viernes, 11 de abril de 2014

Sugerencias de un cura para vivir la semana santa

Oigan, que cada cual vive la semana santa como Dios le da a entender y le parece. Desde ahí, se me ocurre ofrecer pistas. Por si sirven, que tampoco pretenden otra cosa. Hasta las voy a ir numerando.
1. Una buena confesión. Porque hay que comenzar por lo básico. Si aún no hemos tenido tiempo, seguir que desde hoy encontraremos multitud de celebraciones penitenciales con confesión y absolución individuales y confesores en muchas iglesias. Lo primero y principal. Es que si no comenzamos por ahí… pues qué quieren que les diga.
2. Vamos a intentar acudir el domingo de Ramos a la procesión. A participar y cantar con los ramos en la mano. En la semana santa “hay que meterse”.
3. Existen unos pequeños libros, llamados comúnmente “semanillas” con el oficio de toda la semana santa y además oraciones para la piedad popular. Se encuentran en cualquier librería religiosa y son utilísimos para seguir todas las celebraciones.
4. Intenten acudir a la misa crismal. Sobre todo por lo que impresiona ver a tantísimos sacerdotes con su obispo renovando su sacerdocio. Oigan, que es una cosa muy seria.
5. La asistencia a los oficios no es precepto, pero sí clave para vivir el misterio pascual. Todo tiene su encanto. Una enorme celebración catedralicia, por ejemplo, nos hace sentirnos iglesia universal. Una pequeña celebración en la parroquia, aunque seamos pocos, tiene el encanto de ir viviendo el misterio en la pequeñez y la pobreza.
6. Procure ofrecerse en su parroquia para esos días. Son muchas cosas y siempre hacen falta colaboradores. Seamos generosos.
7. Preciosa costumbre la de visitar monumentos en la mañana del viernes santo. Además de eso, me atrevo a sugerir la permanencia en alguno de ellos un tiempo largo, y si es en la noche – madrugada, mejor. Noche, silencio, contemplación, meditación en esas horas de prendimiento y pasión. La noche es siempre mágica.

8. Me parece imprescindible participar en algún via crucis. Es una devoción muy tradicional que siempre ha ayudado a recordar y venerar el misterio del calvario y la cruz.
9. No despreciemos las procesiones con la viejísima reflexión de que son puro folklore. ¿Quién soy yo para juzgar? Cada procesión supone una mezcla de fe, historia, devoción, tradición, memoria de los mayores, ofrenda al Señor. En cada una de ellas caminan con el Señor y con María mucho dolor, mucha esperanza, mucha fe, mucha vida. El folklore lo hacemos si nos conformamos con una visión exterior estética. Es Cristo quien pasa llevado por la fe de muchos hermanos y hermanas y muchas generaciones de devotos.

10. La belleza y el simbolismo de la vigilia pascual son del todo excepcionales. Si recomiendo vivamente acudir a todos los oficios, el de la vigilia me parece del todo imprescindible: fuego, luz, agua, eucaristía… Es Cristo que ha resucitado. No nos lo podemos perder.
11. Aunque se haya asistido a la vigilia pascual, bien puede acudirse a la misa solemne del domingo de Pascua. Es el domingo de los domingos.
12. Hagan una comida de domingo de Pascua a lo grande. Lástima que todo quede para Navidad. Comida de mantel de la boda, vajilla buena, cristalería de la abuela y ese vino guardado para una buena ocasión.
Qué más les voy a decir: silencio, oración, vida, iglesia… Posiblemente los lectores podrán sugerir más cosas. Yo aporto lo que se me ocurre desde mi experiencia de cura. Como siempre, por si sirve…


P. Jorge González Guadalix

Lectura del libro de Jeremías 20, 10-13




Dijo el profeta Jeremías:
Oía los rumores de la gente:
«¡Terror por todas partes!
¡Denúncienlo! ¡Sí, lo denunciaremos!»
Hasta mis amigos más íntimos
acechaban mi caída:
«Tal vez se lo pueda seducir;
prevaleceremos sobre él
y nos tomaremos nuestra venganza».

Pero el Señor está conmigo
como un guerrero temible:
por eso mis perseguidores tropezarán
y no podrán prevalecer;
se avergonzarán de su fracaso,
será una confusión eterna, inolvidable.
Señor de los ejércitos, que examinas al justo,
que ves las entrañas y el corazón,
¡que yo vea tu venganza sobre ellos!,
porque a ti he encomendado mi causa.

¡Canten al Señor, alaben al Señor,
porque Él libró la vida del indigente
del poder de los malhechores!

Palabra de Dios.


Reflexionemos juntos

 Jeremías. Jesús. Dos justos que sufren. Todo hombre que sufre me ayuda a ver el rostro de Jesús. Un hombre escarnecido, abucheado por la multitud, traicionado por sus amigos. “Pero el señor está conmigo…” Concédeme esta gracia en medio de mis propias angustias y a la hora de mi muerte. Concede esa gracia a todos los que están “aplastados. La intimidad con Dios en las horas graves, es el único recurso.

P. Juan R. Celeiro

SALMO RESPONSORIAL 17, 2-7




R.    Invoqué al Señor y Él me escuchó.


Yo te amo, Señor, mi fuerza,
Señor, mi Roca, mi fortaleza y mi libertador. R.


Mi Dios, el peñasco en que me refugio,
mi escudo, mi fuerza salvadora, mi baluarte.
Invoqué al Señor, que es digno de alabanza
y quedé a salvo de mis enemigos. R.


Las olas de la muerte me envolvieron,
me aterraron los torrentes devastadores,
me cercaron los lazos del Abismo,
las redes de la muerte llegaron hasta mí. R.


Pero en mi angustia invoqué al Señor,
grité a mi Dios pidiendo auxilio,
y Él escuchó mi voz desde su Templo,
mi grito llegó hasta sus oídos. R.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 10, 31-42



Los judíos tomaron piedras para apedrear a Jesús.

Entonces Jesús dijo: «Les hice ver muchas obras buenas que vienen del Padre; ¿por cuál de ellas me quieren apedrear?»
Los judíos le respondieron: «No queremos apedrearte por ninguna obra buena, sino porque blasfemas, ya que, siendo hombre, te haces Dios».
Jesús les respondió:
«¿No está escrito en la Ley de ustedes:
"Yo dije: Ustedes son dioses"?
Si la Ley llama dioses
a los que Dios dirigió su Palabra
-y la Escritura no puede ser anulada-
¿cómo dicen: "Tú blasfemas",
a quien el Padre santificó y envió al mundo,
porque dijo: "Yo soy Hijo de Dios"?
Si no hago las obras de mi Padre,
no me crean;
pero si las hago,
crean en las obras,
aunque no me crean a mí.
Así reconocerán y sabrán
que el Padre está en mí
y Yo en el Padre».

Ellos intentaron nuevamente detenerlo, pero Él se les escapó de las manos.

Jesús volvió a ir al otro lado del Jordán, al lugar donde Juan Bautista había bautizado, y se quedó allí. Muchos fueron a verlo, y la gente decía: «Juan no ha hecho ningún signo, pero todo lo que dijo de este hombre era verdad». Y en ese lugar muchos creyeron en Él.

Palabra del Señor.




¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida? 




            El Evangelio de Juan nos ayuda a comprender el ambiente que respiraron Jesús y sus discípulos antes de aquel primer viernes santo. La hostilidad se podía cortar, el enfrentamiento era cada vez más espeso. Los amigos del Maestro casi no se atreven a hablar, sus miradas no se atreven a levantarse, bajo el peso de la preocupación, la tristeza, el desconcierto...



            Jesús se ve obligado a marchar al otro lado del Jordán. Habría podido quedarse Jesús allí, incluso podría haber huido por el desierto. Seguro que no faltó alguien que le aconsejó tomar ese camino.



            ¡Cuánto pensaría y rezaría Jesús aquellos días! No era fácil creer que el camino de la misión se adentraba en los territorios sombríos de la muerte. No era fácil. Pero Jesús fue fiel. Fiel al Padre, fiel a la humanidad, fiel a ti y a mí, fiel al que le ama y al que le aborrece.



Padre, dame fuerza para ser fiel,

para ser fiel como Jesús, tu hijo,

para amar al que no lo merezca,

para perdonar, aunque parezca inútil,

para decir la verdad, aunque sea peligroso,

para sembrar, aunque la tierra escupa la semilla,

para crecer en bondad, aunque pocas veces lo consiga,

para luchar por la justicia, aunque me critiquen,

para defender la vida de los débiles, aunque nadie lo agradezca,

para rezar cada día, aunque crea que pierdo el tiempo,

para trabajar por la paz, aunque no me comprendan,

para anunciar el Evangelio, aunque se me rían,

para dar la vida de todo, aunque sea una locura.

Gracias, Padre, por ayudarme a ser fiel,

Gracias por convertir "el fracaso" de Jesús,

en fuente de vida nueva para la humanidad.

Gracias porque con nuestros esfuerzos "inútiles"

construyes un mundo más justo y fraterno.

Gracias porque ningún gesto de amor se pierde en tu Reino.




San Estanislao Obispo y mártir

Nació cerca de Cracovia, en el año 1030. Sus padres llevaban treinta años de casados sin lograr tener hijos y consideraron el nacimiento de Estanislao como un verdadero regalo de Dios. Lo educaron lo más piadosamente que pudieron.
Estudió en Polonia y en París y ordenado sacerdote por el obispo de Cracovia (que es la segunda ciudad de Polonia) fue nombrado Párroco de la catedral. Se distinguió por su gran elocuencia, por los impresionantes ejemplos de vida santa que brindaba a todos con su buen comportamiento y por la reforma de costumbres que lograba conseguir con sus predicaciones y con su dirección espiritual.
El señor obispo deseaba que Estanislao fuera su sucesor, pero él no aceptaba ser obispo porque se creía indigno de tan alta dignidad. Sin embargo al morir el prelado, el pueblo lo aclamó como el más digno para ejercer el obispado, el cual ejerció por siete años, desde el año 1072, hasta el años de su muerte, en 1079.
Era muy estricto en exigir a cada sacerdote el cumplimento exacto de sus deberes sacerdotales. Visitaba cada año a todas las parroquias y dedicaba mucho tiempo a la predicación y a la instrucción del pueblo. Su palacio episcopal vivía lleno de pobres, porque jamás negaba ayudas a los necesitados. Tenía la lista de las familias que estaban pasando por situaciones económicas más penosas, para enviarles sus generosas ayudas.
El rey de Polonia Boleslao, era un valiente guerrero pero se dejaba dominar demasiado por sus pasiones. Al principio se entendía muy bien con el obispo Estanislao, pero luego empezó a cometer faltas muy graves que escandalizaban y daban muy mal ejemplo al pueblo y entonces el obispo tuvo que intervenir fuertemente. San Estanislao recordaba muy bien aquel mandato de San Pablo "Es necesario reprender, aconsejar y hasta amenazar, con toda paciencia y doctrina, porque llega el tiempo en que los hombres arrastrados por sus propias pasiones ya no quieren oír las doctrinas verdaderas, sino las falsedades" (2 Tim. 4,2).
Este santo obispo era de carácter amable y humilde, pacífico y amigo de arreglar todos los asuntos por las buenas. Trataba de ser severo consigo mismo pero totalmente comprensivo con los demás. Era un alma que jamás demostraba orgullo y ponía gran cuidado para no dejarse dominar por la ira. Siempre estaba en disposición para ayudar a los necesitados. Pero conocía muy bien la famosa frase del profeta Isaías: "Ay de los jefes espirituales que sean como perros mudos que no ladran cuando llegan los ladrones a robar en el campo del Señor". Y él no quería ser perro mudo que se queda sin dar la voz de alerta ante los enemigos y los peligros.
Varias veces había corregido a Boleslao cuando éste cometía crueldades o injusticias y el rey había mostrado cierto arrepentimiento y deseos de corregirse. Pero de pronto la medida de sus maldades rebosó cuando Boleslao se robó una mujer casada para llevársela como concubina a su palacio. Las gentes se escandalizaron. Ninguno de los altos empleados se atrevía a corregir al rey escandaloso. Y pidieron al obispo que se arriesgara a llamarle la atención al terrible monarca.
Estanislao se presentó valerosamente ante el rey le echó en cara el pecado tan escandaloso que estaba cometiendo, y el pésimo ejemplo que estaba dando a todo ese pueblo tan católico. Boleslao se hizo el sordo y no le quiso hacer caso y entonces el obispo con toda la autoridad de su cargo lo amenazó con terribles castigos si no se arrepentía de su pecado impuro y no dejaba aquella mala amistad.
Boleslao creyó que el obispo no iba a proceder tan fuertemente, y se atrevió a asistir a una misa en la catedral. Pero Estanislao mandó suspender la misa porque no aceptaba que un pecador tan rebelde y escandaloso estuviera allí dando mal ejemplo a todos. Entonces estalló ferozmente la ira del sanguinario rey.
Boleslao se propuso vengarse y un 11 de abril mientras San Estanislao estaba celebrando la Santa Misa, mandó el furibundo rey a sus soldados a que lo mataran allí mismo en el altar. Los soldados volvieron al atrio diciéndole que no se habían atrevido a tocar a aquel hombre de Dios que aparecía rodeado de resplandores. Entonces el mismo Boleslao subió al altar y con sus propias manos asesinó al santo obispo el 11 de abril del año 1079. Fue un crimen que nunca pudo olvidar y que lo atormentó día y noche durante todo el resto de su vida.
El rey hizo que el cadáver del santo quedara en el campo sin sepultar, para que lo devoraran los cuervos. Pero entonces aparecieron dos águilas que no dejaron que ningún gallinazo se acercara al cuerpo del difunto. Hasta que llegaron unos devotos fervorosos y le dieron santa sepultura, en la capilla de San Miguel.
Desde entonces las cosas comenzaron a suceder cada día más de mal en peor para el rey Boleslao que tuvo que llorar muy amargamente el crimen tan espantoso que cometió. El pueblo empezó a venerar como a un gran santo a Estanislao, y el Papa Inocencio lo canonizó, o sea lo declaró santo en el año 1253.

jueves, 10 de abril de 2014

Programa de Semana Santa - Horarios de Celebraciones



Lectura del libro del Génesis 17, 1-9




Cuando Abrám tenía noventa y nueve años, el Señor se le apareció y le dijo:
« Yo soy el Dios Todopoderoso.
Camina en mi presencia y sé irreprochable.
Yo haré mi alianza contigo,
y te daré una descendencia muy numerosa».

Abrám cayó con el rostro en tierra, mientras Dios le seguía diciendo:
«Ésta será mi alianza contigo: tú serás el padre de una multitud de naciones. Y ya no te llamarás más Abrám: en adelante tu nombre será Abraham, para indicar que Yo te he constituido padre de una multitud de naciones. Te haré extraordinariamente fecundo: de ti suscitaré naciones, y de ti nacerán reyes.
Estableceré mi alianza contigo y con tu descendencia a través de las generaciones. Mi alianza será una alianza eterna, y así Yo seré tu Dios y el de tus descendientes. Yo te daré en posesión perpetua, a ti y a tus descendientes, toda la tierra de Canaán, esa tierra donde ahora resides como extranjero, y Yo seré su Dios».
Después, Dios dijo a Abraham: «Tú, por tu parte, serás fiel a mi alianza; tú, y también tus descendientes, a lo largo de las generaciones».

Palabra de Dios.



Reflexionemos juntos

 A este hombre que desde hace tanto tiempo esta deseando un hijo, Dios le anuncia una fecundidad sobrehumana. La verdadera “fecundidad” de Abraham no es su descendencia biológica. Es su inmensa fecundidad espiritual: el es el “padre de los creyentes”: es el primero en haber creído…puso su fe en Dios. Renuncio a apoyarse en sus propias luces y fuerzas, para únicamente apoyarse en Dios. Es el riesgo de la fe. La aventura de la fe. Esperarlo todo de Otro. Renunciar a sus aparentes certezas naturales para confiar en la Palabra y en la Promesa de Otro. Señor, creo, pero haz que crezca mi fe.

P. Juan R. Celeiro

SALMO RESPONSORIAL 104, 4-9




R.    El Señor se acuerda de su Alianza.


¡Recurran al Señor y a su poder,
busquen constantemente su rostro;
recuerden las maravillas que Él obró,
sus portentos y los juicios de su boca! R.


Descendientes de Abraham, su servidor,
hijos de Jacob, su elegido:
el Señor es nuestro Dios,
en toda la tierra rigen sus decretos. R.


Él se acuerda eternamente de su Alianza,
de la palabra que dio por mil generaciones,
del pacto que selló con Abraham,
del juramento que hizo a Isaac. R.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 8, 51-59





Jesús dijo a los judíos:
«Les aseguro
que el que es fiel a mi palabra
no morirá jamás».
Los judíos le dijeron: «Ahora sí estamos seguros de que estás endemoniado. Abraham murió, los profetas también, y Tú dices:
"El que es fiel a mi palabra
no morirá jamás".
¿Acaso eres más grande que nuestro padre Abraham, el cual murió? Los profetas también murieron. ¿Quién pretendes ser Tú?»
Jesús respondió:
«Si Yo me glorificara a mí mismo,
mi gloria no valdría nada.
Es mi Padre el que me glorifica,
el mismo al que ustedes llaman "nuestro Dios",
y al que, sin embargo, no conocen.
Yo lo conozco
y si dijera: "No lo conozco",
sería, como ustedes, un mentiroso.
Pero Yo lo conozco y soy fiel a su palabra.
Abraham, el padre de ustedes,
se estremeció de gozo,
esperando ver mi Día:
lo vio y se llenó de alegría».
Los judíos le dijeron: «Todavía no tienes cincuenta años ¿y has visto a Abraham?»
Jesús respondió:
«Les aseguro que desde antes que naciera Abraham,
Yo Soy».
Entonces tomaron piedras para apedrearlo, pero Jesús se escondió y salió del Templo.

Palabra del Señor.



¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida? 




            Las obras de Jesús interesan, pero no todas. El mensaje de Jesús interesaba, pero no todo. Cuando dice “quien guarda mi palabra no morirá para siempre”, los judíos responden “ahora estamos seguros de que tienes un demonio”. Y cuando se declara anterior a Abraham, quieren apedrearlo. Muchas de sus palabras parecen maravillosas, otras escandalosas.



            Si Jesús hubiera dicho lo que la gente quería escuchar en cada momento y hubiera hecho lo que se esperaba de un Mesías, no hubiera acabado en la cruz. Pero no hubiera cumplido su misión, no nos habría mostrado el amor infinito del Padre, no nos hubiera enseñado el camino de la vida, no nos hubiera salvado.



            Si la Iglesia escondiera la parte del evangelio que molesta, que nos molesta, si no hablara de sacrificio, de fidelidad, de castidad, de obediencia, de martirio, de injusticia, de solidaridad... no tendría tantos detractores, sería mejor vista... pero no cumpliría su misión.

            Y lo mismo podemos decir de nuestro testimonio: cuando no queremos acoger todo el evangelio, cuando escondemos una parte...


            ¿Qué te dice Dios? ¿Qué le dices?

Los Mártires Colombianos de la Comunidad de San Juan de Dios

Desde 1934 estalló en España una horrorosa persecución contra los católicos, por parte de los comunistas y masones y de la extrema izquierda. Por medio del fraude y de toda clase de trampas fueron quitándoles a los católicos todos los puestos públicos. En las elecciones, tuvo el partido católico medio millón de votos más que los de la extrema izquierda, pero al contabilizar tramposamente los votos, se les concedieron 152 curules menos a los católicos que a los izquierdistas.
La persecución anticatólica se fue volviendo cada vez más feroz y terrorífica. En pocos meses de 1936 fueron destruidos en España más de mil templos católicos y gravemente averiados más de dos mil.
Desde 1936 hasta 1939, los comunistas españoles asesinaron a 4,100 sacerdotes seculares; 2,300 religiosos; 283 religiosas y miles y miles de laicos. Todos por la sola razón de pertenecer a la Iglesia Católica.
Las comunidades que más mártires tuvieron fueron: Padres Claretianos: 270. Padres Franciscanos 226. Hermanos Maristas 176. Hermanos Cristianos 165. Padres Salesianos 100. Hermanos de San Juan de Dios 98.
En 1936 los católicos se levantaron en revolución al mando del General Francisco Franco y después de tres años de terribilísima guerra lograron echar del gobierno a los comunistas y anarquistas anticatólicos, pero estos antes de abandonar las armas y dejar el poder cometieron la más espantosa serie de asesinatos y crueldades que registra la historia. Y unas de sus víctimas fueron los siete jóvenes colombianos, hermanos de la Comunidad de San Juan de Dios, que estaban estudiando y trabajando en España.
Eran de origen campesino o de pueblos religiosos y piadosos. Muchachos que se habían propuesto desgastar su vida en favor de los que padecían enfermedades mentales, en la comunidad que San Juan de Dios fundó para atender a los enfermos más abandonados. La Comunidad los había enviado a España a perfeccionarse en el arte de la enfermería y ellos deseaban emplear el resto de su vida en ayudar de la mejor manera posible a que los enfermos recobraran su salud mental y física y sobre todo su salud espiritual por medio de la conversión y del progreso en virtud y santidad.
Sus nombres eran: Juan Bautista Velásquez, de Jardín (Antioquía) 27 años. Esteban Maya, de Pácora Caldas, 29 años. Melquiades Ramírez de Sonsón (Antioquía) 27 años. Eugenio Ramírez, de La Ceja (Antioquía) 23 años. Rubén de Jesús López, de Concepción (Antioquía) 28 años. Arturo Ayala, de Paipa (Boyacá) 27 años y Gaspar Páez Perdomo de Tello (Huila) 23 años.
Hacía pocos años que habían entrado en la Congregación y en España sólo llevaban dos años de permanencia. Hombre totalmente pacíficos que no buscaban sino hacer el bien a los más necesitados. No había ninguna causa para poderlos perseguir y matar, excepto el que eran seguidores de Cristo y de su Santa Religión. Y por esta causa los mataron.
Estos religiosos atenían una casa para enfermos mentales en Ciempozuelos cerca de Madrid, y de pronto llegaron unos enviados del gobierno comunista español (dirigido por los bolcheviques desde Moscú) y les ordenaron abandonar aquel plantel y dejarlo en manos de unos empleados marxistas que no sabían nada de medicina ni de dirección de hospitales pero que eran unas fieras en anticleralismo.
A los siete religiosos se los llevaron prisioneros a Madrid.
Cuando al embajador colombiano le contaron la noticia, pidió al gobierno que a estos compatriotas suyos por ser extranjeros los dejaran salir en paz del país, y les envió unos pasaportes y unos brazaletes tricolores para que los dejaran salir libremente. Y el Padre Capellán de las Hermanas Clarisas de Madrid les consiguió el dinero para que pagaran el transporte hacia Colombia, y así los envió en un tren a Barcelona avisándole al cónsul colombiano de esa ciudad que saliera a recibirlos. Pero en el tiquete de cada uno los guardas les pusieron una señal especial para que los apresaran.
El Dr. Ignacio Ortiz Lozano, Cónsul colombiano en Barcelona describió así en 1937 al periódico El Pueblo de San Sebastián cómo fueron aquellas jornadas trágicas: "Este horrible suceso es el recuerdo más doloroso de mi vida. Aquellos siete religiosos no se dedicaban sino al servicio de caridad con los más necesitados. Estaban a 30 kilómetros de Madrid, en Ciempozuelos, cuidando locos. El día 7 de agosto de 1936 me llamó el embajador en Madrid (Dr. Uribe Echeverry) para contarme que viajaban con un pasaporte suyo en un tren y para rogarme que fuera a la estación a recibirlos y que los tratara de la mejor manera posible. Yo tenía ya hasta 60 refugiados católicos en mi consulado, pero estaba resuelto a ayudarles todo lo mejor que fuera posible. Fui varias veces a la estación del tren pero nadie me daba razón de su llegada. Al fin un hombre me dijo: "¿Usted es el cónsul de Colombia? Pues en la cárcel hay siete paisanos suyos".
Me dirigí a la cárcel pero me dijeron que no podía verlos si no llevaba una recomendación de la FAI (Federación Anarquista Española). Me fui a conseguirla, pero luego me dijeron que no los podían soltar porque llevaban pasaportes falsos. Les dije que el embajador colombiano en persona les había dado los pasaportes. Luego añadieron que no podían ponerlos en libertad porque la cédula de alguno de ellos estaba muy borrosa (Excusas todas al cual más de injustas y mentirosas, para poder ejecutar su crimen. La única causa para matarlos era que pertenecían a la religión católica). Cada vez me decían "venga mañana". Al fin una mañana me dijeron: "Fueron llevados al Hospital Clínico". Comprendí entonces que los habían asesinado. Fue el 9 de agosto de 1936.
Aterrado, lleno de cólera y de dolor exigí entonces que me llevaran a la morgue o depósito de cadáveres, para identificar a mis compatriotas sacrificados.
En el sótano encontré más de 120 cadáveres, amontonados uno sobre otro en el estado más impresionante que se puede imaginar. Rostros trágicos. Manos crispadas. Vestidos deshechos. Era la macabra cosecha que los comunistas habían recogido ese día.
Me acerqué y con la ayuda de un empleado fui buscando a mis siete paisanos entre aquel montón de cadáveres. Es inimaginable lo horrible que es un oficio así. Pero con paciencia fui buscando papeles y documentos hasta que logré identificar cada uno de los siete muertos. No puedo decir la impresión de pavor e indignación que experimenté en presencia de este espectáculo. Los ojos estaban desorbitados. Los rostros sangrantes. Los cuerpos mutilados, desfigurados, impresionantes. Por un rato los contemplé en silencio y me puso a pensar hasta qué horrores de crueldad llega la fiera humana cuando pierde la fe y ataca a sus hermanos por el sólo hecho de que ellos pertenecen a la santa religión.
Redacté una carta de protesta y la envié a las autoridades civiles. Después el gobierno colombiano protestó también, pero tímidamente, por temor a disgustar aquel gobierno de extrema izquierda.
En aquellos primero días de agosto de 1936, Colombia y la Comunidad de San Juan de Dios perdieron para esta tierra a siete hermanos, pero todos los ganamos como intercesores en el cielo. En cada uno de ellos cumplió Jesús y seguirá cumpliendo, aquella promesa tan famosa: "Si alguno se declara a mi favor ante la gente de esta tierra, yo me declararé a su favor ante los ángeles del cielo".
Estos son los primeros siete beatos colombianos. Los beatificó el Papa Juan Pablo II en 1992. Y ojalá sean ellos los primeros de una larguísima e interminable serie de amigos de Cristo que lo aclamen con su vida, sus palabras y sus buenas obras en este mundo y vayan a hacerle compañía para siempre en el cielo.
 

miércoles, 9 de abril de 2014

¿Por qué los adultos se acercan más a la Iglesia? Seis razones

Lo primero que puedo decir es que la clasificación de las personas por su edad me parece inadecuada, ya que la edad no es más que un accidente dentro de lo que somos y la dignidad que Dios nos ha dado. Pero es cierto que en el flujo en entradas y salidas de la Iglesia, los jóvenes tienden a salir y los mayores a entrar. Pero hay que matizar.
No es totalmente cierto que los jóvenes dejen la Iglesia ya que la mayoría nunca han estado totalmente integrados. Los padres podemos bautizarlos, apoyarlos, formarlos e intentar que encuentren su sitio dentro de la comunidad, pero el sí es cosa de nuestros hijos y el Señor. De siempre, muchos jóvenes que deciden ver qué hay más allá de las puertas de la parroquia y sienten ganas de romper los lazos que les atan con algo que no han elegido por sí mismos. La simple curiosidad de vivir con una aparente libertad, atrae con fuerza. Recordemos que el Hijo Prodigo volvió transformado por su experiencia de la libertad.
Aunque nos alejemos, siempre existe un momento en que nos planteamos volver. Unas veces es el momento en que nos convertimos de repente en padres. Ese cambio de estatus produce consecuencias maravillosas, ya que empezamos a ver la vida desde un nuevo punto de vista. Ningún joven será capaz de ver la vida de forma similar a la que tendrá cuando sea padre. Hoy en día ocurren dos situaciones que distorsionan este momento de forma considerable. La primera es el hecho de casarnos más allá de los 30 años y empezar a tener hijos sobre los 35 años. El segundo es el artificial alargamiento de la adolescencia debido a los modelos sociales que aceptamos como ideales.
Otro momento de retorno se da cuando perdemos a nuestros padres. En ese momento sentimos que cambia toda nuestra perspectiva vital y buscamos reencontrarnos con esa solidez que admirábamos en ellos. Pero existen casos en que la vuelta se da por fracasos materiales o laborales, por problemas emocionales, por el tremendo vacío que sentimos en nosotros mismos.
Me voy a aventurar a sugerir seis razones por las que los adultos vuelven a la Iglesia, aunque tengo claro que hay tantas razones  como personas:
•Porque nos damos cuenta que nuestras fuerzas no lo pueden conseguir todo.
•Porque nos damos cuenta que necesitamos de una comunidad donde vivir la trascendencia. Los amigos, asociaciones y grupos varios son entornos estupendos para divertirse, emprender proyectos o simplemente pasar el rato. Pero, en el fondo la necesidad de unirnos de forma profunda a una comunidad late con más fuerza según nos hacemos mayores.
•Porque hemos perdido el miedo al “qué dirán”. Una vez nos damos cuenta que las apariencias son engaños más o menos bonitos, buscamos algo sólido en donde las apariencias dejen de tener relevancia. En una comunidad cristiana de verdad, todo lo aparente queda en la puerta y podemos sentimos nosotros mismos. Somos aceptamos tal como somos y apreciados como hijos de Dios.
•Porque entendemos que Dios nos ama y espera a que volvamos. Se vive en carne real la parábola del hijo pródigo, porque todos somos hijos pródigos en mayor o menor medida.
•Porque podemos haber crecido en muchos aspectos de la vida: familia, trabajo, estudios, amigos, etc, pero sentimos que hemos aparcado el crecimiento espiritual y nos acucia la necesidad de atender a esa demanda interior.
•Por que la vida siempre tiene una proporción de sufrimiento y nadie mejor que la Iglesia puede ayudarnos a vivir, entender y aceptar nuestros límites humanos. Lo cierto es que también existen prejuicios que nos impiden que demos el primer paso para volver. Algunos de ellos son:

Ver a quienes estamos dentro como hipócritas que queremos aparentar una santidad que no tenemos.
Porque confundimos la acciones de quienes han pertenecido a la Iglesia con la propia Iglesia. Miramos sesgadamente a la Iglesia desde todos aquellos que la ha utilizado para sus fines egoístas y criminales.
Porque sentimos que seremos despreciados y minusvalorados si se sabe que somos miembros activos y comprometidos de la Iglesia.
Porque sentimos vergüenza y culpa y no queremos que nadie lo conozca.
La gran pregunta que nos podemos hacer es ¿Por qué nos cuesta tanto volver? Y la respuesta es doble: soberbia y vergüenza. Soberbia porque no queremos aceptar que nos equivocamos. Vergüenza, de evidenciar que somos igual de falibles y limitados que las demás personas. Cuando nos damos cuenta que ambas posturas son simples excusas que no hacen más que dañarnos, es cuando el primer paso está cerca. Sólo hay que darlo.

Lectura de la profecía de Daniel 3, 1. 4. 5b-6. 8. 12. 14-20. 24-25. 28




El rey Nabucodonosor hizo una estatua de oro, de treinta metros de alto y tres de ancho, y la erigió en la llanura de Dura, en la provincia de Babilonia. Y el heraldo proclamó con fuerza: «A todos ustedes, pueblos, naciones y lenguas, se les ordena lo siguiente:
Ustedes deberán postrarse y adorar la estatua de oro que ha erigido el rey Nabucodonosor. El que no se postre para adorarla será arrojado inmediatamente dentro de un horno de fuego ardiente».
En ese mismo momento, se acercaron unos Caldeos y acusaron a los Judíos. Dijeron al rey Nabucodonosor: «Hay unos Judíos, Sadrac, Mesac y Abed Negó, a quienes tú has encomendado la administración de la provincia de Babilonia. Esos hombres no te han hecho caso, rey; ellos no sirven a tus dioses, ni adoran la estatua de oro que tú has erigido».
Nabucodonosor tomó la palabra y dijo: «¿Es verdad, Sadrac, Mesac y Abed Negó, que ustedes no sirven a mis dioses y no adoran la estatua de oro que yo erigí? ¿Están dispuestos ahora, apenas oigan el sonido de la trompeta, el pífano, la cítara, la sambuca, el laúd, la cornamusa y de toda clase de instrumentos, a postrarse y adorar la estatua que yo hice? Porque si ustedes no la adoran, serán arrojados inmediatamente dentro de un horno de fuego ardiente. ¿Y qué dios podrá salvarlos de mi mano?»
Sadrac, Mesac y Abed Negó respondieron al rey Nabucodonosor, diciendo: «No tenemos necesidad de darte una respuesta acerca de este asunto. Nuestro Dios, a quien servimos, puede salvarnos del horno de fuego ardiente y nos librará de tus manos. Y aunque no lo haga, ten por sabido, rey, que nosotros no serviremos a tus dioses ni adoraremos la estatua de oro que tú has erigido».
Nabucodonosor se llenó de furor y la expresión de su rostro se alteró frente a Sadrac, Mesac y Abed Negó. El rey tomó la palabra y ordenó activar el horno siete veces más de lo habitual. Luego ordenó a los hombres más fuertes de su ejército que ataran a Sadrac, Mesac y Abed Negó, para arrojarlos en el horno de fuego ardiente.
El rey Nabucodonosor quedó estupefacto y se levantó rápidamente. Y tomando la palabra, dijo a sus cortesanos: «¿No eran tres los hombres que fueron atados y arrojados dentro del fuego?»
Ellos le respondieron, diciendo: «Así es, rey».
Él replicó: «Sin embargo, yo veo cuatro hombres que caminan libremente por el fuego sin sufrir ningún daño, y el aspecto del cuarto se asemeja a un hijo de los dioses».
Nabucodonosor tomó la palabra y dijo: «Bendito sea el Dios de Sadrac, Mesac y Abed Negó, porque ha enviado a su Ángel y ha salvado a sus servidores, que confiaron en Él y, quebrantando la orden del rey, entregaron su cuerpo antes que servir y adorar a cualquier otro dios que no fuera su Dios».

Palabra de Dios.


Reflexionamos juntos

 Hombres libres, alegre y valientemente libres, así se nos presentan los tres jóvenes que han elegido mantener una posición personal: rehúsan someterse a nadie, sino solo a Dios. Están dispuestos a morir. Han encontrado una razón de vivir, un sentido un absoluto, que es más importante que su propia vida. La muerte no los condiciona, no les da miedo, no empaña su libertad, no es capaz de doblegarlos. Señor concédeme, seguirte libremente, incluso contra la corriente. Señor, no confío en mi….creo y confío en ti…

P. Juan R. Celeiro 

SALMO RESPONSORIAL Dn 3, 52-56




R.    ¡A ti, gloria y honor eternamente!

Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres.
Bendito sea tu santo y glorioso Nombre.
Alabado y exaltado eternamente. R.


Bendito seas en el Templo de tu santa gloria.
Aclamado y glorificado eternamente
por encima de todo. R.


Bendito seas en el trono de tu reino.
Aclamado por encima de todo
y exaltado eternamente. R.


Bendito seas Tú, que sondeas los abismos
y te sientas sobre los querubines.
Alabado y exaltado eternamente por encima de todo. R.

Bendito seas en el firmamento del cielo.
Aclamado y glorificado eternamente
por encima de todo. R.

Buscar este blog