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Lecturas de hoy / 4º Semana de Adviento

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  Lectura del primer libro de Samuel 1, 19b-20. 24-28   Elcaná se unió a su esposa Ana, y el Señor se acordó de ella. Ana concibió, y a su debido tiempo dio a luz un hijo, al que puso el nombre de Samuel, diciendo: «Se lo he pedido al Señor». Cuando el niño dejó de mamar, lo subió con ella, llevando además un novillo de tres años, una medida de harina y un odre de vino, y lo condujo a la Casa del Señor en Silo. El niño era aún muy pequeño. Y después de inmolar el novillo, se lo llevaron a Elí. Ella dijo: «Perdón, señor mío; ¡por tu vida, señor!, yo soy aquella mujer que estuvo aquí junto a ti, para orar al Señor. Era este niño lo que yo suplicaba al Señor, y Él me concedió lo que le pedía. Ahora yo, a mi vez, se lo cedo a Él: para toda su vida queda cedido al Señor». Después se postraron delante del Señor.   Palabra de Dios. Ana, que tan insistentemente había pedido un hijo, acompaña ahora su acción de gracias con un don y –fiel a la promesa hecha al Señor– vuelve al temp...

¿Qué sentiste, María?

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Con pocas palabras, pero en Ti María, habitó por el anuncio de un Ángel el Misterio de un Dios humanado. ¿Qué sentiste, Virgen María ante la llegada del mensajero?   ¿Creíste, acaso, que ese personaje celestial se equivocó de puerta?   ¿Pensaste que, uno de tus vecinos, venía para probar tu fe o tu ingenuidad?   ¿Qué sentiste María, dinos Tú que miraste al cielo, ante la llegada del famoso mensajero?   Tal vez, como humilde nazarena, sentiste que Dios habla en el silencio. Que Dios se hace grande en el que le recibe manifestándose esclavo, humilde… y pequeño.   Tal vez, como mujer de Dios, mirando por la ventana de tu pobre casa de Nazaret soñaste  que, simplemente, era una estrella que de repente cayó desde el mismo cielo.   O, tal vez, María, en el secreto escondido desde hace siglos, supiste que, contigo, la partitura comenzaba a escucharse, que el plan comenzaba a llevarse a cabo, que, Dios, en una más de las suyas, irrumpía ahora sin ruido, en sil...

Lecturas de hoy / 4º Semana de Adviento

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Lectura del Cantar de los Cantares 2, 8-14   ¡La voz de mi amado! Ahí viene, saltando por las montañas, brincando por las colinas. Mi amado es como una gacela, como un ciervo joven.   Ahí está: se detiene detrás de nuestro muro; mira por la ventana, espía por el enrejado.   Habla mi amado, y me dice: «¡Levántate, amada mía, y ven, hermosa mía! Porque ya pasó el invierno, cesaron y se fueron las lluvias. Aparecieron las flores sobre la tierra, llegó el tiempo de las canciones, y se oye en nuestra tierra el arrullo de la tórtola. La higuera dio sus primeros frutos, y las viñas en flor exhalan su perfume. ¡Levántate, amada mía, y ven, hermosa mía!   Paloma mía, que anidas en las grietas de las rocas, en lugares escarpados, muéstrame tu rostro, déjame oír tu voz; porque tu voz es suave y es hermoso tu semblante».   Palabra de Dios. Esta profecía, es misteriosa, exalta la superioridad de Judá sobre sus hermanos por su fuerza real, similar a la de un león. Y por el «c...