Lectura de la carta de san Judas 17. 20b-25



Queridos hermanos:
Acuérdense de lo que predijeron los Apóstoles de nuestro Señor Jesucristo.
Edifíquense a sí mismos sobre el fundamento de su fe santísima, orando en el Espíritu Santo. Manténgase en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para la Vida eterna.
Traten de convencer a los que tienen dudas, y sálvenlos liberándolos del fuego. En cuanto a los demás, tengan piedad de ellos, pero con cuidado, aborreciendo hasta la túnica contaminada por su cuerpo.
A aquél que puede preservarlos de toda caída y hacerlos comparecer sin mancha y con alegría en la presencia de su Gloria, al único Dios que es nuestro Salvador, por medio de Jesucristo nuestro Señor, sea la gloria, el honor, la fuerza y el poder, desde antes de todos los tiempos, ahora y para siempre. Amén.

Palabra de Dios.


Nos encontramos con uno de los escritos más cortos de la Escritura: Judas nos hace una exhortación para mantenernos firmes en la fe deseando la misericordia y la paz abundante a los elegidos que viven en el amor de Dios Padre y han sido preservados por Jesucristo. Tenemos una llamada a la santidad de vida y a la búsqueda constante de aquellos que, por cualquier motivo, se extravían del camino de la salvación. Sabemos que la santidad se cultiva, crece y da frutos en nuestra vida y en la vida de otros solo desde una oración profunda y la docilidad al Espíritu Santo, del cual todavía resuena en nuestro corazón la liturgia de la fiesta de Pentecostés. El Espíritu Santo es el que nos abre horizontes, unifica todo pluralismo en la diversidad de sus dones. El saber compadecernos de aquellos que vacilan, dudan, pero a la vez actuar con rigor para no caer en compromisos con los que se muestran obstinados en su terquedad.


P. Juan R. Celeiro

Comentarios

Entradas populares de este blog