lo veían envuelto en un manto negro y con una linterna en la mano recorriendo aun los más lejanos barrios para visitar, consolar, confesar y ayudar a bien morir a cuanto enfermo lograba encontrar. Repetía frecuentemente: "Si desde mi habitación hasta la habitación del enfermo alcanzo a rezar un rosario, ya puedo estar seguro de que se confesará, comulgará y terminará santamente sus días". Un día las monjas lo ven muy preocupado buscando algo que se le ha perdido. "Busco mi arma de combate. Busco la llave que abre todas las puertas". Al fin una monjita le dice: ¡Yo me encontré esta camándula! Y el santo le responde: "Gracias, gracias: esa es el arma que me consigue victorias, mi Rosario!
Un caso raro. Un día ante un moribundo que se negaba a confesarse y a comulgar, se quedó de pie frente a él y le dijo: "Voy a mirar cómo es que se muere uno que se va a condenar". El enfermo se impresionó al morir esto y arregló los problemas de su alma y recibió los sacramentos y murió con señales de arrepentimiento y fervor.
Una de sus mayores y más fuertes maneras de influir en Viena fue la de haber fundado un colegio católico. Ahí formó muchísimos líderes que después supieron defender nuestra religión en el parlamento, en la prensa y el gobierno.
Clemente reunía universitarios, artistas y gentes influyentes y les daba instrucción religiosa. Los entusiasmaba con el rezo del rosario y los animaba a hacer apostolado, cada uno en el medio donde vivía. Esto produjo un despertar religioso en toda la ciudad. Varios de sus discípulos fundaron periódicos católicos, otros se oponían fuertemente en la universidad a los que atacaban a la religión católica y buen número de ellos fue formando un partido católico que más tarde será una fuerza poderosa que defenderá la religión.
Un escritor llegó a decir: "Los tres que más han influido últimamente en nuestra patria son: El emperador Napoleón, el poeta Goethe y el padre Clemente".
Los enemigos obtuvieron que el gobierno dictara orden de destierro. Clemente aguarda y se niega a cumplir inmediatamente la tal orden tan injusta. Pero en ese tiempo el emperador va a visitar a Roma y el Santo Padre, el Papa, le habla de tal manera en favor del santo que de Italia llega luego una orden imperial mandando que no se cumpla el decreto de destierro.
Y el quince de marzo de 1820, nuestro santo entrega su alma a Dios. Deja 32 novicios en su Congregación. Al día siguiente de su muerte, el 16 de marzo, el día de su entierro, llega la orden del emperador aprobando que en Austria se extienda la Comunidad de Redentoristas. Se cumple así lo que el santo había anunciado: "Tengamos paciencia y confianza en Dios, que después de mi muerte, la Congregación se extenderá por nuestra nación". Y así sucedió.

viernes, 15 de marzo de 2013

Lectura del libro de la Sabiduría 2, 1a. 12-22


 

Los impíos dicen entre sí, razonando equivocadamente:
«Tendamos trampas al justo, porque nos molesta
y se opone a nuestra manera de obrar;
nos echa en cara las transgresiones a la Ley
y nos reprocha las faltas contra la enseñanza recibida.
Él se gloría de poseer el conocimiento de Dios
y se llama a sí mismo hijo del Señor.
Es un vivo reproche contra nuestra manera de pensar
y su sola presencia nos resulta insoportable,
porque lleva una vida distinta de los demás
y va por caminos muy diferentes.
Nos considera como algo viciado
y se aparta de nuestros caminos como de las inmundicias.
Él proclama dichosa la suerte final de los justos
y se jacta de tener por padre a Dios.
Veamos si sus palabras son verdaderas
y comprobemos lo que le pasará al final.
Porque si el justo es hijo de Dios, Él lo protegerá
y lo librará de las manos de sus enemigos.
Pongámoslo a prueba con ultrajes y tormentos,
para conocer su temple y probar su paciencia.
Condenémoslo a una muerte infame,
ya que él asegura que Dios lo visitará».
Así razonan ellos, pero se equivocan,
porque su malicia los ha enceguecido.
No conocen los secretos de Dios,
no esperan retribución por la santidad,
ni valoran la recompensa de las almas puras.
 
Palabra de Dios.


Reflexionemos

Los verdaderos profetas son con frecuencia perseguidos. Los falsos, los que no se preocupan de transmitir lo que Dios dice, sino lo que gusta a la gente, ésos sí que prosperan. Lo de perseguir al profeta le puede pasar al Papa, si lo que dice no gusta. A unos obispos o a unos misioneros, si su voz se levanta para denunciar injusticias o situaciones que afectan a intereses de poderosos. También nos puede pasar a cada uno de nosotros, si con nuestra vida damos un testimonio de valores diferentes, porque vivimos en sentido inverso de lo que es moda. O sea, si damos testimonio del evangelio de Jesús, que no coincide con el del mundo. Tal vez no llegaremos a ser perseguidos y amenazados de muerte, pero sí desacreditados o ridiculizáis o simplemente ignorados. No deberíamos asustarnos demasiado. Todos estamos comprometidos en la batalla entre el bien y el mal. Jesús fue signo de contradicción. Los cristianos, si somos luz y sal, podemos también resultar molestos en el ambiente en que nos movemos. Lo triste seria que no diéramos ninguna clase de testimonio, que fuéramos insípidos, incapaces de iluminar o interpelar a nadie.

P. Juan R. Celeiro 

SALMO RESPONSORIAL 33, 17-21. 23



R.    El Señor está cerca del que sufre.

El Señor rechaza a los que hacen el mal
para borrar su recuerdo de la tierra.
Cuando ellos claman, el Señor los escucha
y los libra de todas sus angustias. R.

El Señor está cerca del que sufre
y salva a los que están abatidos.
El justo padece muchos males,
pero el Señor lo libra de ellos. R.

Él cuida todos sus huesos,
no se quebrará ni uno solo.
Pero el Señor rescata a sus servidores,
y los que se refugian en Él no serán castigados. R.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 7, 1-2. 10. 14. 25-30


 

Jesús recorría la Galilea; no quería transitar por Judea porque los judíos intentaban matarlo.
Se acercaba la fiesta judía de las Chozas. Cuando sus hermanos subieron para la fiesta, también Él subió, pero en secreto, sin hacerse ver. Promediaba ya la celebración de la fiesta, cuando Jesús subió al Templo y comenzó a enseñar.
Algunos de Jerusalén decían: «¿No es éste Aquél a quien querían matar? ¡Y miren como habla abiertamente y nadie le dice nada! ¿Habrán reconocido las autoridades que es verdaderamente el Mesías? Pero nosotros sabemos de dónde es éste; en cambio, cuando venga el Mesías, nadie sabrá de dónde es».
¡Entonces Jesús, que enseñaba en el Templo, exclamó:
«¿Así que ustedes me conocen
y saben de dónde soy?
Sin embargo, Yo no vine por mi propia cuenta;
pero el que me envió dice la verdad,
y ustedes no lo conocen.
Yo sí lo conozco,
porque vengo de Él
y es Él el que me envió».
Entonces quisieron detenerlo, pero nadie puso las manos sobre Él, porque todavía no había llegado su hora.
 
Palabra del Señor.



¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida? 




            Jesús sabe que muchos judíos tratan de matarlo en Jerusalén. Por eso anda cauteloso. No quiere provocar la reacción violenta de sus enemigos. Pero la cautela, no le lleva a decir lo contrario de lo que piensa y sigue dando testimonio de aquél que lo ha enviado. No se deja llevar ni siquiera por el miedo a la muerte. Su voluntad es insobornable.



            Tampoco los cristianos deberíamos provocar la reacción contraria de nuestros “enemigos”. No podemos provocar, pero tampoco podemos quedarnos callados. No podemos traicionar a Dios. Es difícil este equilibrio, pero es necesario.



            Pedimos perdón por las veces en las que provocamos reacciones violentas.

Pedimos perdón porque a veces nos callamos cobardemente o no decimos lo que pensamos por miedo.
Damos gracias porque Dios nos enseña a ser cautelosos y valientes a la vez. Pedimos luz y fuerza.

Santa Luisa de Marillac

Nació en Francia el 12 de Agosto de 1591. Huérfana a los 14 años, sintió un fuerte deseo de hacerse religiosa, pero por su delicada salud, y su débil constitución no fue admitida. Un sacerdote le dijo: "Probablemente, Nuestro Señor te ha destinado a formar un hogar".
Se casó entonces con Antonio Le Grass, secretario de la reina de Francia, María de Médicis.
Dicen sus biógrafos: "Luisa fue un modelo de esposa. Con su bondad y amabilidad logró transformar a su esposo que era duro y violento, y hasta obtuvo que en su casa todos rezaran en común las oraciones de cada día.
Dios le concedió un hijo, al cuál amó de tal manera que San Vicente le escribió diciéndole: "Jamás he visto una madre tan madre como usted".
Y en otra carta le dice el santo: "Que felicidad nos debe traer el pensar que somos hijos de Dios. Pues Nuestro Señor nos ama con afecto muchísimo más grande que el que Usted le tiene a su hijo. Y eso que yo no he visto en ninguna otra madre un amor tan grande por el propio hijo, como el que Usted tiene hacia el suyo".
A los 34 años queda viuda y entonces decide hacerse religiosa. "Ya he servido bastante tiempo al mundo, ahora me dedicaré totalmente a servir a Dios". Claro está que en la vida "mundana" que había tenido se había comportado tan sumamente bien que los que la conocieron están de acuerdo en afirmar que lo más probable es que ella no cometió ni siquiera un solo pecado mortal en toda su vida.
Esta santa mujer tuvo la dicha inmensa de tener como directores espirituales a dos santos muy famosos y extraordinariamente guías de almas: San Francisco de Sales y San Vicente de Paúl. Con San Francisco de Sales tuvo frecuentes conversaciones espirituales en París en 1618 (tres años antes de la muerte del santo) y con San Vicente de Paúl trabajó por treinta años, siendo su más fiel y perfecta discípula y servidora.
San Vicente de Paúl había fundado grupos de mujeres que se dedicaban a ayudar a los pobres, atender a los enfermos e instruir a los ignorantes. Estos grupos de caridad existían en los numerosos sitios en donde San Vicente había predicado misiones, pero sucedía que cuando el santo se alejaba los grupos disminuían su fervor y su entusiasmo. Se necesitaba alguien que los coordinara y los animara. Y esa persona providencial iba a ser Santa Luisa de Marillac.
Cuando Luisa se ofreció para coordinar y dirigir los grupos de caridad, el santo se entusiasmó y le escribió diciendo: "Vaya en nombre del Señor. Que Dios la acompañe. Que El sea su fuerza en el trabajo y su consuelo en las dificultades".
En aquellos tiempos los viajes eran muy penosos y peligrosos. Los caminos eran largos, las comidas malas, y los alojamientos incómodos. La santa tenía una constitución muy débil, pero San Vicente exclamaba: "Su salud es poca, sus tribulaciones son muchas y su actividad es infatigable. Pero sólo Dios sabe la fuerza de ánimo y de voluntad que esta mujer tiene".
Dicen sus biógrafos que Luisa recorría el país visitando las asociaciones de caridad y que levaba siempre gran cantidad de ropas y medicinas para regalar y que casi todo lo compraba con dinero que ella misma por sus propios esfuerzos había conseguido.
Apenas llegaba al lugar, reunía a las mujeres de la asociación de la caridad, les recordaba los deberes y virtudes que debían cumplir quienes formaban parte de aquella asociación, las entusiasmaba con sus recomendaciones y se esforzaba por conseguir nuevas socias. Ella misma visitaba a los enfermos e instruía a los ignorantes y repartía ayuda a los pobres, y esto lo hacía con tal entusiasmo y tan grande bondad, que cuando marchaba de ahí, quedaba todo renovado y rejuvenecido.
La familia Marillac, que ocupaba altos puestos en el gobierno, cayó en desgracia del rey Luis Trece y uno fue condenado a muerte y otros fueron a la cárcel. Luisa, aunque sufría mucho a causa de esto, no permitía que nadie hablara mal en su presencia contra el rey, y su primer ministro Richelieu que tanto los habían hecho padecer.
En 1633, el 25 de marzo, las primeras cuatro jóvenes hacen votos de pobreza, castidad y obediencia, bajo la dirección de Luisa, Así nació la más grande comunidad femenina que existe, las Hermanas Vicentinas, Hijas de la Caridad.
San Vicente les hizo este reglamento: "Por monasterio tendrán las casas de los enfermos. Por habitación una pieza arrendada. Por claustro tendrán las calles donde hay pobres que socorrer. Su límite de acción será la obediencia. Puerta y muro de defensa será el temor de ofender a Dios. El velo protector será la modestia o castidad"
En aquellos años de 1633, Francia estaba pasando por una situación dificilísima de guerras, miseria, ignorancia y abandono. Fue entonces cuando guiadas por el incansable San Vicente de Paúl, las Hijas de la Caridad se dedicaron a colaborar en todos los frentes posibles, para socorrer a los más necesitados.
Santa Luisa consiguió una casa grande y allí reunía a los pordioseros y los ponía a trabajar. Las mujeres a hilar y a coser y los hombres a hacer diversas obras manuales. Así los fue transformando en personas útiles a la sociedad. La alegría y el trabajo reinaban en aquel inmenso asilo ocupado por la mayoría de los mendigos de París. Y las Vicentinas los atendían con exquisita caridad.
Consiguió otra casa y allí recogía a los locos o enfermos mentales, y a base de una buena alimentación y de medicinas y de mucho cariño, con sus religiosas los atendía esmeradísimamente, y lograba en muchísimos casos su recuperación.
En 1655, el Arzobispado de París le concede la aprobación a la Nueva Comunidad. Y San Vicente reúne a sus religiosas y les dice: "De hoy en adelante llevarán siempre el nombre de Hijas de la Caridad. Conserven este título que es el más hermoso que puedan tener".
De Santa Luisa se puede decir lo que Fray Luis de León dijo acerca de Santa Teresa: "Para conocer cómo era su personalidad, basta conocer cómo fueron las religiosas que ella formó y las obras que escribió". Las religiosas formadas por Luisa fueron personas dedicadas con cuerpo y alma y por toda la vida a las obras de la caridad y de apostolado. Y sus escritos causan asombro al considerar de dónde sacó tiempo para escribir centenares de cartas con consejos muy prácticos y provechosos, y para resumir las numerosas conferencias que dictaba San Vicente, copiarlas y hacerlas circular, y para hacer extractos de las meditaciones y de los Retiros Espirituales que predicaba el Santo, y formar así tres volúmenes de 1,500 páginas. Y todo esto en medio de una actividad asombrosa en favor de los enfermos, mendigos e ignorantes.
Trece años antes de que ella muriera, dijo San Vicente: "La hermana Luisa, por su debilidad y agotamiento debería haber muerto hace diez años. Al verla, parece que hubiera salido de una tumba: tan débil está su cuerpo y tan pálido su rostro. Pero sin embargo, trabaja y trabaja sin dejarse vencer por el cansancio".
San Vicente no pudo asistir a su santa discípula en la hora de la muerte porque el se hallaba también muy enfermo pero le escribió una nota diciéndole: "Usted se va adelante hacia la eternidad. Pero yo la seguiré muy pronto, y nos volveremos a ver en el cielo". Y así sucedió.
El 15 de Marzo de 1660, después de sufrir una dolorosa enfermedad y la gangrena de un brazo murió santamente, dejando fundada y muy extendida la más grande comunidad de religiosas. (San Vicente murió el 27 de Septiembre de ese mismo año).
Las 33,000 religiosas vicentinas o hijas de la Caridad tienen más de 3,300 casas en el mundo. En la casa donde está sepultada su fundadora, en París, allí mismo sucedieron las apariciones de la Virgen de la Medalla Milagrosa a la vicentina Santa Catalina Labouré. Las religiosas fundadas por Santa Luisa se dedican exclusivamente a obras de caridad.
El Papa Pío XI declaró santa a Luisa de Merillac en 1934, y el Sumo Pontífice Juan XXIII la declaró Patrona de los Asistentes Sociales.

jueves, 14 de marzo de 2013

Lectura del libro del Éxodo 32, 7-14



El Señor dijo a Moisés: «Baja en seguida, porque tu pueblo, ése que hiciste salir de Egipto, se ha pervertido. Ellos se han apartado rápidamente del camino que Yo les había señalado, y se han fabricado un ternero de metal fundido.
Después se postraron delante de él, le ofrecieron sacrificios y exclamaron: "Éste es tu Dios, Israel, el que te hizo salir de Egipto"».
Luego le siguió diciendo: «Ya veo que éste es un pueblo obstinado. Por eso, déjame obrar: mi ira arderá contra ellos y los exterminaré. De ti, en cambio, suscitaré una gran nación».
Pero Moisés trató de aplacar al Señor con estas palabras: «¿Por qué, Señor, arderá tu ira contra tu pueblo, ese pueblo que Tú mismo hiciste salir de Egipto con gran firmeza y mano poderosa? ¿Por qué tendrán que decir los egipcios: "Él los sacó con la perversa intención de hacerlos morir en las montañas y exterminarlos de la superficie de la tierra"? Deja de lado tu indignación y arrepiéntete del mal que quieres infligir a tu pueblo.
Acuérdate de Abraham, de Isaac y de Jacob, tus servidores, a quienes juraste por ti mismo diciendo: "Yo multiplicaré su descendencia como las estrellas del cielo, y les daré toda esta tierra de la que hablé, para que la tengan siempre como herencia"».
Y el Señor se arrepintió del mal con que había amenazado a su pueblo.

Palabra de Dios.


Reflexionemos

Admirable actitud de Moisés. Se hace solidario con el pueblo pecador. Ruega por ellos. Lo mismo hará Jesús. ¿Encomiendo a Dios a los veo que se portan mal? ¿Ruego por aquellos cuyas actitudes o pecados me causan sufrimiento? El cambio de parecer de Dios es emocionante. La plegaria de Moisés lo ha obtenido ¿Cómo puedes, Señor, conceder tanta importancia a nuestras pobres plegarias humanas? Señor, Ten piedad de nosotros.

P. Juan R. Celeiro 

SALMO RESPONSORIAL 105, 19-23



R.    ¡Acuérdate de tus promesas, Señor! 
 

En Horeb se fabricaron un ternero,
adoraron una estatua de metal fundido:
así cambiaron su Gloria
por la imagen de un toro que come pasto. R.
 

Olvidaron a Dios, que los había salvado
y había hecho prodigios en Egipto,
maravillas en la tierra de Cam
y portentos junto al Mar Rojo. R.
 

El Señor amenazó con destruirlos,
pero Moisés, su elegido,
se mantuvo firme en la brecha
para aplacar su enojo destructor. R.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 5, 31-47



Jesús dijo a los judíos:
Si Yo diera testimonio de mí mismo,
mi testimonio no valdría.
Pero hay otro que da testimonio de mí,
y Yo sé que ese testimonio es verdadero.

Ustedes mismos mandaron preguntar a Juan,
y él ha dado testimonio de la verdad.
No es que Yo dependa del testimonio de un hombre;
si digo esto es para la salvación de ustedes.
Juan era la lámpara que arde y resplandece,
y ustedes han querido gozar un instante de su luz.
Pero el testimonio que Yo tengo
es mayor que el de Juan:
son las obras que el Padre me encargó llevar a cabo.
Estas obras que Yo realizo
atestiguan que mi Padre me ha enviado.
Y el Padre que me envió ha dado testimonio de mí.
Ustedes nunca han escuchado su voz
ni han visto su rostro,
y su palabra no permanece en ustedes,
porque no creen
al que Él envió.
Ustedes examinan las Escrituras,
porque en ellas piensan encontrar Vida eterna:
ellas dan testimonio de mí,
y sin embargo, ustedes no quieren venir a mí
para tener Vida.
Mi gloria no viene de los hombres.
Además, Yo los conozco:
el amor de Dios no está en ustedes.
He venido en nombre de mi Padre
y ustedes no me reciben,
pero si otro viene en su propio nombre,
a ése sí lo van a recibir.
¿Cómo es posible que crean,
ustedes que se glorifican unos a otros
y no se preocupan
por la gloria que viene del único Dios?

No piensen que soy Yo el que los acusaré ante el Padre;
el que los acusará será Moisés,
en el que ustedes han puesto su esperanza.
Si creyeran en Moisés,
también creerían en mí,
porque él ha escrito acerca de mí.
Pero si no creen lo que él ha escrito,
¿cómo creerán lo que Yo les digo?

Palabra del Señor.



¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida? 

            Ni siquiera Jesús, el Hijo de Dios, da testimonio de sí mismo. Jesús da testimonio del Padre, realiza las obras del Padre. La Iglesia tampoco debe dar testimonio de sí misma. Los cristianos tampoco debemos dar testimonio de nosotros mismos. Nuestras palabras y nuestras vidas tienen que dar testimonio del amor, de la ternura, de la fuerza de Dios. Lo que dices y lo que haces ¿es para manifestar la gloria de Dios, o para exhibir tus capacidades, buscando el reconocimiento de los demás? ¿Qué te dice Dios? ¿Qué le dices?
            Sabemos que Jesucristo es el camino, la verdad y la vida. Sabemos que Él es Enviado por el Padre para traernos la paz. Sin embargo, no acabamos ir a Él con decisión, nuestra fe en Él es débil, no lo recibimos en lo más profundo de nuestro corazón. ¿Qué podríamos hacer para seguirle con radicalidad? ¿Qué le dices a Dios? ¿Qué le dices?

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