sábado, 27 de abril de 2013

Lectura de la segunda carta del Apóstol san Pablo a Timoteo 1, 13-14; 2, 1-3


Querido hijo:

Toma como norma las saludables lecciones de fe y de amor a Cristo Jesús que has escuchado de mí. Conserva lo que se te ha confiado, con la ayuda del Espíritu Santo que habita en nosotros.
Tú, que eres mi hijo, fortalécete con la gracia de Cristo Jesús. Lo que oíste de mí y está corroborado por numerosos testigos, confíalo a hombres responsables que sean capaces de enseñar a otros.
Comparte mis fatigas, como buen soldado de Jesucristo.
 
Palabra de Dios.


Reflexionemos

Timoteo sera uno de los primeros sucesores de los apostoles de los cuales saldrá el episcopado. Los consejos que  recibe de Pablo son utiles para todos los que un día seran llamados a la gracia  de ser Obispos en la iglesia de Cristo. Santo Toribio supo vivirlos y se convirtio asi en Patrono del Episcopado Latinoamericano.

P. Juan R. Celeiro

SALMO RESPONSORIAL 95, 1.3-5. 7-8a. 10



R.    ¡Anuncien las maravillas del Señor!

Canten al Señor un canto nuevo,
cante al Señor toda la tierra;
anuncien su gloria entre las naciones,
canten al Señor, bendigan su Nombre. R.
 
Día tras día, proclamen su victoria.
Anuncien su gloria entre las naciones,
y sus maravillas entre los pueblos. R.
 
Aclamen al Señor, familias de los pueblos,
aclamen la gloria y el poder del Señor;
aclamen la gloria del Nombre del Señor. R.

Digan entre las naciones: «¡el Señor reina!
El mundo está firme y no vacilará.
El Señor juzgará a los pueblos con rectitud». R.
 

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 9, 35-38


 


Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas de ellos, proclamando la Buena Noticia del Reino y sanando todas las enfermedades y dolencias. Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos:

«La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha».
 
Palabra del Señor.


¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida?


“Después de hacer varios milagros para aliviar las enfermedades y dolencias del pueblo, Jesús ve a la multitud y siente compasión de ella, porque está como ovejas sin pastor. Esta imagen describe la situación desesperada de una nación que marcha a la deriva por la falta de conducción. Ya los profetas del Antiguo Testamento habían denunciado a los malos pastores que solo piensan en sí mismos, sin preocuparse del rebaño. De ahí los anuncios de que Dios, como un buen pastor, iba a ocuparse de sus ovejas y sanar sus heridas”  
 

SANTO TORIBIO DE MOGROVEJO obispo Patrono del Episcopado Latinoamericano

Nació en Mayorga, España, en 1538. Los datos acerca de este Arzobispo, personaje excepcional en la historia de sudamérica, producen asombro y maravilla. El santo era graduado en derecho, y había sido nombrado Presidente del Tribunal de Granada (España) cuando el emperador Felipe II al conocer sus grandes cualidades le propuso al Sumo Pontífice para que lo nombrara Arzobispo de Lima. En 1581 llegó Toribio a Lima como Arzobispo, dedicándose con todas sus energías a lograr el progreso espiritual de sus súbditos. La ciudad estaba en una grave decadencia espiritual; los conquistadores cometían muchos abusos y los sacerdotes no se atrevían a corregirlos. Muchos para excusarse del mal que estaban haciendo, decían que esa era la costumbre. El arzobispo les respondió que Cristo es verdad y no costumbre. Y empezó a atacar fuertemente todos los vicios y escándalos. Las medidas enérgicas que tomó contra los abusos que se cometían, le atrajeron muchas persecuciones y atroces calumnias; el callaba y ofrecía todo por amor a Dios. Tres veces visitó completamente su inmensa arquidiócesis de Lima. En la primera vez gastó siete años recorriéndola. En la segunda vez duró cinco años y en la tercera empleó cuatro años. La mayor parte del recorrido era a pie. A veces en mula, por caminos casi intransitables, pasando de climas terriblemente fríos a climas ardientes. Logró la conversión de un enorme número de indios. Santo Toribio se propuso reunir a los sacerdotes y obispos de América en Sínodos o reuniones generales para dar leyes acerca del comportamiento que deben tener los católicos. Cada dos años reunía a todo el clero de la diócesis para un Sínodo y cada siete años a los de las diócesis vecinas. Fundó el primer seminario de América. Insistió y obtuvo que los religiosos aceptaran parroquias en sitios supremamente pobres. Casi duplicó el número de parroquias o centros de evangelización en su arquidiócesis. Cuando él llegó había 150 y cuando murió ya existían 250 parroquias en su territorio. Su generosidad lo llevaba a repartir a los pobres todo lo que poseía. El 23 de marzo de 1606, un Jueves Santo, murió en una capillita de los indios, en una lejana región, donde estaba predicando y confirmando a los indígenas. Estaba a 440 kilómetros de Lima. Santo Toribio tuvo el gusto de administrarle el sacramento de la confirmación a tres santos: Santa Rosa de Lima, San Francisco Solano y San Martín de Porres. El Papa Benedicto XIII lo declaró santo en 1726. En el Perú, se celebra litúrgicamente su fiesta el 27 de abril.

viernes, 26 de abril de 2013

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 13, 26-33




Habiendo llegado Pablo a Antioquía de Pisidia, decía en la sinagoga:
«Hermanos, este mensaje de salvación está dirigido a ustedes: los descendientes de Abraham y los que temen a Dios. En efecto, la gente de Jerusalén y sus jefes no reconocieron a Jesús, ni entendieron las palabras de los profetas que se leen cada sábado, pero las cumplieron sin saberlo, condenando a Jesús.
Aunque no encontraron nada en Él que mereciera la muerte, pidieron a Pilato que lo condenara. Después de cumplir todo lo que estaba escrito de Él, lo bajaron del patíbulo y lo pusieron en el sepulcro.
Pero Dios lo resucitó de entre los muertos y durante un tiempo se apareció a los que habían subido con Él de Galilea a Jerusalén, los mismos que ahora son sus testigos delante del pueblo.
Y nosotros les anunciamos a ustedes esta Buena Noticia: la promesa que Dios hizo a nuestros padres, fue cumplida por Él en favor de sus hijos, que somos nosotros, resucitando a Jesús, como está escrito en el salmo segundo: "Tú eres mi Hijo; Yo te he engendrado hoy"».
Palabra de Dios.


Reflexionemos

 En Jesús se cumple plenamente la promesa hecha a los Padres. Es la culminación de la Biblia, la terminación del proyecto de Dios que leían esos judíos fieles, cada sábado en sus sinagogas. Los judíos le habían pedido una palabra de ánimo, Pablo les dirigirá una palabra de salvación. Con la resurrección de Cristo, el Reino forma parte definitivamente de la historia de los hombres. La resurrección va más allá de la persona de Jesús: alcanza a todo hombre creyente. Es obra del espíritu y Pablo ha recibido de Cristo la misión de proclamarla. Señor, transfórmanos en alegres mensajeros de esa buena nueva.   

P. Juan R. Celeiro
 

SALMO RESPONSORIAL 2, 6-12a


 
R.    ¡Tú eres mi hijo, Yo te he engendrado hoy!

 
«Yo mismo establecí a mi Rey en Sión, mi santa Montaña».
Voy a proclamar el decreto del Señor:
Él me ha dicho: «Tú eres mi hijo,
Yo te he engendrado hoy». R.

 
«Pídeme, y te daré las naciones como herencia,
y como propiedad, los confines de la tierra.
Los quebrarás con un cetro de hierro,
los destrozarás como a un vaso de arcilla». R.

 
Por eso, reyes, sean prudentes;
aprendan, gobernantes de la tierra.
Sirvan al Señor con temor;
temblando, ríndanle homenaje. R.
 

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 14, 1-6


 

A la Hora de pasar de este mundo al Padre, Jesús dijo a sus discípulos:
«No se inquieten.
Crean en Dios y crean también en mí.
En la Casa de mi Padre hay muchas habitaciones;
si no fuera así, ¿les habría dicho a ustedes
que voy a prepararles un lugar?
y cuando haya ido y les haya preparado un lugar,
volveré otra vez para llevarlos conmigo,
a fin de que donde Yo esté,
estén también ustedes.
Ya conocen el camino del lugar adonde voy».
Tomás le dijo: «Señor, no sabemos adónde vas. ¿Cómo vamos a conocer el camino?»
Jesús le respondió:
«Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida.
Nadie va al Padre, sino por mí».
 
Palabra del Señor.

¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida? 


Dios ha constituido a su Hijo Jesús en Señor y Mesías; y no hay en el cielo ni en la tierra, otro nombre en el cual podamos salvarnos. Si alguien quiere llegar a la perfección del Padre recibiendo de Él la vida en plenitud, no hay otro camino sino Cristo.
Cristo ha llegado al Padre y participa de su gloria. Su camino no fue nada sencillo, pues, cargando con nuestros pecados, aprendió a obedecer padeciendo y, llegado a la perfección, se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen. Así, a través de su muerte en cruz nos ha abierto el camino hacia la Patria definitiva; Él mismo se ha convertido para nosotros en Camino, Verdad y Vida.
A través de su resurrección Él ha vuelto para llevarnos consigo, para que donde Él esté, estemos también nosotros. El camino ya lo sabemos: entrar en comunión de vida y de misión con Él.
La Eucaristía nos hace apropiarnos de la Salvación que Dios nos ha ofrecido en Cristo Jesús. Dios nos quiere con Él en casa, en la patria eterna. La Eucaristía inicia ya esa comunión con Dios haciéndonos partícipes de la vida que Dios ofrece a toda la humanidad.
El Nombre de Dios no sólo ha sido proclamado y pronunciado sobre nosotros, sino que, por medio de la fe, Dios ha hecho su morada en nuestros corazones. Él habita en nosotros y nos conduce hacia el encuentro definitivo con Él ahí donde, en Cristo, seremos engendrados como hijos suyos eternamente.
Por habernos encontrado con Dios nos convertimos, por nuestra unión con Cristo, en lugar de encuentro con el Señor; la Iglesia tiene esa misión.
Jesucristo es el único mediador entre Dios y la humanidad; por eso Él no es un camino, sino el Camino que nos lleva al Padre.
Quienes vivimos unidos a Él hacemos visible ese camino para nuestros hermanos, a través de la historia. Tratemos de no oscurecer ese camino, ni de poner en él tropiezos con actitudes que, en lugar de ayudar, estorbarían el camino de nuestros hermanos hacia su encuentro con Dios.
Cristo nos ha enseñado a amar, a dar nuestra vida por nuestros hermanos, a fortalecer su esperanza y su fe, a levantar a los decaídos y socorrer a los necesitados; es decir: a ser un signo vivo y creíble del amor misericordioso que Dios tiene a todos. Que no sean otros caminos los que queramos manifestar desde una fe, que falta de compromiso, se convertiría en una manipulación del mismo Dios a favor de nuestros intereses mezquinos y equivocados.
 
Homiliacatolica.com
 

San Anacleto

San Anacleto fue romano, hijo de Emiliano, nacido en la calle Patricia de la región o barrio quinto, y habiéndole convertido a la fe el Apóstol San Pedro se hizo discípulo suyo, y en la escuela de tal maestro aprovechó tanto en tan poco tiempo, que fue ejemplo y modelo de todo el clero de Roma, así por su celo como por su fervor y admirable devoción.

   Con su afabilidad conquistaba los corazones de todos, hasta de los mismos paganos; y el grande amor que profesaba a Jesucristo daba a entender que había heredado de su maestro aquella singular tenura con que éste había mirado siempre al Salvador. Hacía San Pedro tanto aprecio de San Anacleto, que se cree, y con razón, haberle escogido juntamente con San Lino, no sólo para trabajar a su visita en Roma y sus contornos, como los demás operarios evangélicos, sino también para que en su presencia gobernasen aquella primera Iglesia del mundo.

A San Lino le sucedió San Anacleto en el año 76. Bien era menester un Pontífice tan grande en aquellos dificultosos tiempos de una Iglesia recién nacida y de una persecusión tan universal. No hubo provincia tan remota en todo el Imperio romano, ni rincón tan escondido que no sintiese los efectos de su caridad y de su celo en las necesidades de los cristianos. A unos socorría con limosnas, a otros alentaba con cartas, y a todos dirigía y consolaba con paternales instrucciones. Aunque el rebaño era muy numeroso, a todos proveía el vigilante Pastor. Ordenó en Roma a 25 presbíteros, y no omitió medio alguno de cuantos podían contribuir al bien, aumento y propagación de la Iglesia.

   Habían pasado 12 años que gobernaba la Iglesia, cuando Domiciano, mortal enemigo de los cristianos, excitó contra ellos una de las más horribles persecusiones. No se pueden decir las crueldades que ejerció contra los siervos de Cristo, cuyo nombre estaba resuelto a exterminar. A un mismo tiempo estalló la tempestad en todas partes: en un sólo día se contaron muchos millares de Mártires, y en todos los rincones del Imperio corrían arroyos de sangre de aquellos héroes cristianos.
Pero hacía poco caso el tirano de la exterminación del rebaño, mientras quedase con vida el Pastor, y así convirtió contra él toda su rabia. Mandó que fuese buscado el Pontífice romano, el cual no cesaba de correr día y noche por la ciudad y las campiñas, arrastándose, digámoslo así, por las grutas y cavernas, para asistir y consolar a los fieles.

   San Anacleto fue arrestado y metido en una cárcel cargado de cadenas. La alegría que mostró, con admiración de todos, acreditaba el deseo que tenía de derramar su sangre por Cristo; pero la impaciencia con que estaba el tirano por verle acabar la vida, le ahorró muchos tormentos. Fue, pues, martirizado en Roma el día 26 de abril del año 90. Consérvase su cuerpo en la Iglesia de San Pedro en el Vaticano, y se muestran algunas de sus santas reliquias en las de San Pablo de Plaza Colonna.
3) San Anacleto de Roma, 76-88
3) San Anacleto de Roma, 76-88
3) San Anacleto de Roma, 76-88
3) San Anacleto de Roma, 76-88
Biografías de Los Papas, en el "Grupo Vidas Santas"
Anterior Papa !
Siguiente Papa !
Le honran como a su patrono y titular: la ciudad de Ruvo en la antigua Calabria, creyéndose en ella por antigua tradición que habiendo venido a ella San Anacleto, viviendo todavía San Pedro o poco después de su muerte, siguiendo su carrera apostólica, convirtió a la fe a la mayor parte de sus vecinos, y fue su primer obispo o a lo menos su Apóstol, antes de ascender al sumo pontificado.

jueves, 25 de abril de 2013

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 5, 5b-14


 

Queridos hermanos:
Que cada uno se revista de sentimientos de humildad para con los demás, porque Dios se opone a los orgullosos y da su ayuda a los humildes. Humíllense bajo la mano poderosa de Dios, para que él los eleve en el momento oportuno. Descarguen en él todas sus inquietudes, ya que él se ocupa de ustedes.
Sean sobrios y estén siempre alerta, porque su enemigo, el demonio, ronda como un león rugiente, buscando a quién devorar.
Resistan firmes en la fe, sabiendo que sus hermanos dispersos por el mundo padecen los mismos sufrimientos que ustedes. El Dios de toda gracia, que nos ha llamado a su gloria eterna en Cristo, después que hayan padecido un poco, los restablecerá y confirmará, los hará fuertes e inconmovibles. ¡A él sea la gloria y el poder eternamente! Amén.
Les escribo estas palabras por medio de Silvano, a quien considero un hermano fiel, para exhortarlos y atestiguar que ésta es la verdadera gracia de Dios: permanezcan adheridos a ella.
La Iglesia de Babilonia, que ha sido elegida como ustedes, los saluda, lo mismo que mi hijo Marcos. Salúdense los unos a los otros con un beso de amor fraternal.
Que descienda la paz sobre ustedes, los que están unidos a Cristo.
 
Palabra de Dios.


Reflexionemos

S. Marcos que vivió intensamente la vida de los primeros cristianos de Jerusalén y que era primo de Bernabé después de un fallido intento de acompañar a este y a Pablo en su segundo viaje misional se encuentra en Roma ayudando a S. Pedro como “interprete” lo que es explicable si tenemos presente que al ser librado de la prisión milagrosamente, Pedro ira a la casa de Maria, madre de Marcos (Hch 12,11-17), por eso  lo llama “su hijo” indicando una intima y antigua relación entrañable, que nos permite afirmar con S. Ireneo que después de la muerte de Pedro, “Marcos, discípulo e interprete de Pedro, nos trasmitió por escrito lo que este había predicado”

P. Juan R. Celeiro

SALMO RESPONSORIAL 88, 2-3. 6-7. 16-17



R.    Cantaré eternamente el amor del Señor.

Cantaré eternamente el amor del Señor,
proclamaré tu fidelidad por todas las generaciones.
Porque tú has dicho: «Mi amor se mantendrá eternamente,
mi fidelidad está afianzada en el cielo». R.

El cielo celebre tus maravillas, Señor,
y tu fidelidad en la asamblea de los santos,
porque, ¿quién es comparable al Señor en las alturas?
¿Quién es como el Señor entre los hijos de Dios? R.

¡Feliz el pueblo que sabe aclamarte!
Ellos caminarán a la luz de tu rostro;
se alegrarán sin cesar en tu nombre,
serán exaltados a causa de tu justicia. R.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 16, 15-20


 

Jesús resucitado se apareció a los Once y les dijo:
«Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará. El que no crea se condenará.
Y estos prodigios acompañarán a los que crean: arrojarán demonios en mi Nombre y hablarán nuevas lenguas; podrán tomar a las serpientes con sus manos, y si beben un veneno mortal no les hará ningún daño; impondrán las manos sobre los enfermos y los sanarán» .
Después de decirles esto, el Señor Jesús fue llevado al cielo y está sentado a la derecha de Dios.
Ellos fueron a predicar por todas partes, y el Señor los asistía y confirmaba su palabra con los milagros que la acompañaban.
 
Palabra del Señor.



¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida?



San Marcos se dejo seducir por Cristo. El amor de Dios llenaba su corazón de alegría, una alegría que tenía que compartir. Entendió enseguida que ser cristiano es ser anunciador de una Buena Noticia: escribió con sencillez su Evangelio y lo anunció con todas las fuerzas de su alma. ¿Evangelizas? ¿Cómo lo haces? ¿Con qué palabras y con qué gestos? ¿Qué te dice Dios? ¿Qué le dices?



El que crea y se bautice se salvará, será más feliz, su vida tendrá sentido, su esperanza será más fuerte, tendrá más fuerza para amar, para perdona, para entregar su vida…

            “Gracias Señor por el don de la fe y del bautismo”



Echarán demonios: mentiras, injusticias, guerras, discordias… Hablarán lenguas nuevas: el testimonio, la entrega, la dulzura…. Cogerán serpientes y beberán venenos: incomprensiones, rechazos, insultos… y no les hará daño.
            “Señor, quiero confiar más en ti y en la fuerza que me das”

San Marcos Evangelista

Según tradición eclesiástica, Marcos, llamado también Juan Marcos o simplemente Juan, es el autor de un evangelio y el intérprete que traducía a Pedro en sus predicaciones frente a auditorios de habla griega. Era hijo de una cierta María, cuya casa de Jerusalén estaba abierta a la primitiva comunidad Cristiana. Primo de Bernabé, probablemente fuera como él de estirpe sacerdotal. Afirma por una parte la tradición que Marcos nunca habría oído personalmente la predicación del Señor, pero por otra muchos han querido descubrirlo en aquel muchacho que huyó desnudo en el huerto de Getsemaní, episodio que sólo el evangelio a él atribuido refiere. Tal vez haya conocido al grupo de seguidores sin llegar a ser propiamente discípulo.
Al comenzar la expansión del evangelio, Pablo y Bernabé salieron de Jerusalén hacia Antioquía llevando con ellos a Marcos; éste los acompañó en sus primeras empresas misionales, a Chipre y Perges, de donde regresó por causas desconocidas.
Bernabé, deseoso de  llevar nuevamente a Marcos con ellos cuando el apóstol planeaba su segundo viaje, encontró la oposición de Pablo, que partió solo. Marcos siguió, pues, a Bernabé una vez más hasta Chipre. Sin embargo, Marcos reaparece junto a Pablo en Roma, pero es creencia que fue más bien discípulo de Pedro, quien confirma esta suposición al llamarlo "hijo" suyo en su primera carta. El evangelio que se le atribuye, además, sigue muy de cerca el esquema de los discursos de Pedro que nos ha conservado el libro de los Hechos de los Apóstoles.
Nada sabemos de su existencia posterior. La segunda carta a Timoteo lo señala entre los compañeros de  este discípulo de Pablo; conforme a un dato que recoge el historiador Eusebio de Cesarea (a comienzos del siglo IV), la Iglesia de Alejandría lo habría tenido por fundador. Sus últimos años y el lugar de su muerte nos son desconocidos.
San Marcos EvangelistaEl breve relato que lleva su nombre descubre un espíritu observador y ágil. Sólo Marcos, por ejemplo, destaca el verdor de la hierba sobre la que Jesús hizo sentar a la muchedumbre hambrienta antes de multiplicar los panes y los pescados por primera vez.
Las grandes líneas de su evangelio, en tanto, trasuntan una profunda credibilidad histórica y demuestran singular  valor teológico. Marcos comienza por presentar a Jesús bien recibido por la gente, pero pronto su humilde mesianismo, tan alejado de las reivindicatorias expectativas populares de los judíos, ocasiona la decepción de la masa; apagado el entusiasmo primerizo, el Señor se retira de Galilea para dedicarse de lleno a la instrucción  de los discípulos, quienes por boca de Pedro confiesan la divinidad de su Maestro. A partir de este reconocimiento de Cesarea, todo el relato se orienta a Jerusalén; en la ciudad santa, finalmente, la oposición crece y culmina en el juicio inicuo y la pasión, que alcanza su victoriosa respuesta cuando Cristo abandona su tumba, de acuerdo con lo que había profetizado de si mismo.
El secreto mesiánico, del que Marcos hace un tema central, da así todo su fruto: Jesús, siervo humillado por la maldad y la ignorancia de los hombres que él había venido a rescatar, es exaltado por Dios, como ha de serlo todo el que a él se una de corazón y lo siga en el camino, el único que permite comprender esa "Buena Noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios" que Marcos nos ha trasmitido en un lenguaje popular, muchas veces incorrecto en la forma, pero vivaz y lleno de encanto.


Fuente: Ewtn

miércoles, 24 de abril de 2013

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 12, 24—13, 5


 
La Palabra de Dios se difundía incesantemente. Bernabé y Saulo, una vez cumplida su misión, volvieron de Jerusalén a Antioquía, llevando consigo a Juan, llamado Marcos.
En la Iglesia de Antioquía había profetas y doctores, entre los cuales estaban Bernabé y Simeón, llamado el Negro, Lucio de Cirene, Manahén, amigo de infancia del tetrarca Herodes, y Saulo.
Un día, mientras celebraban el culto del Señor y ayunaban, el Espíritu Santo les dijo: «Resérvenme a Saulo y a Bernabé para la obra a la cual los he llamado».
Ellos, después de haber ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron.
Saulo y Bernabé, enviados por el Espíritu Santo, fueron a Seleucia y de allí se embarcaron para Chipre. Al llegar a Salamina anunciaron la Palabra de Dios en las sinagogas de los judíos, y Juan colaboraba con ellos.
 
Palabra de Dios


Reflexionemos

Desde un principio las comunidades cristianas están estructuradas. Hay “cargos” y responsabilidades diferentes. Los profetas eran cristianos capaces de discernir la voluntad de Dios en los acontecimientos concretos de la vida humana y de la historia y los doctores, cristianos capaces de discernir la voluntad de Dios en las escrituras. El Espíritu Santo estará en el origen de todo esfuerzo misionero; hoy lo vemos separando a Bernabé y a Pablo para la misión cuyo resultado será la evangelización de la cuenca del Mediterráneo.

P. Juan R. Celeiro
 

SALMO RESPONSORIAL 66, 2-3. 5-6. 8


 
R.    ¡Que todos los pueblos te den gracias, Señor!

 
El Señor tenga piedad y nos bendiga,
haga brillar su rostro sobre nosotros,
para que en la tierra se reconozca su dominio,
y su victoria entre las naciones. R.

 
Que canten de alegría las naciones,
porque gobiernas a los pueblos con justicia
y guías a las naciones de la tierra.
¡Que los pueblos te den gracias, Señor! R.

 
¡Que todos los pueblos te den gracias!
Que Dios nos bendiga,
y lo teman todos los confines de la tierra.
¡Que los pueblos te den gracias, Señor! R.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 12, 44-50


 

Jesús exclamó:
El que cree en mí,
en realidad no cree en mí,
sino en Aquél que me envió.
y el que me ve
ve al que me envió.
Yo soy la luz,
y he venido al mundo
para que todo el que crea en mí
no permanezca en las tinieblas.
 
Al que escucha mis palabras y no las cumple,
Yo no lo juzgo,
porque no vine a juzgar al mundo,
sino a salvar al mundo.
El que me rechaza y no recibe mis palabras,
ya tiene quien lo juzgue:
la palabra que Yo he anunciado
es la que lo juzgará en el último día.
 
Porque Yo no hablé por mí mismo:
el Padre que me ha enviado
me ordenó lo que debía decir y anunciar;
y Yo sé que su mandato es Vida eterna.
Las palabras que digo,
las digo como el Padre me lo ordenó.
 
Palabra del Señor.



¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida? 


Jesús insiste: “El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me ha enviado... Y el que me ve a mí, ve al que me ha enviado”. Viendo a Jesús, vemos al Padre; escuchando a Jesús, escuchamos al Padre. Por eso, cuando leemos el Evangelio, no sólo encontramos el modelo a seguir, estamos llamados a descubrir cuáles son los sentimientos de Dios respecto a las personas.
            “Gracias Padre por desnudar tu corazón lleno de ternura”
            “Gracias Jesús por darnos todo lo que el Padre te dio”
            “Perdona y cura nuestra falta de fe”

Cada cristiano está llamado a decir con verdad: “El que me ve a mí, ve al que me ha enviado”:
            nuestra vida tiene que ser reflejo de la Vida entregada de Dios,
            nuestro amor ha de ser transparencia del Amor gratuito de Dios,
            nuestro perdón ha de ser resonancia del Perdón sincero de Dios,
            nuestra palabra ha de ser un eco de la Palabra salvadora de Dios.
Sólo con la fuerza del Espíritu nuestra vida podrá ser el espejo donde se refleje la vida de Dios.
¿Qué te dice Dios? ¿Qué le dices?

 

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