VIGESIMOCTAVA SEMANA MARTES
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 11, 37-41
Un fariseo invitó a Jesús a cenar a su casa. Jesús entró y se sentó a la mesa. El fariseo se extrañó de que no se lavara antes de comer.
Pero el Señor le dijo: «¡Así son ustedes, los fariseos! Purifican por fuera la copa y el plato, y por dentro están llenos de voracidad y perfidia. ¡Insensatos! El que hizo lo de afuera, ¿no hizo también lo de adentro? Den más bien como limosna lo que tienen y todo será puro».
Palabra del Señor.
Jesús nos invita a mirar más allá de las apariencias. No alcanza con cuidar lo que mostramos por fuera si nuestro corazón está lleno de egoísmo, orgullo o indiferencia.
Podemos cumplir normas, participar de la Misa y hacer muchas cosas buenas, pero Jesús nos pregunta cómo estamos por dentro: ¿sabemos amar, perdonar, compartir y ayudar a quienes nos necesitan?
La verdadera pureza nace de un corazón sincero, dispuesto a dejarse transformar por Dios. Por eso, Jesús nos invita a compartir con generosidad, a mirar al prójimo con misericordia y a ofrecer no solo cosas materiales, sino también nuestro tiempo, nuestra escucha y nuestro cariño.
La fe verdadera se nota en el amor que damos. No se trata de aparentar ser buenos, sino de permitir que Jesús transforme nuestro corazón para que nuestras acciones reflejen su amor.
🌿 Para llevar a la vida
Hoy podemos preguntarnos:
¿Me preocupo más por las apariencias que por mis actitudes?
¿Soy generoso con quienes necesitan de mí?
¿Mis palabras y acciones reflejan el amor de Jesús?
Oración: Jesús, limpia mi corazón de todo egoísmo y enséñame a amar con sinceridad, a compartir con alegría y a reconocer tu presencia en cada persona. Amén.

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