Orando con la Palabra / Martes 13 de Enero

  



Evangelio según san Marcos 1, 21b-28

En la ciudad de Cafarnaún, el sábado entró Jesús en la sinagoga a enseñar; estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad y no como los escribas. Había precisamente en su sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo y se puso a gritar: “¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios”. Jesús lo increpó: “¡Cállate y sal de él!”. El espíritu inmundo lo retorció violentamente y, dando un grito muy fuerte, salió de él. Todos se preguntaron estupefactos: “¿Qué es esto? Una enseñanza nueva expuesta con autoridad. Incluso manda a los espíritus inmundos y lo obedecen”. Su fama se extendió enseguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea

Palabra del Señor.


1. Una enseñanza que transforma

Jesús entra en la sinagoga y enseña, pero lo hace de forma distinta a los escribas. Su autoridad no viene de repetir leyes, sino de su propia esencia.

  • La lección: La palabra de Jesús no es teoría, es vida. Él no solo habla de Dios, Él manifiesta a Dios. Su enseñanza tiene el poder de cambiar el corazón de quien la escucha.

2. El poder que libera

La presencia de Jesús incomoda al "espíritu inmundo". El mal reconoce a Jesús como el "Santo de Dios" y se siente amenazado.

  • La reflexión: Jesús no viene a dialogar con el mal, viene a expulsarlo. Este pasaje nos recuerda que no hay cadena, vicio o miedo que sea más fuerte que la palabra de Cristo. Él tiene el poder de devolvernos la libertad y la paz.

3. La Palabra que actúa

Jesús simplemente dice: "¡Cállate y sal de él!". No necesita rituales complejos. Su palabra es eficaz: lo que dice, sucede.

  • El llamado: A menudo estamos rodeados de "ruido" (ansiedad, culpas, voces negativas). Jesús nos invita a dejar que su autoridad ponga orden en nuestro caos interior.


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