martes, 8 de mayo de 2018

Lectura del libro de Isaías 35, 1-6a .10



¡Regocíjense el desierto y la tierra reseca,
alégrese y florezca la estepa!
¡Sí, florezca como el narciso,
que se alegre y prorrumpa en cantos de júbilo!
Le ha sido dada la gloria del Líbano,
el esplendor del Carmelo y del Sarón.
Ellos verán la gloria del Señor,
el esplendor de nuestro Dios.

Fortalezcan los brazos débiles,
robustezcan las rodillas vacilantes;
digan a los que están desalentados:
«¡Sean fuertes, no teman:
ahí está su Dios!
Llega la venganza, la represalia de Dios:
Él mismo viene a salvarlos».

Entonces se abrirán los ojos de los ciegos
y se destaparán los oídos de los sordos;
entonces el tullido saltará como un ciervo
y la lengua de los mudos gritará de júbilo.
Volverán los rescatados por el Señor,
y entrarán en Sión con gritos de júbilo,
coronados de una alegría perpetua:
los acompañarán el gozo y la alegría,
la tristeza y l.os gemidos se alejarán.

Palabra de Dios.


Lo importante no es el recorrido, sino el entusiasmo para hacerlo. Las imágenes usadas por el profeta hacen que la tierra lejana se haga promesa cercana, ya que el camino en sí mismo es un anticipo de la promesa, pues el desierto a ser atravesado se transforma en un vergel espléndidamente florido. Más aun, todo se transfigura y renueva, no sólo el páramo salvaje florece, sino que los desanimados se animan llenándose de vigor y de valor; los cuerpos enfermos, disminuidos y apocados recuperan toda su fuerza y toda su lozanía.  El camino se convierte en “vía santa”, y el paso cansino se transfigura en procesión alegre y esperanzada. Son imágenes evocadoras que intentan despertar la emotividad noble y profunda, la imaginación y el deseo. Un sentimiento en particular es el que prevalece sobre los demás: la ALEGRÍA, el GOZO, evocados en toda su riqueza y variedad de matices.  Esto ha sucedido cuando en nuestra pampa, una humilde imagen de la Virgen quiso quedarse, para ser presencia materna de Dios que fortalece al débil, robustece al vacilante y da ánimo al desalentado.


P. Juan R. Celeiro


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