Lecturas del día

Lectura de la segunda carta del Apóstol san Pablo
a Timoteo
2, 8-15

Querido hijo:
Acuérdate de Jesucristo, que resucitó de entre los muertos y es descendiente de David. Ésta es la Buena Noticia que yo predico, por la cual sufro y estoy encadenado como un malhechor. Pero la Palabra de Dios no está encadenada. Por eso soporto estas pruebas por amor a los elegidos, a fin de que ellos también alcancen la salvación que está en Cristo Jesús y participen de la gloria eterna.
Esta doctrina es digna de fe:
Si hemos muerto con Él, viviremos con Él.
Si somos constantes, reinaremos con Él.
Si renegamos de Él, Él también renegará de nosotros.
Si somos infieles, El es fiel,
porque no puede renegar de sí mismo.

No dejes de enseñar estas cosas, ni de exhortar delante de Dios a que se eviten las discusiones inútiles, que sólo sirven para perdición de quienes las escuchan. Esfuérzate en ser digno de la aprobación de Dios, presentándote ante Él como un obrero que no tiene de qué avergonzarse y como un fiel dispensador de la Palabra de verdad.

Palabra de Dios.


Inicio de una de las cartas que Pablo le escribe a Timoteo animándole a seguir adelante, a seguir profundizando en la fe en Jesucristo. Timoteo no sólo cuenta con las palabras de ánimo de Pablo, sino que también cuenta con la oración de Pablo. Por lo que le escribe, Timoteo es un hombre que se encuentra pasando dificultades en cuanto a su ser cristiano: el desánimo, el abatimiento, el miedo podrían ser los problemas por los que está atravesando. Pablo le da ánimos haciéndole memoria de aquello que ha recibido: el Espíritu Santo. El Espíritu Santo, el Espíritu de Jesús, tiene también unas consecuencias prácticas, morales, en nuestra vida: fuerza, amor y buen juicio.


P. Juan R. Celeiro

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