Lecturas del día

Lectura de la profecía de Amós
5, 14-15. 21-24

Busquen el bien y no el mal,
para que tengan vida,
y así el Señor, Dios de los ejércitos, estará con ustedes,
como ustedes dicen.
Aborrezcan el mal, amen el bien,
y hagan triunfar el derecho en la Puerta:
tal vez el Señor, Dios de los ejércitos,
tenga piedad del resto de José.
Yo aborrezco, desprecio sus fiestas,
y me repugnan sus asambleas.
Cuando ustedes me ofrecen holocaustos,
no me complazco en sus ofrendas
ni miro sus sacrificios de terneros cebados.
Aleja de mí el bullicio de tus cantos,
no quiero oír el sonido de tus arpas.
Que el derecho corra como el agua,
y la justicia como un torrente inagotable.

Palabra de Dios. 



Texto que invita a la conversión, al cambio de actitud. Amós es un profeta que sabe leer el corazón de su pueblo, de lo que le pasa, de lo que está viviendo y de cómo lo esta viviendo. Y sabe que lo que desea su pueblo y, él mismo, es que YHWH este en medio del pueblo, es decir, la presencia de Dios bendiciendo a Israel. Pero YHWH no está. No porque haya abandonado a su pueblo porque se haya ido a causa del mal que están cometiendo. YHWH, simplemente, no puede ser “visto”, no se puede palpar su presencia porque el mal les impide verlo. YHWH que es el Bien del pueblo, de cada uno de los judíos es cubierto, tapado, no visto… por los sacrificios vacíos, por los cantos sin la voz de la propia vida, la voz del corazón. YHWH sigue estando con su pueblo, pero su pueblo no reconoce su presencia. Es como quien está en un bosque cerrado… no es capaz de ver el cielo porque la oscuridad de la sombra lo impide, pero el cielo siempre está. Así es Dios… Como no le vemos, dejamos espacio a la duda, a la incredulidad (… el mayor pecado en la Biblia) pero Dios está. Siempre está al lado nuestro. Nunca nos abandona.



SALMO RESPONSORIAL                49, 7-13. 16b-17

R.    ¡El justo gozará de la salvación de Dios!

Escucha, pueblo mío,
Yo te hablo;
Israel, voy a alegar contra ti:
Yo soy el Señor, tu Dios. R.

No te acuso por tus sacrificios:
¡tus holocaustos están siempre en mi presencia!
Pero Yo no necesito los novillos de tu casa
ni los cabritos de tus corrales. R.

Porque son mías todas las fieras de la selva,
y también el ganado de las montañas más altas.
Yo conozco los pájaros de los montes
y tengo ante mí todos los animales del campo. R.

Si tuviera hambre, no te lo diría,
porque es mío el mundo y todo lo que hay en él.
¿Acaso vaya comer la carne de los toros
o a beber la sangre de los cabritos? R.

¿Cómo te atreves a pregonar mis mandamientos
y a mencionar mi alianza con tu boca,
tú, que aborreces toda enseñanza
y te despreocupas de mis palabras? R.



Evangelio de nuestro Señor Jesucristo
según san Mateo
8, 28-34



Cuando Jesús llegó a la otra orilla del lago, a la región de los gadarenos, fueron a su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros. Eran tan feroces, que nadie podía pasar por ese camino. Y comenzaron a gritar: «¿Qué quieres de nosotros, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí para atormentamos antes de tiempo?»
A cierta distancia había una gran piara de cerdos paciendo. Los demonios suplicaron a Jesús: «Si vas a expulsamos, envíanos a esa piara». Él les dijo: «Vayan». Ellos salieron y entraron en los cerdos: éstos se precipitaron al mar desde lo alto del acantilado, y se ahogaron.
Los cuidadores huyeron y fueron a la ciudad para llevar la noticia de todo lo que había sucedido con los endemoniados. Toda la ciudad salió al encuentro de Jesús y, al verlo, le rogaron que se fuera de su territorio.

Palabra del Señor.


¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida?

Jesús pone en el nivel más alto de importancia a las personas. Por eso, no duda en curar a aquellos endemoniados, aunque a cambio tenga que morir una piara de cerdos.
            “Gracias Señor por querernos y valorarnos tanto”

Sin embargo, para los habitantes de aquel pueblo, los cerdos eran más importantes que aquellos pobres desgraciados. Los cerdos están por encima de las personas; en el fondo, el dinero es superior a Dios y a su Reino.

En la vida hay momentos en los que ayudar a los demás es una gozada. Nadie sale perdiendo. Todos ganan. Pero en otras ocasiones, ayudar a los demás pasa por privarme de caprichos, perder dinero, dejar de ejercer mis derechos... Y entonces surge la duda ¿vale la pena o no? ¿la gente merece que me sacrifique? ¿no es mejor vivir la vida sin complicármela?
¿Qué te dice Dios? ¿Qué le dices?

Comentarios

Entradas populares de este blog